lunes, 13 de diciembre de 2010

13

"Parece que ya te vas. Hace ya algún tiempo que eso quedó más o menos claro, pero la mirada que tienes hoy no deja lugar a dudas de que te marchas y, a pesar de que he intentado hacerme a la idea (o incluso con ese pensamiento ya aceptado) no puedo evitar lo que sucede. Te irás, quizá esta noche o puede que mañana, y dejarás de hablar con esa mirada tan grande, tan abierta, tan interesada, tan sincera e indiscreta y quedará sólo un lugar vacío en el que estabas siempre y únicamente tú. Ahora son demasiados los recuerdos y las sensaciones de toda una vida para poder expresarlo de forma coherente; me quedo con esas imágenes para hacerlas aún más mías y ahondar en la tristeza hasta que de ella no quede más que satisfacción por todo lo compartido y alegría.

Con todo, sin nada que decir y con el vacío que dejas: adiós, te echaré mucho de menos. "

sábado, 11 de diciembre de 2010

SIN QUERER ESCRIBIR

"Quizá hoy escriba porque me lo hayas sugerido tú; puede que solamente sea por dejar que todos esos demonios recurrentes huelan aire limpio y se renueven. El caso es que, sin querer, me encuentro ante un papel en blanco sin ganas de ser nadie. Y esto, por muy etéreo que pueda parecer, tiene toda la razón del mundo. Cuando uno es solamente testigo del mundo alrededor y no es capaz de intervenr, cuando no se es nadie sino parte de una maraña de personalidades diferentes entrelazadas en un "soy" común, que poco tiene que ver con uno mismo, sea entonces cuando las palabas se abran camino lentamente hacia mí. Que lo escriba, dices, pero lo que puedo escribir no es del gusto de cualquiera. Quizá ni siquiera del mío. Pero lo hecho, hecho está. Quieres que escriba, pues te escribo. 

Lo que me viene al caberza no son palabras nuevas o frases nunca dichas, no: lo que pienso ahora mismo no es otra cosa que un amasijo de sentimientos que me cansé de repetir. Por explícitos en su momento (por inadecuados ahora), han quedado todos atrás en un recuerdo que el tiempo no ha sabido enterrar. Y me esfuerzo una y otra vez por dejar el pasado en su sitio pero, como si tuviese voluntad propia, resurge de entre las cenizas de mi corazón. Como no podría ser de otra forma, el resultado es un yo quemado e insatisfecho, disconforme ante la realidad de esta noche. Disconforme con tu abrazo a quien sea, con el roce de no se sabe quién; disconforme con mis ideas y, quizá, con mi vida desde entonces también.

La primera vez que nos miramos acabé por ser ya reincidente y aún faltaba la segunda, años después. Para aquella: solamente una mirada y otra vez perdido en una triste red. Triste por efímera, por salvaje, por inexistente e imaginada; triste por el valor que tuve en decirlo y por aceptar que mi idea fuese rechazada. Triste siguió la tercera; triste de no saber ya qué hacer. Después perdí la cuenta y decidí que el olvido convenía; ya no te volvería a ver, al menos en la forma acostumbrada, sino como alguien, sin importar quién es quién. 

Desde entonces el olvido ha quemado. He visto como te hundías y volvías a nacer en una realidad que ni por artificios pudiste dejar (y lo mal que lo pasé al teléfono aquella noche, que no se borra de mi memoria) y me duele y me quema la razón de que no seas quien puedes ser. Si te aprendí a ver con una sonrisa y un brillo especial tanto en tus ojos como en tus palabras, hoy no te reconozco. Y la rabia vuelve a aparecer por ser quien es quiente lo impide, sea quien fuere quien pudiese ser: ni te merece ni mereces lo recibido. Pero no soy quién para decir.

Todas las sensaciones, los sentimientos, las ideas persistentes son producto esta noche del alcohol que llevo en el cuerpo, pero no por eso deja todo de ser tan real. Que no sepa lo que me pasa por dentro... Ojalá lo tuviese todo claro y te pudiese volver a repetir lo de años atrás, que intuyo que sigue siendo cierto aunque no me quiero dar cuenta. Ojalá fuese quien no soy para arrancarte de esa monotonía insana, para llevarte a sitios con los ojos vendados, para sorprenderte con lo inusual de cada día, para mirarte y no tener que hacer más. 

 Esta noche te veo en la distancia de unos centímetros, rodeada de imágenes de mí mismo, de quien yo querría ser y es cuando la rabia aparece en escena, sedienta de verme ensombrecer. Y lo hago y no rechisto proque más que ella no puedo saber; ahora tú no eres nadie o, por lo menos, en eso espero que puedas quedar. No quiero volver a los pensamientos de siempre, pero creo que no me queda otra opción. Durante mucho tiempo me discutí todo lo que no tiene objeción alguna y, con el paso de los meses, de algún año, he llegado a aprender que no hay nadie ni nada que se escape de uno mismo, con todo lo que eso conlleva. En mi caso... quizá esta noche escriba porque me lo has dicho tú."



domingo, 14 de noviembre de 2010

FELICIDADES

Hoy es el día y los recuerdos vuelan hasta mí. Ni la nada que ha rondado mi meoria ha conseguido tragar tanta imagen repetida y tanto sentimiento. No me acercaré a ti desde ningún lugar porque el olvido pareció la solución más conveniente. No me acercaré a ti aunque mis pensamientos, vagos e incoherentes, no atinan a abandonar un fragmento de vida pasado. Me vienen tantas imágenes a la memoria... y en ninguna de ellas acabas sonriendo. Quizá fue un mal tiempo para todos, tanto para tí como para mí pero, a pesar de las horas, los días, los años y el silencio, sigo llevando dentro ese pedazo que nunca me sacaré, ese recuerdo que nunca se alejará de ti. 

Ha pasado mucho y tú aún más, pero espero que todos los años que quedan por venir haya gente que te repita que se alegra de tenerte un año más en su vida. Espero también que, a pesar de todo y de la nada que ha quedado, puedas algún día, si no hoy, tener el más feliz de tus cumpleaños.

MANTIS

Hoy, he tenido la suerte de encontrarme con una mantis por el campo. Y digo suerte porque, a pesar de que suelo buscar insectos para fotografiar porque me parecen muy interesantes, cuando salgo al campo a hacer fotos siempre me siento un rato antes de coger la cámara en cualquier lugar aleatorio a ver lo que hay alrededor. Esta costumbre hace que algunos días no encuentre nada que capte mi atención; sin embargo, hay tantísimos animales vivos (y plantas, que no me olvido) que es difícil ir al campo y no dar con algo digno de una foto. Así que, hoy: monográfico de mantis:

Esta foto del final es para que se vea el tamaño del insecto. No suelo hacer estas fotos de referencia, pero este bicho era grandecito, así que... para que se vea bien el tamaño.

domingo, 31 de octubre de 2010

MUNDO PEQUEÑO

Buscando estas fotos para publicarlas aquí, me he vuelto a fijar en que tengo un montón de arañas. A pesar del repelús (que, de tanto observarlas con la cámara, está desapareciendo), hay tantísimas por esta zona que no puedo evitar tomarlas como modelos involuntarios. Es más, quien se acerque por el parque de los patos en la Universidad de Alicante, que mire dónde se sienta; ahí he encontrado unas cuantas de mis arañas, y además de las más grandes.

Pero no soy maniático, así que también me interesa entrometerme un poco en la vida privada de un par de moscas que estaban a lo suyo con mucha dedicación (y se encontraron con un extraño "voyeur" miles de veces más grande que ellas) o unas larvas de mosquito, bicho al que tengo odio declarado. Me gustan los insectos, pero no los que me pican por su modus vivendi (que ni las arañas hacen eso).

Así que, bueno, algunas fotos de un pequeño mundo que nos rodea más de lo que a algunos les gustaría:





viernes, 22 de octubre de 2010

domingo, 10 de octubre de 2010

AGUANTANDO EL SUEÑO

"Intento pensar historias fantásticas que me iluminen la habitación esta noche. Se me ocurren y fugaces las veo huir despavoridas, escondidas tras un mar de confusión. Se esfuman al momento, dejándome apreciar la belleza de lo efímero de su existencia. Pero sólo dejan el recuerdo de su esencia.

Las ideas vuelan y van a parar a una rama más baja —pensamientos más abajo—, ya casi a ras de suelo. Desde ella veo, casi tumbado, unas líneas frente a mí que me hipnotizan y mantienen en vilo. Me aguanto el sueño. Pliego las alas, no sea que levante viento y se me escapen de las manos tantas razones y tanto... Ni pío, que no quiero estropear el cuadro y que deje de ser eterno."

jueves, 7 de octubre de 2010

UN CIELO MÁS

Cuando empecé a hacer fotos, un amigo me dijo que hiciera "cielos" porque los podíamos necesitar para un corto que estábamos haciendo (y estamos, que lo acabaremos algún día, ¿no, Toni?). Hasta entonces no me había dado cuenta de los colores que se pueden ver en el cielo y las veces que puede llegar a ser espectacular. A esta foto le faltan algunas cosas para es adjetivo, pero es una muestra de lo que quiero decir. Hay que mirar más hacia arriba...


Esta foto está tomada cerca de La Borinquen, en San Vicente, el lunes a las ocho de la tarde. Lo bueno de fotografiar cielos es que se puede hacer en cualquier parte.

sábado, 2 de octubre de 2010

BREVE INSTANTE DE UN SECRETO

Quizá los años me acompañen hoy al hablar. Quizá, perdido en mi pensamiento y en tu figura, el tiempo no avance ni destiña imágenes al pasar. Quizá, por haberme visto tantas veces en una situación idéntica, ya nada sea nuevo o distinto. Quizá, al haber conocido de cerca tu respiración, nunca vuelva a oler el aire igual. Quizá, al pensar en que te tengo, sea consciente del muro que se alza entre los dos. Quizá, cuando caiga el sol, la noche me dirá dónde buscar. Quizá, por coincidencia, sigues esta noche sentada frente a mí. Pero solamente quizá.

Los años me dan una razón equívoca, ambigua y de recelar de todas estas ideas que, por el paso ineludible de un segundo tras otro, acrecentan mis recuerdos de ti. Por más que me encuentre sujeto a esta obligación tan placentera, nunca dejaré de sorprenderme al levantar la vista y ver la tuya, al respirar un aire fresco y nuevo cada noche de éstas. Cuantas más vueltas le doy a que si no es contigo, no será con nadie, más fuerzas cobra el ímpetu por destrozar fragmento a fragmento esta idea estúpida de imposibilidad que me frena; y, si resiste, me crezco y me supero. Cuando no haya luz para ver el camino que deba seguir, quedará la que siempre me ha deslumbrado y no necesitaré ni camino ni tan siquiera indicaciones. Si te tengo frente a frente, sin apenas respirar, es porque tanto el tiempo como el destino (menos forzoso que forjado) me seguirán dando la razón para no parar.  

Todo contestado.




Ahora mismo, mi único pensamiento está en ti. Ni por fuera, ni siquiera por dentro: es un todo que me atenaza. Esclavo de tal sentimiento, me armo de ira y me desprendo de todo aquello que me ha rodeado muerto e indeciso, escondido por rincones hasta que la luz conveniente brillara en el horizonte, hasta que las sensaciones equivocadas se incubaran en mí. Pero todo está limpio ahora. Durante un breve instante —que para mí durará la eternidad— soy quien nunca he sido y quien nunca ha hablado. De ahora en adelante, sólo me rodeo del futuro mismo y lo contemplo. Elijo una posibilidad que llena mi espacio y, sin casualidades que valgan, en ella estás tú.

Destrozo el estupor y abro los ojos a mirarte de nuevo y ahí estás: tan quieta, tan brillante, tan cerca. Que las ideas vuelen y que no vuelvan si no quieren, que en este momento no me hace falta nada que la cabeza me pueda brindar. Y, si es por brindar, a la nada: acecha mis pasos, pero que no me alcanza. Todo lo que me basta está aquí dentro, escondido en algún lugar de todo éso que parecen restos, pero que son reliquias sagradas que siempre querré conservar. 

Y así, con el interior tan lleno y los ojos tan fijados ti, mis labios se empiezan a mover. Describen formas de palabras que, por secretas, no puedo pronunciar. Todas las frases eternas que he podido hilar, los pensamientos más hondos, más oscuros, más brillantes, más amargos, más hermosos se mezclan en el leve abrir y cerrar de mi boca. Cada movimiento describe una forma de tu cuerpo; cada soplo desapercibido que sale colorea el recuerdo del tacto de la piel. De los hombros, del cuello, del vientre, de las manos..., de cualquier parte mientras sea tu piel. Dicho y hecho: el instante ha caducado. 

La realidad regresa aplastante y no tengo en qué pensar. Ante mí: otra vez tus ojos, el agua, las piedras, las luces, los barcos... todo en su lugar. No he dicho nada, ¿verdad? Eso espero porque quiero guardarme el secreto y que no lo conozca nadie. 

viernes, 24 de septiembre de 2010

GESTOS

"En el momento preciso, sin saber por qué miraba en esa misma dirección, los gestos de ella cuadraron perfectamente con la persona que tenía a su lado. Que se acercara levemente hacia él, que lo tocara... no podía ser casual. De repente, sin atisbo de que nada parecido fuese a suceder, me encontré sumergido en una corriente de pensamientos que deambualaban entorno al lenguaje que en ese momento podía ver. Como si el aire no existiera, el cuerpo de ella se ladeaba con decisión hacia el espacio que ocupaba él. Al encontrarse, un leve gesto y acurrucada a su lado. Nada de esto sucedió (eso me dijeron), pero yo lo vi claro.

Me quedé pensando en lo que nunca se dice, en las palabras mudas que nadie que no sienta o mire puede entender. De un lado: la indiferencia; del otro: el no saber qué más hacer. Sin mover los labios para nada, los ojos, la mirada, se desviaron hacia el único punto de interés: él. Simple gesto de los ojos al mirar, un leve amago de párpados caer. Y entre tanto, meditado en el comienzo de un segundo, en el suspiro inabarcable que no se puede acabar, los gestos se sintonizan con el sentir y, poco a poco o mucho a mucho, las intenciones supuraron y destilaron por la piel. No se dice ni se susurra siquiera, pero la razón no obedecía a lo que ella quería en ese momento. "Pero, ¿qué haces?" o un simple "no eres quién" se entrelazan emboscados en un hilar de pensamientos que, cuanto menos, siempre le resultó cruel. 

Y aún así, con el discurrir del breve segundo durante el cual contemplé su cara, las ilusiones se dibujaron una tras otra en sus pupilas, adornadas de los cientos de colores, de la infinitas emociones que la acompañarían si al acercarse ella también lo hiciera él. No importó que en un segundo todas sus esperanzas quedasen vertidas en su copa de cerveza, ahogadas impotentes en una realidad dorada inventada mucho antes, porque ella tenía esperanza y eso ya era suficiente. "Si mañana no me esperas, yo no cambio de lugar". Y a la mañana siguiente, ya se verá.

Pasado el segundo de ese instante, el gesto cambió y la mirada que atisbaba con recelo el movimiento de su compañía se dirigió sin remedio hacia abajo. Dos mechones de su pelo cubrieron los ojos que intentaban acercarse a la realidad deseada y la escena se oscureció. Como si con sus esperanzas no cumplidas brotasen amasijos de recuerdos, la única dirección de todo el color de sus ojos fue el suelo. Y de ahí, aunque por un instante muy fugaz, recomposición y vuelta a empezar. Si era por cansarse, ella no pensaba ser quien.

Al volver a alzar la vista, en el último suspiro de aquel segundo revelador, nuevas esperanzas falsas, aderezadas para seguir el lance y llegar hasta el final, sin importar lo que hubiese que hacer. La sonrisas dibujaron de nuevo sus labios, aunque tocadas y sin saber bien por qué; pero alzadas nuevamente y a mirarle a los ojos. La música impaciente y cadenciosa acompañó el sentimiento que escapaba; no hubo lágrimas, no hubo nada, pero algo dejó de ser.

Sentado al otro lado de la barra, sin hablar con nadie y sin tener qué decir, contemplé la escena como la cámara de un director de cine, desentramándola para un espectador imaginario y real al mismo tiempo que fui yo mismo. Comprendí que en el aire quedaron más mensajes de los que pude escuchar, más sentimientos de los que capté y muchas más historias que no me pude inventar. Pero de lo que estoy convencido es de que, al final, vi algo brillar en los ojos de ella que ni por asomo intuyó él. Y así, meditando en el silencio de la música que acompañaba, acabé la cerveza que me quedaba y me fui de allí, habiendo comprendido que no todo se dice ni se muestra, que siempre es más lo que queda por decir." 

lunes, 20 de septiembre de 2010

CIELOS

Hoy, un par de fotos del cielo de ayer por la tarde:

miércoles, 15 de septiembre de 2010

MÁS BICHOS

Entre las fotos de libélulas que puse el otro día me faltaron en realidad un par que no pude hacer. Hoy, que he vuelto a estar en la universidad por la mañana para hacer trámites y papeleos varios, me he escapado momentáneamente a ver si conseguía las que se me quedaron en el tintero; me he llevado una sorpresa cuando me he vuelto a encontrar a dos libélulas en pleno frenesí (aunque, bien mirado, ¿una le pone el culo a la otra en la cabeza?) y otra azul que me parece que es de otra clase. Me falta biología, jeje.


También, y como muestra de lo bonito que es el mundo, un arañón (araña tigre, y puede que concretamente A. bruennichi, pero esto ya no lo tengo claro) con el que casi me doy de bruces detrás de las dichosas libélulas. Susto no, pero me ha dado un asquito y una impresión...



Y un saltamontes melancólico que solamente saltaba bancos de madera:


martes, 14 de septiembre de 2010

PATOS

Hoy tocan unos patos.

 

lunes, 13 de septiembre de 2010

PORQUE SÍ

Supongo que mis temas van a rachas o a temporadas...

Porque te quiero hablar y no sé qué decir;
porque el tiempo cambia e inunda el cielo;
porque me ciega el sol mi único pensamiento:
Porque hoy me siento solo sin ti.
Porque en el aire no encuentro alimento;
porque no recupero mis ilusiones
por haberlas gastado entre una vez y otra;
porque gasté mis sentimientos en imaginaciones.
Porque a veces no sé estar si estoy sin nadie y
porque contigo soy yo quién me lo impide...
Porque ni nada, ni nadie, ni nunca y
porque nunca es nunca y nada es nada:
porque, para ti, yo no soy nadie.

UN MOMENTO

"Cuando intento describir el momento, sólo encuentro el silencio. Ningún sonido puede describir los millones de colores que impregnan el aire; ninguna palabra, por mucho que rebuscase, podría dar fe de lo que ocurre ante mis ojos. 

Como si el tiempo simpatizase con el silencio, los movimientos se vuelven más lentos para dejarme observar cada detalle, cada fragmento de una imagen única. En lenta progresión, como notas de una canción cadenciosa, los gestos se suceden sin prisa, con la calma de un destino cierto. En apenas el comienzo de un segundo, tu figura queda recortada frente a la oscuridad de un fondo borroso. Nada importa nada. Ni memoria, ni desconocido: sólo aquí y ahora. Y el lento suceder de las cosas...

Cada palabra cuesta un mundo y al final opto por solamente mirar. Mientras lo hago, pendiente aun sin quererlo de cada detalle, de cada gesto, me descubro sumido en un mundo nuevo. No lo pienso y me acomodo. Cojo el vaso y quedo atento a todo lo que te pueda escuchar. Hoy, como ya ocurriese antes, no hay nadie más cerca. Una sola mirada de la que llega tanta luz. Ningún sonido que se mezcle con tus palabras. El tacto de tus manos en la distancia.

Y el segundo pasa volando y otra vez me toca empezar."

domingo, 12 de septiembre de 2010

FOTOS: LIBÉLULAS

Más fotos; esta vez, de unas libélulas. Las veces que he fotografiado libélulas, me ha parecido muy curioso que me sigan con la mirada: cada vez que me muevo, el bicho gira la cabeza hacia donde estoy y se queda esperando. Con las mantis pasa lo mismo. Igual es que simplemente tiene los ojos más grandes que otros insectos...


domingo, 5 de septiembre de 2010

FILTRANDO LUZ

Hoy he estado probando un filtro de la cámara que hace que los puntos de luz se "separen" en cuatro rayos. Es curioso porque el cristal de este filtro está surcado por una malla formada por líneas verticales y horizontales, formando una cuadrícula. Es muy curioso y, para algunos casos, puede resultar muy, muy útil. Pues bueno, una foto como muestra del efecto:


jueves, 2 de septiembre de 2010

EL CIELO DE SEPTIEMBRE

Ayer leía sobre el cielo de septiembre... y hoy he visto esto y me ha parecido de lo más curioso y bonito. Se ve el arcoiris, aunque no del todo, pero hacía un círculo completo. La primera vez que veo algo así:

martes, 31 de agosto de 2010

FOTOS

Hacía ya tiempo que no subía ninguna foto, así que ahí van unas cuantas, desde antiguas (unos meses, quizá) hasta alguna de esta semana. Por cierto, han cambiado en blogger esto de poner fotos y ahora me parece mucho peor que antes (menos la forma de subirlas al servidor); no me deja colocar las fotos como quiero, así que así se quedan:

 
 

SIN TI

"Como si tuvieses nombre y yo lo conociera, todas las luces de esta noche me lo han gritado al oído. Se han parado, esperando mi atención, hasta que finalmente se han fijado en ti. Yo, para variar, me alejo o me olvido, que no quiero recordar lo que pienso por miedo o por yo qué se... Solamente siento que esto no es lo mío.

Pero luego la arena te envuelve y el Sol —que no nos encuentra— envidia las nubes de la noche, que te observan desde lo lejos, pensando en que ni tu nombre ni el mío serán conocidos por nadie. Y yo lo siento en lo más hondo; aunque tu cuerpo se recorte contra la luz de mil edificios nocturnos y solitarios y eclipse así mi noche entera, no soy suficiente para acercarme a tu oído y decirte todo lo que nunca te habrán dicho. Estoy seguro de que no te dijeron lo que mi cerebro me obliga a pensar, sometido por algún que otro sentimiento entrometido. Me callo; el mar sigue su camino.

Al volverme y ver la luz de las farolas tan de cerca alumbrando el coche al que me subo, me da un tumbo el corazón y veo el fin de una noche inesperada más cerca de lo que había pensado. Si el tiempo vuela en ocasiones, hoy ni siquiera ha existido fuera de tus formas. Ni tu mirada, ni tus aires, ni el color de tu voz al decir "no es por qué, si no por alguien"... Nada que me saque tu voz de los oídos, nadie que me saque de ti... Nadie.

Y con nadie me vuelvo, a la desesperada, e intento encontrar el camino hacia mis sueños. Si no tengo el valor que hace falta fuera, quizá lo encuentre en ellos cuando duerma. Y, si no, si me alcanzan las pesadillas que siguen en mis borracheras, pensaré que no te has ido y me torturará la misma sensación de impotencia. Que sin ti no soy nadie y contigo mucho menos porque, al fin y al cabo, no se cómo te llamas, pero es que tampoco lo pretendo. "

domingo, 29 de agosto de 2010

PALOMITAS Y MAIZ

Bajo este título de toque infantil, se esconde un blog muy interesante. Si, de entrada, piensas que en un blog hay que leer demasiado —la pereza por la lectura existe, y mucho—, entra y verás. 

En Palomitas y maíz, encontramos gran cantidad de historietas cortas dibujadas sobre un papel de cartón de esas bolsas de palomitas de maíz para preparar. La verdad, la idea de dibujar sobre este lienzo tan particular me resulta muy curiosa y no menos ingeniosa. Incluso, podemos encontrar el making off  y saber qué pasos lleva la elaboración de estas viñetas. Aparte de esto, el humor que utilizan es directo, fresco y efectivo (me acabo de dar cuenta de que no sé cómo describir el humor, pero es "fresco"), con escenas cotidianas y actuales como la relación con teleoperadores, porno en la red, redes sociales y su abuso... en fin, muchas cosas interesantes y muy divertidas. Una de ejemplo:


Recomiendo encarecidamente a todo el mundo que se pase por este blog; yo ya me he suscrito a su RSS.

sábado, 14 de agosto de 2010

SIN RESPUESTA

"Se acercan los nubarrones de esta noche oscura y, entre sus destellos dorados de sodio y humedad, del aire de la ciudad: tu mirada. De la nada de los desconocidos hasta el alba de los sueños, sólo tú (o tu mirada) te quedas aquí. Desgajado en mil sentimientos que no puedo describir, por más que quiera, me pierdo en el silencio que insinúa la música que me acompaña al pensar. Que es real y nada miente en los colores que reflejas, que ni la luz se te interpone, que ni mis pensamientos me traicionan... ¡qué difícil de creer!

En tu tacto todo es aire, todo luz y sentimiento, y nada puede desencantar lo inesperado de un momento que, por único, por inesperado, se rebela ante mis ojos y grita para mis adentros. De tus ojos veo luz; de los míos algo inmenso. Y el alma que se agranda y me convence, me engaña una vez más y me aturde con preguntas que nunca he sabido contestar. Si por tí o por nadie, nunca han tenido respuesta.

Del manojo de nervios, saco lo que puedo y tranquilizo mis ideas. Quietas, paradas, tranquilas, pero alerta; me aconsejan que te olvide y que recuerde lo pasado, que no lo deje perdido en algún rincón de lo que en otro tiempo fue mi memoria para quedar de nuevo olvidado. De tus ojos: sólo tú; los demás sólo molestan.

Y, del aire, que al final es quien me alimenta, no dejo ni las migajas para que otros no sepan que siento y que vivo cada momento, aunque nunca se den cuenta. Que no lo sepan, que ni se enteren... que al fin y al cabo tú eres mía. Que no lo sepan y no pregunten porque, para ésto, nunca he tenido respuesta. Al fin y al cabo: sólo siento."

martes, 3 de agosto de 2010

SOBRES DE PLATA

"Esta noche me encuentro perdido y dejado de mano del recuerdo. Abandonado a mi propia suerte, aquella de todo lo que vive en soledad y en tiempos muertos. Esta noche me encuentro desbordado de ansiedad y de esa tristeza que no se cura, de la que viene del pasado y se enreda en la locura de un mundo vacío e inerte.

A lo lejos, sin embargo, se ve una jauría de palabras que vienen a por mí. Por primera vez y única, no quieren destrozarme con sus maldiciones y sonidos profundos. Se acercan y las contemplo al invadirme porque esperaba que me devoraran; pero no. Estas palabras nuevas —¡y tan antiguas, ocho años ya!— vienen en sobres de plata desde tierras lejanas, de un corazón conocido. Les susurro que se acerquen y lo hacen, y en ellas veo el brillo del acento perdido, pero no olvidado; jamás olvidar. Se me desperezan los ojos y se empapan de alegría, de añoranza, de recuerdos, de ilusión y de nuestras vidas, en un instante revividas. 

Ni desaparecí, ni lo quería, aunque no dijese ya nunca nada; el aire aquí es ahora espeso, aunque no lo sepas, y todo ha cambiado de lugar, de aspecto y de tiempo. Durante un momento en la noche, se ha hecho la luz y el sol del sur brilla por fin en mi norte frío y desierto. Va a subir la marea y se lo va a llevar todo; tras de sí mis tristezas y agonías, mis colores apagados y mis ansias de algo nuevo. Te echo de menos igual que a todo el tiempo que ya no pudimos pasar juntos. Que por lejos, por distante, se ha reducido un breve momento el mundo. 

Aunque la amargura pueble hoy mis borracheras, me has recordado que fui quien hoy no he sido, quien he olvidado y a quien casi he perdido. Con solamente unas palabras escondidas en sonrisas de plata, he visto el Sol nacer en mitad de la noche y la luna seguir a su lado; se hablan y se cuentan lo mucho que todo ha cambiado. El futuro impredecible florece inesperado en dos hemisferios distintos de un mismo planeta que una vez siguieron juntos caminos diferentes, pero juntos. 

No habrá sorpresa alguna cuando aparezca, a miles de kilómetros de aquí, con una sonrisa tan amplia como la última vez que te vi. Y apareceré, lo juro."

domingo, 1 de agosto de 2010

MIRAR HACIA NADIE, HACIA ADENTRO

"Puede que pensar en ti tenga el mismo sentido que pensar en todos aquellos momentos que han pasado y, por suerte y por desgracia, han quedado atrás. Después de todo, ni tú existes ni yo quiero dejar de pensarte. Eso, unido a la ferviente ansiedad por conocer lo que no encuentro, hacen de un presente real y único el vago reflejo de la persona que una vez ocupó mi cuerpo. Si hoy amanece y entra luz por la ventana, es la luz de ayer tamizada por mis recuerdos; si se digna a venir mañana, me seguirá repitiendo que el hoy no es sólo ayer: es nada menos que el atisbo del mañana. 

Insiste la memoria, incapaz de relajarse y descoserse en los jirones que haga falta hasta convertirse en la bruma que debería ser. Por pasado no experimento y por futuro no recuerdo, así que solamente la presencia del aire de hoy me recuerda que existo y, además, que nada hay fuera de mí.

Te buscaba entre camas vacías y sábanas abandonadas, pero únicamente hasta hoy. Ha nacido una idea descuidada, falta de importancia y escondida ente las plumas viejas de mi almohada, que siempre me ha acompañado, sí, pero vestida de colores nuevos y de nuevas energías, sonriente aunque atemorizada ante la fuerza de mis sentimientos. Por razones que se me escapan (por escapar a la razón) el mundo se me abre en un brillo cegador y, por primera vez en mucho tiempo, veo mi reflejo pintado en tonos vivos sobre el espejo. Y, ¿ése soy yo? Reacciono y me convierto, cansado de lo que he vivido, para transformarme en el alma que nunca hubo muerto. Pero, ¿ése soy yo? ¿Quiero ser quien espera en el espejo?

Los deseos se cumplen o marchitan y contaminan el aire. Todos los míos quedaron secos hace tiempo. Hoy, sin embargo, aquí tumbado en tu ausencia, me doy perfecta cuenta de que ni murieron, ni tan siquiera quedaron viejos. Lo sentido queda adentro, calcinado si se quiere, o desgastado por aburrimiento hasta que una brizna de aire junta los resquicios de una verdad ignorada y empapada en un veneno sangriento que me impuse en algún momento. Y esa realidad que no entiendo es quien acabas de ser tú: nadie, pero a la vez el mundo por completo.

Los segundos que he dejado perdidos en el silencio de mi incapacidad para decidir desangran todos los que vinieron tras ellos, enfermos y enrarecidos hasta no dejarme entenderlos. Pero ahora los comprendo. Me gritan que te deje, que te olvide, que te entienda, que te mate, que te quiera, que desquicie mi razón y rebusque en mis adentros hasta que por fin aparezca la única razón de mis sentimientos. Que ni eres tú ni eres nadie, que sólo yo te invento. Y el pasado que no existe, el futuro que no llega... tanta lágrima que no ha valido la pena.

Ahora que soy el dueño de los mares incontrolados que acechan en lo más oscuro de las noches, el sol interrumpe. Haré que la oscuridad de las madrugadas sea eterna y me traiga, aunque sea perezosa entre sueños, la verdad que ni en ti, ni en nadie que conozca encuentro. 

Quizá la realidad de todo sea más simple que mirar hacia afuera, quizá sólo haya que mirar hacia adentro. "




viernes, 30 de julio de 2010

SILENCIO Y TIEMPO LIBRE

"Y, ¿si el secreto de la vida se escondiese en el silencio? Las luces se atenuarían, impregnando así el ambiente de calidez inspiradora , el aire se haría dulce y el tiempo, perfecto. El cuerpo responde y sintoniza con el mundo. Al poco: ni luz, ni aire ni tiempo. Silencio y sólo yo.

El oído se agudiza y la piel detecta movimiento; las ideas se acercan al galope en una cruel embestida de descontrol ciego. Oscuridad... y se acercan. El miedo paraliza el sentido pero la expectación se abre camino y, conforme crece, le cambia la cara: locura y ansias por empezar el combate. Los ojos se abren y ahí vienen desbocadas todas mis ideas contra mí. No avanzan solas, que tras ellas hay un enjambre de sentimientos. Voy a morir.

En el momento justo del impacto, recuerdos de filosofía: "de acero soy". Estallan millones de colores en el choque y vuelan los pensamientos silbando junto a mis oídos; otros atraviesan mi piel de metal y me abaten. No soporto las imágenes que brotan de esas ideas, se me escapan por rápidas y desaparecen fugaces en la oscuridad, donde duermen. De rodillas, espero el final. Levanto la cabeza lentamente y, sobre mí: los sentimientos.

Nada ocurre. No hay sonidos, ni aire, ni tiempo, ni nadie... ni luz. Ahora que estoy solo y tranquilo, hago memoria de conversaciones y decido encender una vela. Brillante no solamente la llama, sino también el dorado de la cera, el fulgor me rodea. Miro alrededor, hipnotizado por la suave luz y veo que, desde todas partes, se acercan ideas y emociones. Se arrastran o flotan en la nada, se acercan como si algo las llamase con un poder irresistible. Una a una, las miro al desfilar hacia mí, ignorarme y seguir su camino hacia el fuego. Los horrores más profundos y las ideas más corrosivas arden en el más riguroso silencio de despedida. Cuando todos los fantasmas y demonios se han convertido en humo, la vela ya está por apagarse. Idea a idea, ha compartido su vida con la mía y limpiado mi oscuridad. Todo a oscuras... pero hay silencio.

Sigo sin ver, ni oír, ni estar. ¿La llama se ha desvanecido y ha arrasado con su luz para que llegase esta oscuridad? Una imagen se ilumina a lo lejos, pero todo está ahora claro. Más allá otra; y otras muchas por todas partes. Éstas no se escapan, ni siquiera se mueven; esperan pacientes mi mirada. Me acerco a cada una y me invaden los sentimientos más perfectos y soy consciente de todo lo que ha sobrevivido a la llama depuradora, todo inmóvil en su lugar propio, ajeno al tiempo y al cambio, lo que siempre acompaña. Ya sólo me queda cerrar los ojos y contemplar el paisaje. Una a una, recorro todas las imágenes, me pierdo en todas las sensaciones y renazco de entre los restos.

Y, de entre todas las imágenes, una..."

jueves, 29 de julio de 2010

ANTES DE DORMIR

"Al final de la noche: sólo yo; y me pregunto qué me falta. Falta sueño, faltan ganas, falta humor y falta... al final de la noche: sólo tú; aunque nadie, por ahora, sepa de quién se trata, pero sólo faltas tú que ni eres nadie,  ni eres nada. 

Mi pensamiento da vueltas como loco, buscando una luz que indique el camino en la oscuridad eterna de esta noche. No duran los días sino años enteros y, en cada segundo, tu rostro se me aparece y huye cuando intento fijar mi vista en él. Si no es al final de la noche, será al final de la vida, pero en algún momento esa cara quedará iluminada en las tinieblas para indicarme la dirección.

Pero cuanto más lo pienso, más se pierde la guía y más me pierdo yo, dejado de la mano de nadie en un mundo extraño en que se dice lo que no se siente y los sentimientos se dejan a un lado por abatidos, por despropósitos o por simple vergüenza. Y, como era de esperar, al final de la noche... 

Siempre llega el final de la noche en que no se ha conseguido nada, en que no ha mirado nadie y nadie ha oído mis palabras. El silencio se adueña del tiempo y éste pierde su sentido, escondido en el recodo de un recuerdo o de una invención —ya quién sabe—, porque al fin y al cabo, yo sólo he vivido un momento que, por no ser, no era ni noche.

Al final de la noche: sólo yo. Y conmigo, el vacío de un sentimiento que no sale, que se enquista en cualquier parte de mi corazón y al que quisiera desterrar tan lejos de mí cómo fuese posible. El vacío... que, después de todo, me ha acompañado minuto sí, minuto también, en un recorrido en el que empecé, por empezar mal, dormido y sin saber. Ahora aprendo, pero no basta; el vacío consume y arde cuando lo pienso y, al final, deja vacía mi cama.

Al final de la noche espero no encontrarme ni con la duda, ni con tu imagen, ni con mi imaginación porque, como siempre, solamente debo quedar yo. 

Al final: noche."

martes, 27 de julio de 2010

LO OLVIDADO

"La realidad de lo que veo no aparece cuando miro. El destello de la nada descuadra la visión y el enjambre de verdades se hace insoportable. De verdades escondidas, de verdades a medias pero, al fin y al cabo, y para todos, de verdades eternas. Y yo que las pongo en duda... Quizá la culpa —invento falso y contaminante de siniestro calado— sea mía y no me quiera dar cuenta. Yo intento que mi mundo muera, se renueve y purifique, porque está enfermo de esas verdades tan luminosas que esconden un universo de oscuridad tras ellas. Entraron en estampida, los ojos idos de furia, a destrozar un mundo vacío de carne pero lleno de almas y lo sometieron; y no sólo el mío, sino del planeta entero. 

Sólo palabras que suenan a viejo, a olvidado, a ridículo... Pero son mis palabras y de ellas no me arranca nadie. Estoy harto de sacrificarlas en pro de un mundo normal, por la percepción de alguien.

La realidad de lo que veo se esconde cuando miro. Cada segundo que vuela estoy más seguro de que la verdad, la absoluta, la única, la desconocida, no aparecerá ante los ojos de nadie por mucho que se la mire. No se entiende que el mundo quepa en una semilla de mostaza. Quien lo crea, se encontrará solo e ignorado, perdido del mundo pero, por un breve momento, en el centro de todo.  Seguirá ignorado y solo, aunque esto ya le sea indiferente. Aún así, la sabiduría de siglos le acompañará cuando quede ciego y sordo, cuando su piel no sienta caricia alguna y los olores hayan perdido su personalidad.


Y así quisiera verme en el mundo: indiferente por conocer una verdad superior que no comprendo, orgulloso de todo y feliz por el intento. Pero mi vista y me pasado me obligan y no consigo evitar la influencia de lo aprendido. Que quiero ser... me encierro. Que quiero hablar... me ignoro. Que quiero... Nada. Y el mundo se me abalanza por no saber olvidar un pasado cautivador y siniestro. Todos los recuerdos oscuros, los sentimientos inciertos, atrapados, enrarecidos... ¡todo el aire! 

Al viento. 
Si pudiera, pero no puedo (de momento)."

jueves, 27 de mayo de 2010

PERDIENDO EL TIEMPO

Donde pasan los días,
donde esperan las mañanas...
allí espero tan quieto como el aire,
tan pegado al suelo
que
bebe la hierba de mi sangre.
Tan quieto, tan ausente... que no soy nadie.

domingo, 16 de mayo de 2010

ES POSIBLE

Es posible que tú y yo no nos encontremos nunca, que nunca compartamos el mismo destino, pero sí siempre la misma dirección. Es posible que no haya dos iguales, que uno y otro seamos distintos, pero uno sólo en sentimiento y razón. Es posible que le cuente a nadie lo que nunca sucedió, imagen del pasado perdido que, extrañado, envidiado y asumido, vuelve esta noche a la realidad y después a la imaginación. Es posible que duermas conmigo aunque en la cama sólo esté yo.

Es posible, sin embargo, que la imaginación vuele, y que el tiempo se detenga entre los dos en un segundo, en un suspiro exhalado ante el recuerdo inacabado y nunca perdido de tu olor; que el mundo sea perfecto y que no haya ni nadie, ni nada ni nunca alrededor; que sólo el viento te mezca entre caricias y no importe ni el lugar, ni el momento, alejado el sentir del tiempo en el rincón más profundo de tu corazón.

Es posible que seas feliz y solamente quiero verlo.

martes, 27 de abril de 2010

NI SE ESCUCHAN


Por no entender,
muere el mundo. Yo reviento
y me sumo al aire, me convierto;
me alzo entre los montes de este invierno
y fundo en sus cimas la nieve: ¡Al desierto!

Porque no se escucha, la rabia se me abalanza.
Ciego la emprendo a golpes y dentelladas
porque nadie entiende una palabra
de los miles de corazones que se abren el alma
al gritar la tierra. Se dibuja el miedo
en los rostros que miran al cielo al contemplar
que las horas se arrastran hacia este infierno
de máquinas, de fuego, de hambre, guerra y soledad.

Aunque me canso: nada basta;
acabo por no respirar
para no dejar entrar el humo muerto
que contamina el aire de la ciudad.

Palabras que se confunden con locuras...
Palabras que nadie entiende,
palabras que ni se escuchan.

lunes, 19 de abril de 2010

LA NOCHE SE HIZO CORTA

Anoche soñé contigo por primera vez. Sin tener la mínima intención, sin siquiera haberlo pensado, tus ojos aparecieron a mi lado brillantes, llenos, mirando desde el otro lado de la almohada a centímetros de mí. En la habitación a oscuras, sólo tu luz.

En la noche, que se hizo infinita, encontré remedio al vacío y a la bruma de mis pensamientos, al correr invariable del tiempo que se me escapa. Los relojes, detenidos, nos observaban desde cualquier rincón murmurando si detenerse, esperando a ver qué hacía yo. Mi respuesta: sólo mirarte.

Me miras y hasta las palabras se me olvidan y, en este sueño, ni falta hacen: soy yo el que te pienso. Sin un sonido te digo todo lo que llevo dentro; todo lo que la luz del día ahuyenta acobardado y me hace olvidar por despropósito. No me oyes ni un "contigo", ni un "te quiero"... pero esta noche lo sabes todo, aquí metida en mi sueño. Qué importa que la noche se nos haga corta y que tan pronto se haga el día... Estabas conmigo en un sueño y no olvidaré aunque la mañana encuentre en mi almohada, como siempre, una mitad vacía.

viernes, 16 de abril de 2010

AMOR CALLEJERO

Caminábamos los dos,
cada uno a un lado de la Rambla;
entre tánto asfalto, tánta gente,
se dieron por cruzar nuestras miradas.
Se dijeron: "tú y yo, juntos para siempre"
y no hubo Rambla, no hubo gente y no hubo nada.

El amor crece en la calle
acurrucado en las aceras.

Florecimos entre cubos de basura,
escondidos de la lluvia en un portal
entre besos y promesas infinitas;
escapamos juntos de esta vida
(condena de asfalto, frío, hambre y soledad)
por dejarnos un segundo a la locura.
La noche entre cartones no es tan fría... si tu estás.

El amor crece en la calle
y en la calle morirá.

martes, 13 de abril de 2010

CAMPO DE GOLF

Llevo unos días experimentando un poco con el blanco y negro en unas fotografías que saqué en el Sabinar. Esta, concretamente, es del futuro campo de golf que van a "perpetrar" allí, enmedio del campo y la nada, cargándose una buena extensión de tierra. Cada vez me siento más lejano de la civilización, pero viendo cómo se comporta, casi me parece normal.

No suelo hacer fotos de naturaleza en blanco y negro porque me trasmite sensaciones mucho más tristes u oscuras de lo que me inspira la naturaleza, pero esto de aquí arriba es producto del hombre y, además, uno que no me gusta nada. No hay derecho a destrozar una zona en la que viven tantas especies animales y vegetales (me paso el tiempo muerto allí haciendo fotos). Este tipo de cosas me recuerdan al tópico (o no) sobre la prepotencia de la personalidad estadounidense, que no es sino una extensión de la propia del ser humano. Que hay un ecosistema muy vivo... pues hacemos el campo de golf, que atrae más dinero. No entiendo de dónde nos sale el derecho a hacerlo.

Nos lo cargamos todo.

Qué cabreos me entran con estas cosas... Me voy al Sabinar a ver si puedo fotografiar un abejaruco, que es precioso y de momento sólo los he visto por allí. ¡Qué suerte tendrán en el campo de golf, con tánto animal bonito! Ufff...

sábado, 10 de abril de 2010

ECOS DE CIUDAD

Las calles se extienden
inmensas en la noche de alquitrán,
entre silencios y rincones muertos
en el eco ausente de este mar
de cemento cálido y distante,
de luces, de bancos, de aceras y parques
en los que hay silencio y nada más.

Silencio de ciudad.

Las miradas de todos:
infectas del color de la ignorancia,
enferman del vacío eterno
en que se incuba el germen de la mala
virtud de no escuchar. Nadie habla.
Se propaga a rastras el silencio
de la ciudad artificial y oscura
que todo lo traga con su locura
de cemento y trozos de metal.

Silencio y ecos de ciduad.

martes, 6 de abril de 2010

MICROPOEMA

Hoy, durante una partida de Party a la que me he unido a mitad, he visto una hojita de papel en que sólo había tres palabras: "Isla", "Fiesta" y "España", una debajo de la otra. Será por estar leyendo últimamente a Miguel Hernández, pero se me ha ocurrido esto, así que he completado las "oraciones empezadas":

Isla de cabellos recogidos y apresada;

Fiesta antigua de entrañas y de sangre,
España: tan llena de todos, tan llena de hambre.


Y ya está. Larguísimo, ¿eh?

domingo, 4 de abril de 2010

EL VERGEL

¿Era un desierto?
Era un vergel
lleno de flores de papel (*)
y en cada pétalo, tu nombre escrito.

Se agitó el viento
y cada flor
al resoplar el corazón.
Nos juntó a los dos en un sólo destino.

Hoy vuelve el sol
y vuelvo a ver:
el oasis ha empezado a arder
y, con él, mis sueños... y yo mismo.


(*) Si recuerda a Extremoduro, será porque el verso es casi igual... ;)

lunes, 15 de marzo de 2010

NUEVO PAISAJE

"He conocido la ilusión de cerca, sentado en una roca junto al mar. Ante mi vista, la inmensidad del agua y su reflejo, el cielo. En el frío más profundo nace el movimiento y así el cambio rompe bajo mis pues, reventando en mil destellos luminosos. La vida pasa despacio o deprisa, cosa que no importa ahora que encuentro la intimidad.

En un intento de poner nombre al momento, de encarnar todas las sensaciones en una sola frase, mi mente se congela y se detienen los pensamientos, ahogados en el sonido hipnótico del rugir del viento. Crecen las olas del mar que llevo dentro. Estalla un trueno; se avecina la tormenta. Y, ahora, al girarme veo una luz que ha venido de fuera. Su brillo, tan azul como el cielo y tan pardo como la tierra, invade mis pupilas y la vida se me queda a oscuras. Todo es ella y nada más. No hay parpadeo que pueda evitarla. Mi cabeza ya ni gira porque, aunque quisiera —que no quiero—, en ella encuentro más respuestas: que si me quiere, que yo quién soy, que qué importa... Sólo esa luz. Consigo cerrar los ojos y veo el mundo por dentro. Todo queda a oscuras.

Ahora no hay luces, ni viento, ni mar, ni nadie. Sentado en una nube de polvo, me doy cuenta de que me costumbré a escapar de la realidad y, a veces, cuesta trabajo encontrar el camino de vuelta; aunque no he dejado de andar.

Aparece entonces surcando mi cielo una sensación que deja tras de sí una estela dorada de millones de reflejos que se evaporan. Amanece y la oscuridad se rinde al resplandor de dos soles gemelos: uno brilla ardiente y dorado; el otro duerme, hecho de hielo, reflejando la luz de su gemelo. Ante mí, bajo tanta luz inesperada, se ven ahora los bosques de mi interior. Hiere mi vista el paisaje desolado y devuelto al polvo, confundido con la tierra. Tanta guerra... tanta nada... Por respuesta, hasta el momento, las lágrimas hubiesen intentado devolver la vida al mundo en un inevitable fracaso. Los ríos barrerían los restos y dejarían crecer algo nuevo.

Hoy, sin embargo, dejando romper las olas a dos metros de mí, he conocido la intimidad, lo tranquilo y otra forma dulce de locura.

Cierro los ojos del pensamiento y dejo que los recuerdos esenciales, ésos que no son simples imágenes, sonidos o aromas, me llenen. Busco la luz de tierra y cielo; al encontrarla, sé que estoy donde debo. Abro los ojos por fuera y, al girar la cabeza, los de dentro se iluminan de golpe con la luz que me llega tan directa: tranquilidad, intimidad e ilusión recorren los caminos interiores que marca la luz. A su paso, los bosques reviven, aumentan y llenan los valles; se mueven las montañas y se abren mares y ríos y... luz.

Sigo por dentro el recorrido y, al llegar al que parece su destino, me sorprendo de lo que ocurre. Entre dos de las montañas más altas, las que más sombras arrojan a su alrededor y duermen el mundo, se han parado los tres destellos en lo alto, girando cada una alrededor de las otras en una especie de cortejo. Aumentan el brillo, la velocidad a la que se mueven y el nerviosismo. En una fracción de segundo, las tres se juntan en un solo punto y estallan. Una nube de fuego incendia el aire y asola las laderas de las montañas. Todo ha muerto ahí.

Al alejarse el humo y enfriarse el lugar, sin embargo, puedo ver el resultado de tanta violencia. Las gigantes de piedra han quedado arrasadas, limpias de los restos de los que no se podían deshacer, y el fuego ha hecho brotar nueva vida que lo cubre todo. Entre las dos, se extiende ahora un claro inmenso en el que se ven miles de puntos titilantes. Al acercarme, veo que lo que antes era desolación ha quedado convertido en un campo de color dorado, formado por todos esos puntos de luz que no son otra cosa que velas encendidas. No corre el viento, ni hay más luz que la que emiten las pequeñas llamas. Se respira un profundo silencio.

Sin poder apartar la vista de esta imagen, mi cabeza sólo se ocupa en comprender, en averiguar el porqué de este nuevo y precioso paisaje. Me fijo, sin querer, en una vela que hay junto a mis pies. Me pierdo en la llama que, desesperada, intenta llegar a la cera; ésta, por el mismo deseo de encontrarse con la llama, se deshace en deseos y nunca se tocan. Todo, en el silencio más íntimo. Una nueva vela nace, otra la seguirá.

Atrapado por este lugar de intimidad, tan lleno de paz e ilusiones, mi mente se relaja y vuelvo a la realidad hoy que, con las olas rompiendo a dos metros de mí, he conocido la intimidad y otra forma dulce de locura."

lunes, 8 de marzo de 2010

ILUSIONES

"Desde el pasillo, la estrecha franja de luz que asomaba por la rendija de la puerta abierta indicaba la única dirección que él quería seguir. Abrió lo justo para poder entrar y, con pasos muy medidos y cautelosos, cerró la puerta tras de sí. El frío se había quedado en el pasillo, deseando entrar sin poder, y el aire cálido y algo viciado le confirmó dónde se encontraba: su habitación de siempre.

Movimientos silenciosos. Casi deslizándose sobre la moqueta, su cuerpo le obligó a avanzar. No había terminado aún de mover la pierna cuando sus ojos se hicieron a la penumbra; le asaltó la imagen de un sujetador en el suelo. Caído, tirado con despreocupación, iluminaba en su mente nubes de pensamientos, de imágenes y de recuerdos. Como un resumen del sentido de su vida, como si todo lo importante del mundo hubiese quedado concentrado en un sólo punto, esa prenda albergaba todas sus sonrisas.

El corazón, como siempre le ocurría, se desesperaba en un latir impaciente al verse —con el cuerpo— inmóvil, quieto, sin avanzar hacia su destino. Poco a poco, las imágenes de sus ilusiones se fueron disipando para permitirle recuperar el movimiento. Con ritmo pausado, siguió acortando la distancia hasta la cama, inhalando cada segundo, cada brillo de la luz.

A su derecha, cerca de los pies de la cama colgaba en parte un vestido blanco dejado sobre el colchón. Sin acercarse un milímetro a él, pudo aún así notar la fragancia del perfume que llevaba ella esa noche: tan dulce que invitaba al contacto de la piel. Siempre era el mismo olor, que lo transportaba a una realidad propia, que lo colocaba en su lugar, el del destino. Puso la mano sobre el vestido y su piel respondió al instante.

Cargado de la euforia que nunca dejaba de sentir en momentos como ése, se deshizo en ilusiones y deseos y dirigió entonces la vista hacia el lado opuesto de la cama, ansioso por ver allí la figura de mujer que quería recorrer y aprender de memoria, tumbada, dormida, esperándole. El movimiento, que debía durar una fracción de segundo se alargó y se convirtió en eternidad desquiciante. Un par de lágrimas brillantes asomaron; el ansia por lo deseado se desataba.

Al llegar la mirada a su destino, las lágrimas perdieron todo su brillo, se apagaron y secaron casi antes de nacer. De cualquier manera, el mar se estaba agitando; va a llegar la marea... No había nadie. En su cama no quedaba nada de aquellas arrugas con forma de mujer ni de perfume en la almohada. Si alguien hubo, allí no estaba.

Arrollado por la realidad, se giró en busca del vestido blanco, queriendo aferrarse a él como prueba de su propio ser pero, al mirarlo, desapareció lentamente. Cuando se dirigió hacia el sujetador, también éste se desvaneció. Todas las ilusiones desaparecían y él se preguntó entonces el origen de todos sus sentimientos. Fuesen o no reales sus ilusiones, él conservaba siempre los mismo sentimientos.

Algún día la conocería..."

jueves, 25 de febrero de 2010

PARA POCA LUZ, NINGUNA

"Las lágrimas tienen el peso de las decisiones y, ahora que se deslizan por la piel de tu cara, brillan con la tristeza de los errores. El tiempo se acelera, hierve el interior y revientan todas las presas; la vida se consume, no se oye ninguna voz y lo demás no cuenta, ni para tí ni para nadie. Sopla el viento y se congela todo lo pensado; muere lo que no ha existido aún a dentelladas, devorado en lo más hondo de la oscuridad que te arroja desde dentro ese agujero. Que tú sabes que para siempre, que te dices que mañana...; pero su presencia, día a día, de una a otra hora, te consume y te violenta y te maldice, sonriendo desde la locura.

Penumbra.

La calma toma el mando tímida pero impaciente. El viento ya no corta, acaricia los restos de tu mirada y seca la lluvia acumulada en tu interior. La luz, aunque ya casi desaparecida, somete la voluntad de todo lo que toca y lo impregna de melancolía, de tristeza dulce y de recuerdos. Imagen tras imagen, cada una con sus propios sentimientos, tiñen todas las ideas de un tono más y más oscuro hasta que el brillo se bate en retirada. Llega la noche y los fantasmas van apareciendo a la llamada de tu olor. Esperaban prudentes el momento de atacar, de sorber de nuevo de tu mirada y emborracharte de malos pensamientos, de amargar el aire, de pudrir el viento, envenenar todo lo que llevas dentro y aún más.

El oído interrumpe y se descifran palabras que destrozan. La primera abre la herida y la segunda entra directa a ver qué esconde el corazón. Y tú sólo te defiendes con palos y piedras... tampoco quieres hacer más, pero en tí hay heirdas que no cierran fácilmente y sobre ellas sólo está dispuesto a escuchar el silencio, que te susurra, mientras tanto, que estarás solo hasta que mueras.

Para poca luz: ninguna; voy a olvidarme de ti."

martes, 16 de febrero de 2010

UNA NOCHE...

“No dejes de acariciarme”. Al oír esas palabras la Luna, que no dejaba de curiosear la escena de los dos, se escondió tras un mar de nubes que pasaban y dejó que el tiempo se detuviese en los ojos de él. Durante un momento eterno, su mano no dejó de subir y bajar por la espalda de ella y los nervios se dispararon.

Todo el caos que sentía se ordenó sin objeción y se concentró expectante en la luz que nacía en su interior. Los objetivos de su existencia se acurrucaban en la espalda de la chica. Alerta por ella, fija la atención en cada aliento que se escapaba de sus labios, la perfección se hizo momento. Si la plena consciencia acompañara a esas palabras, nada más importaría.

“Sigue hablándome, por favor; me gusta tu voz”. Si la otra hizo que el mundo dejase de tener importancia, ésta desató la luz de lo más profundo. La energía y el calor de esa inesperada alegría se reunieron en los ojos de él, mientras ella mantenía cerrados los suyos, intentando conservar sus pensamientos. Una lágrima imaginada.

Sin palabras que sobrase, sin que una sóla fuese necesaria, le dijo en mil caricias que no la abandonaría. Aunque no se lo pedía, él permanecería a su lado; si le necesitaba, estaría así toda la vida.

Mientras su deseo lloraba angustiada, las ganas mismas de él se transmitieron a sus manos e intentó que emitieran todo el calor del mundo y la brisa de mil playas de arena; el impulso del contacto más sincero se abrió y deseó cobijarla eternamente. Nada más tenía ya sentido y nadie, aparte de ella, podría existir: el mundo en sus gestos. Cerró los ojos de nuevo y empezó a vivir sólo para ella.

Una vez hubieron pasado los nervios y la preocupación, apareció claro el camino a casa. Lentamente, él saboreó cada paso que ella daba, grabando con hitos luminosos en la memoria el recorrido que empezaba a descubrir. Sin darse cuenta, su mano seguía hipnotizada en las curvas de la espalda de la chica, ya no por preocupación, sino por dejar de sentir esa necesidad. Ahora que le hablaba consciente, que toda su confusión se desvanecía en la noche, quizá no fuese necesario; lo deseaba.

La Luna volvió de su escondite y se los encontró paseando por la calle, ajenos a su presencia. Pensó en fisgar en la conversación, pero cuando se acercó, la perplejidad asomó a su cara ante la luz que emitía la pareja. Más de cerca, ya con recelo, vio que toda esa luz brotaba de los ojos del hombre.

Temiendo un eclipse injustificado, la Luna dejó que el resplandor los acompañara a su destino. No sabía si los volvería a encontrar juntos, pero decidió esperar para poder aprender a brillar con la intensidad de aquellos ojos.

Y no hubo más palabras.

miércoles, 10 de febrero de 2010

ANHELOS

Añoro las palabras que todavía no has escrito; añoro todos los momentos que no he pasado en viloesperando a ver quién de los dos caza el primer suspiro. Añoro la cerveza en tusmanos y el sabor de tu mirada; añoro no ser quien nunca he sido y quien nunca dirá nada, que primero es lo importante. Este es, entonces, mi sitio.

Añoro tantas cosas que nunca me han sucedido que el tiempo pierde la noción de sí mismo y yo, con él, me pierdo en el rincón más escondido de mi propio corazón. Ya puede amanecer, que he bajado las persianas, no sea queme despierten quienes pueblan mis migrañas. Mañana será otro día; pero, si no lo es, si aparece nublado, gritaré con todo mi cuerpo hacia mis adentros; desgajaré las nubes y pintaré el sol de nuevo. Hasta que vengas...

Tánto añoro, que el presente deja de tener sentido y se desliza rápidamente hacia un pasado devorador e hiriente. O me mata, o lo exploto; recojo el poco aire que me rodea y todo aquello que añoro y lo abrazo hasta que se hunde en mí. Lo sufro, lo disfruto, lo hago indispensable para mí y, de ahí, absorbo la energía del momento. Dejo los ojos en blanco, la mente abierta y la añoranza se convierte en deseo: de tenerte, de mirarte, de saberte sin decirme nada y de escuchar el latido de tu corazón.

Anhelo tu parte en mi mundo y nuestro propio mundo aparte. Me engañen o no las ilusiones, me queda solamente esperar verte aparecer.

EL EXPLORADOR

Cuando todo lo que alcanzaba mi vista era oscuro, lacerante y me transportaba directo a la desesperanza, cualquier palabra que oía se convertía en un ataque a mis sentimientos. Por el ánimo del mundo, nada podia ser como yo lo veía, pues de otra forma moriríamos todos fundidos en negro metal.

Removí tierra y cielos para encontrar la luz que derrumbara la sombra de todos los castillos de mi interior. No encontré nada; empecé a torturarme. Cambio tras cambio, todo mi ser desaparecería por mi voluntad. Me comencé a desgarrar. Cuando por fin encuentro el brillo, la luz que lo difumina todo y que escampa millones de colores, las tornas nocambian. Si antes el mundo se consumía en la negrura, ahora se baña en deseos luminosos; si antes fui un suicida sentimental, ahora solamente soy un loco ansioso.

Removi tierra e infiernos para encontrar lo quemás me llegaría a degradar. No tardé en encontrarlo ardiendo, 4echando humo sin parar. Me arrojé entonces al fuego para que me consumiera y mezclara con el viento, pero se movió el aire y me enfrió la piel.

He aprovechado el apagón para remover, por fin, mis cimientos y averiguar por qué me he dado siempre miedo, por qué siempre me he odiado tanto en secreto. De momento, no saco nada en claro; sin embargo, durante la búsqueda encontré una prisión en la que yo mismo estaba encerrado. Abrí las puertas y, al salir, me acaricié y entré en mi propio cuerpo. Las miradas de los dos se unieron en la razón de uno sólo, que no se dirige hacia nadie porque nadie la busca.

Si esto es así realmente, que lo es, que no me busquen si no quieren compartir el aire.
Desde ahora, seremos nosotros; seré únicamente yo.

miércoles, 3 de febrero de 2010

EL ALMA SINCERA

El alma impaciente no comprende el ritmo de la vida; pierde el compás de las notas, el no sentir de los demás y escucha atenta palabras no pronunciadas todavía. Triste y apagada, la incomprensión se le acerca y le susurra al oído: "¡Estás sola!". Loca y desbocada, comienza a emerger de lo oscuro su deseo. Lágrimas vibrantes. Ideas enterradas se le vuelven a los ojos y desquician sus entrañas. El alma, perdida, cae de rodillas al suelo y hunde en su soledad la cara. Nadie entiende...

Rechazada por desvelar su misterio, por desgranar los pedazos de interior que con tanto celo otros guardan, se arroja al vacío propio y busca entre todas las miradas. Solamente, incomprensión. Se rebela la garganta y la mente la sigue en su alzada; las dos juntas, de la mano, se consuelan en un millón de sentimientos que sólo el viento escucha. Sólo noche y viento.

De sus lágrimas: ira y rabia. De sus palabras, la rotura de la magia de lo oculto y precioso, de lo que más anhela. Habla claro y rompe el aire, se congelan las palabras. Pero ella no cree romper nada, que no cree en artificios, pues el corazón demanda y no puede hacer caso omiso. Necesidades, penas, amor y alma se funden en un grito eterno que revela, más que brama. No llega la voz a su destino y vuelve a guardar silencio en las llamas de su falta de dirección.

Estalla y remueve el miedo, sorteado sin problemas, hasta dar contra un muro de hormigón. Otra vez pierde las palabras y, sin ellas, ya no brilla el Sol. "¿Dónde están su calor, sus miradas y su pasión?" Recuerda que ya no brilla el Sol.

Pero si nadie quiere tener el valor, si nadie escucha o no comprende: ella ya no quiere Sol. Lo guarda, como tesoro, en la punta de su lengua a la espera interminable de alguien a quien repetirle: "No estás sola, no estás sola... yo soy tu Sol".

miércoles, 20 de enero de 2010

LA BESTIA, EL HOMBRE Y LA NIÑA

Para cuando pisó el colegio en el que le habían contratado, el cielo se había cubierto de nubarrones y amenazaba con derramar todos los males de su mundo sobre su cabeza. Tocó el timbre. Al abrirse la puerta, el aire se espesó y quedó gélido, cortante, al entrar en sus pulmones. Sin otro aviso más que el dolor lacerante, una tromba de confusión y caos se precipitó sobre su cabeza. Paralizado por un miedo indecible, el hombre empezó a notar una presencia oculta cerca.

A duras penas, consiguió entrar en el edificio, removiendo el mar de cemento que le llegaba por los tobillos. La lluvia no cesaba y cada vez hacía más frío. El aire ya no le cortaba al ser respirado, pues no quedaba prácticamente nada que cortar: por dentro, el hombre empezaba a ser un amasijo oscuro de maldiciones y dolor. Atravesó la puerta de la entrada, cruzó la sala y atravesó el patio.

Al otro extremo del solar que albergaba la pista de baloncesto: ella. No la había vuelto a ver desde hacía ya mucho tiempo; apenas recordaba ya su olor. Se acercó lentamente, arrastrando el peso del mundo tras de sí, y se detuvo justo delante de la bestia. Igual que en las ocasiones anteriores, era enorme (“quizá, un poco menos…”, pensó él) y su silueta oscura, cambiante, amenazadora y salvaje le decía que no saldría vivo de allí. Desapareció la luz y quedaron ellos dos únicamente, perdidos en los sentimientos de él.

Hipnotizado por el halo de dolor que siempre acompañaba a aquél ser demente y carnicero, ya ni siquiera pudo temblar o intentar huir; cuando hacía su aparición, ya no había nada que intentar. Moriría otra vez.

Como en dos fotogramas contiguos, la pasividad del animal —si bien él dudaba de su condición— estalló en una dentellada atroz que desgarró todo su interior. La tromba que le golpeaba desde arriba se hizo más intensa. Esa malnacida sin nombre le había arrancado el corazón de cuajo y ahora solamente quedaba un hueco sangrante en el lugar que antes había ocupado. La expresión de su cara, del horror, había saltado a la indeferencia; desidia ante todo, ante la vida. El siguiente ataque, ahora que ya no tenía lo más preciado, aquel lugar en el que se escondía en sí mismo de todo lo exterior, lo sintió como unas punzadas tremendas en lo más hondo de sus pensamientos. Sin nada ya que perder, sólo le quedó llorar por todo y por nada; quizá porque le rodeaba el mundo y nadie se paraba a mirar cómo era devorado. No tenía corazón para sentirlo ni mente que lo pensara, pero una extraña convicción en su interior le gritaba a voces que debían morir. Todos.

Sus ojos se encontraban ya a la altura del suelo, bocarriba mirando ausentes todo lo que le rodeaba, esperando vacíos que la bestia se alejase de su pecho y dejase de comer de sus adentros. “¡¡Puto bicho!!”, pensó.

Como si esa queja hubiese despertado algo en él, algo que no comprendía, sus resignados ojos se volvieron locos y se pusieron a girar todo lo que les permitía su naturaleza. De un lugar vacío, a otro sitio sin nada; así, nada encontraron. La locura aumentó su dolor y el interior del hombre prendió fuego y derramó lava desde el lugar de su antiguo corazón. Cuando la bestia saltó, alejándose de las llamas, él aprovechó la poca energía que le quedaba guardada a salvo en un rincón desconocido y se puso en pie. Al hacerlo, sus ojos inyectados en sadismo se encontraron cons focos de luz inmensos. Cuando remitió el resplandor un poco, se dio cuenta de que dos ojos se escondían detrás. Era una niña, aquélla con la que tantas veces había hablado, de muy corta edad, y a la que tánto cariño le había cogido.

Cuando ella lo vio, no se percató de la bestia, ni de la oscuridad ni del sufrimiento que rodeaba al hombre. Corriendo, se acercó hasta él iluminando el camino con su mirada. Él la contemplaba de rodillas ya, por no poderse aguantar en pie. La niña llegó hgasta donde él se encontraba y siguió sonriendo. No veía nada de lo que ocurría alrededor del hombre, solamente lo veía a él tal cual era, fue y sería, sin distorsiones ni prejuicios, sin opiniones contagiadas: sólo él.

—¿Te quedas conmigo? — Dijo la niña.

—No puedo… —susurró él.

Sin más palabras, la niña se le abalanzó al cuello y, aún sin dejar su sonrisa, le acarició la mejilla con un beso. Impotente, incapaz de cualquier otro movimiento, él se echó a llorar con fuerza. Ella no lo vio, ya se iba; tampoco hacía ninguna falta, mejor así.

Las lágrimas de felicidad que derramaba ahora eran claras y brillantes. Las nubes se movían deprisa y algunos rayos del Sol se colaban entre ellas y daban a esas gotas de alegría el aspecto de pequeños diamantes. La bestia, al ver el espectáculo de brillos intensos que brotaba de los ojos de su presa, aterrada por creer morir entre ellos, se lanzó al viento y, en un rincón oscuro, desapareció.

El dolor y la negrura se disipaban por efecto del cariño sincero. La pequeña no había visto el dolor que lo rodeaba a él ni la oscuridad de éste ni había oído las voces que le increpaban: sólo lo veía a él, sin nada más. Recobrando las fuerzas que pudo, el hombre se puso en pie y, con la inocencia de la niña y la verdad de sus ojos en mente, se marchó sin decir nada a nadie, con mucho que pensar.