jueves, 29 de julio de 2010

ANTES DE DORMIR

"Al final de la noche: sólo yo; y me pregunto qué me falta. Falta sueño, faltan ganas, falta humor y falta... al final de la noche: sólo tú; aunque nadie, por ahora, sepa de quién se trata, pero sólo faltas tú que ni eres nadie,  ni eres nada. 

Mi pensamiento da vueltas como loco, buscando una luz que indique el camino en la oscuridad eterna de esta noche. No duran los días sino años enteros y, en cada segundo, tu rostro se me aparece y huye cuando intento fijar mi vista en él. Si no es al final de la noche, será al final de la vida, pero en algún momento esa cara quedará iluminada en las tinieblas para indicarme la dirección.

Pero cuanto más lo pienso, más se pierde la guía y más me pierdo yo, dejado de la mano de nadie en un mundo extraño en que se dice lo que no se siente y los sentimientos se dejan a un lado por abatidos, por despropósitos o por simple vergüenza. Y, como era de esperar, al final de la noche... 

Siempre llega el final de la noche en que no se ha conseguido nada, en que no ha mirado nadie y nadie ha oído mis palabras. El silencio se adueña del tiempo y éste pierde su sentido, escondido en el recodo de un recuerdo o de una invención —ya quién sabe—, porque al fin y al cabo, yo sólo he vivido un momento que, por no ser, no era ni noche.

Al final de la noche: sólo yo. Y conmigo, el vacío de un sentimiento que no sale, que se enquista en cualquier parte de mi corazón y al que quisiera desterrar tan lejos de mí cómo fuese posible. El vacío... que, después de todo, me ha acompañado minuto sí, minuto también, en un recorrido en el que empecé, por empezar mal, dormido y sin saber. Ahora aprendo, pero no basta; el vacío consume y arde cuando lo pienso y, al final, deja vacía mi cama.

Al final de la noche espero no encontrarme ni con la duda, ni con tu imagen, ni con mi imaginación porque, como siempre, solamente debo quedar yo. 

Al final: noche."
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