viernes, 24 de septiembre de 2010

GESTOS

"En el momento preciso, sin saber por qué miraba en esa misma dirección, los gestos de ella cuadraron perfectamente con la persona que tenía a su lado. Que se acercara levemente hacia él, que lo tocara... no podía ser casual. De repente, sin atisbo de que nada parecido fuese a suceder, me encontré sumergido en una corriente de pensamientos que deambualaban entorno al lenguaje que en ese momento podía ver. Como si el aire no existiera, el cuerpo de ella se ladeaba con decisión hacia el espacio que ocupaba él. Al encontrarse, un leve gesto y acurrucada a su lado. Nada de esto sucedió (eso me dijeron), pero yo lo vi claro.

Me quedé pensando en lo que nunca se dice, en las palabras mudas que nadie que no sienta o mire puede entender. De un lado: la indiferencia; del otro: el no saber qué más hacer. Sin mover los labios para nada, los ojos, la mirada, se desviaron hacia el único punto de interés: él. Simple gesto de los ojos al mirar, un leve amago de párpados caer. Y entre tanto, meditado en el comienzo de un segundo, en el suspiro inabarcable que no se puede acabar, los gestos se sintonizan con el sentir y, poco a poco o mucho a mucho, las intenciones supuraron y destilaron por la piel. No se dice ni se susurra siquiera, pero la razón no obedecía a lo que ella quería en ese momento. "Pero, ¿qué haces?" o un simple "no eres quién" se entrelazan emboscados en un hilar de pensamientos que, cuanto menos, siempre le resultó cruel. 

Y aún así, con el discurrir del breve segundo durante el cual contemplé su cara, las ilusiones se dibujaron una tras otra en sus pupilas, adornadas de los cientos de colores, de la infinitas emociones que la acompañarían si al acercarse ella también lo hiciera él. No importó que en un segundo todas sus esperanzas quedasen vertidas en su copa de cerveza, ahogadas impotentes en una realidad dorada inventada mucho antes, porque ella tenía esperanza y eso ya era suficiente. "Si mañana no me esperas, yo no cambio de lugar". Y a la mañana siguiente, ya se verá.

Pasado el segundo de ese instante, el gesto cambió y la mirada que atisbaba con recelo el movimiento de su compañía se dirigió sin remedio hacia abajo. Dos mechones de su pelo cubrieron los ojos que intentaban acercarse a la realidad deseada y la escena se oscureció. Como si con sus esperanzas no cumplidas brotasen amasijos de recuerdos, la única dirección de todo el color de sus ojos fue el suelo. Y de ahí, aunque por un instante muy fugaz, recomposición y vuelta a empezar. Si era por cansarse, ella no pensaba ser quien.

Al volver a alzar la vista, en el último suspiro de aquel segundo revelador, nuevas esperanzas falsas, aderezadas para seguir el lance y llegar hasta el final, sin importar lo que hubiese que hacer. La sonrisas dibujaron de nuevo sus labios, aunque tocadas y sin saber bien por qué; pero alzadas nuevamente y a mirarle a los ojos. La música impaciente y cadenciosa acompañó el sentimiento que escapaba; no hubo lágrimas, no hubo nada, pero algo dejó de ser.

Sentado al otro lado de la barra, sin hablar con nadie y sin tener qué decir, contemplé la escena como la cámara de un director de cine, desentramándola para un espectador imaginario y real al mismo tiempo que fui yo mismo. Comprendí que en el aire quedaron más mensajes de los que pude escuchar, más sentimientos de los que capté y muchas más historias que no me pude inventar. Pero de lo que estoy convencido es de que, al final, vi algo brillar en los ojos de ella que ni por asomo intuyó él. Y así, meditando en el silencio de la música que acompañaba, acabé la cerveza que me quedaba y me fui de allí, habiendo comprendido que no todo se dice ni se muestra, que siempre es más lo que queda por decir." 
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