martes, 27 de abril de 2010

NI SE ESCUCHAN


Por no entender,
muere el mundo. Yo reviento
y me sumo al aire, me convierto;
me alzo entre los montes de este invierno
y fundo en sus cimas la nieve: ¡Al desierto!

Porque no se escucha, la rabia se me abalanza.
Ciego la emprendo a golpes y dentelladas
porque nadie entiende una palabra
de los miles de corazones que se abren el alma
al gritar la tierra. Se dibuja el miedo
en los rostros que miran al cielo al contemplar
que las horas se arrastran hacia este infierno
de máquinas, de fuego, de hambre, guerra y soledad.

Aunque me canso: nada basta;
acabo por no respirar
para no dejar entrar el humo muerto
que contamina el aire de la ciudad.

Palabras que se confunden con locuras...
Palabras que nadie entiende,
palabras que ni se escuchan.
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