lunes, 8 de septiembre de 2008

DIOS MÍO

¿Os habéis planteado alguna vez el concepto de dios (o Dios)? Espero que sí.

El concepto de dios más amplio es el de un ser superior que lo controla todo y tiene facultades extraordinarias como haberlo creado todo, transformar el agua en vino y cosas así; el todopoderoso. Eso es lo que se enseña en todas partes.

Yo creo que un concepto de dios como algo externo —como un ser con aspecto de hombre, incluso— tiene solamente la utilidad de descargar responsabilidades. Es decir: uno reza y su dios le perdona por sus pecados, le expía la culpa del error que ha cometido. Cuando hay problemas, se reza a Dios y se le pide que te ayude y que mire por ti; entonces sólo queda sentarse a esperar.

Para mí, Dios es algo muchísimo más complejo de lo que representa el modelo tradicional. Según lo veo yo, no le puedo pedir nada a Dios porque no puedo descargar la responsabilidad de mis actos, pero también porque no tiene sitio para tener barba y aureola. Si quiero que algo suceda, hago lo que pueda para que así sea.

No se puede esperar a que alguien o algo “todopoderoso” a quien no has visto nunca —ni probablemente veas— venga a encontrarte un trabajo, a estar más sano, a ser más feliz. Puedes pedirle todos esos deseos y la esperanza de que se cumplan te alimentará y parecerás más feliz, pero no es una felicidad real, sino más bien una ilusión.

Una cita del evangelio apócrifo El evangelio según Tomás:

“Jesús dijo: si aquellos que os guía os dicen: “El Reino está en el cielo”, entonces los pájaros del cielo serán más que vosotros. Si os dicen que el Reino está en el mar, entonces los peces estarán mejor situados que vosotros. Sin embargo el Reino está tanto dentro como fuera de vosotros. Cuando os conozcáis a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y sabréis que sois hijos del Padre. Si, por el contrario, no os conocéis, estaréis en la pobreza y seréis la pobreza.”

La Iglesia, por supuesto, niega este evangelio. ¿Hablamos del mismo dios?
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