lunes, 21 de julio de 2008

AGUA

Hace tiempo ya que se conocieron los resultados obtenidos por Masaru Emoto en unos experimentos que tenían como objetivo comprobar la reacción del agua ante estímulos externos. Al cristalizar moléculas de agua, se observaban unas formaciones muy curiosas.

Algunos cristales como el de aquí arriba mostraban estructuras simétricas y muy definidas, lo que los hace muy atractivos y de gran belleza. Esos cristales pertenecían a muestras de agua cuyo recipiente estaba etiquetado con palabras "positivas" como amor, belleza o amistad. En el caso contrario, cuando la palabra o la frase eran negativas, las formas que se veían en las moléculas de agua eran indefinidas y caóticas.

Así, el experimento demostraba que el agua es capaz de reaccionar a "energías" positivas y negativas de distinta forma y, de alguna manera, expresaba algo según el carácter de esa energía. Un experimento de lo más curioso y quién sabe cómo de importante.

Por otro lado podemos pensar que nuestro cuerpo está formado por un 70% de agua. Si tenemos entonces en cuenta los resultados del experimento de Emoto, podemos entrar en un tema que roza mucho más lo filosófico que lo científico: ¿cómo afectan nuestros sentimientos a los demás?

En la experiencia realizada, los vasos que contenían el agua habían sido etiquetados con una palabra que, en principio, es algo objetivo y desprovisto de significado hasta que alguien se lo da. Por ejemplo, para quien no sepa alemán, la palabra Danke puede no ser más que un grupito de cinco letras, por lo cual estará desprovista de ese matiz positivo o negativo. Podrá resultar más o menos atractiva, claro. Significa "gracias". El equivalente japonés de esta palabra alemana fue uno de los utilizados en el experimento y dio como resultado unos cristales preciosos. El caso es que esa palabra retiene la energía de la interpretación que le damos y eso se transmitía al agua.

Y si con esos solos resíduos de lo que siente quien ha escrito la palabra, el agua consigue captarlos y reaccionar, ¿cuál puede ser el grado de influencia de una persona con respecto a otra? Si esto es así, la capacidad de influir los unos en los otros debe de ser enorme, teniendo en cuenta la cantidad de agua que nos compone. No es simplemente que hablemos de cierta forma, que nuestra mirada tenga cierta intención o que nuestros gestos delaten lo que sentimos; es ya que nuestra simple presencia, el hecho de estar en un lugar con alguien, es suficiente para influir en esa persona.

Yo me he parado a pensar en esto porque, a veces, me he fijado en que ciertas personas de éxito (aunque no hayan conseguido triunfar en el sentido más material de la palabra) emiten una sensación de algo así como bienestar, tranquilidad y seguridad que pueden ser incluso cautivadoras. Otras personas, por contra, parecen repelernos de entrada, sin que tengan que hablar.

El experimento de la cristalización del agua me pareció en su momento muy importante y sigo pensando lo mismo, sólo que en estos momentos me fijo más en las personas que en el agua. Si podemos hacer que, con nuestras sensaciones, un cristal de agua sea algo precioso o todo lo contrario, ¿qué no podremos hacer en los demás?

Que cada uno piense hasta donde quiera pensar...




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