martes, 29 de julio de 2008

QUE SE HAGA EL SUECO

Hoy tengo el día libre y, como ocurre cuando libras entre semana, estaba un poco aburrido esta mañana. La televisión no me ha aportado ninguna solución a mi problema de recién levantado, así que he puesto la radio a ver qué decían. Y, entre unas cosas y otras, mis oídos parecen haberse despertado al oir una estupidez como un castillo. Aunque para el protagonista de la noticia no tuvo que ser así.

El caso es que un presentador de un noticiero se fue de vacaciones en verano y decidió, como muchos hombres perros (esto me suena de otro blog...) dejar de castigarse la cara con la maquinilla de afeitar. A su mujer le gustó la idea y, al final, el hombre acabó dejándose bigote. He buscado por internet y he encontrado ésta, que debe de ser la misma noticia.

Pues bien, cuando el pobre hombre volvió de sus vacaciones y empezó a presentar su programa, llegó un aluvión de llamadas a la redacción exigiendo que se quitara ese felpudo que le había saludo bajo la nariz. Las llamadas eran, desde luego, de telespectadores. El señor en cuestión tuvo que, tras hora y pico de programa, afeitarse el bigote.

Esto ocurrió en Suecia, donde la gente paga una licencia por tener televisión en casa (cosa que no había oído nunca). Pero a mí eso me parece una razón más que insuficiente para justificar ese capricho y las exigencias de la gente ante el cambio de look de este hombre. ¿Sales en la tele y ya eres propiedad de los telespectadores?

Eso recordará a cualquier dependiente o a quien trabaje cara al público la máxima esa de "el cliente siempre tiene la razón". Yo, por mi experiencia tanto como cliente como dependiente, sólo tengo que decir que cuando hay que utilizar esa frase es porque el cliente no tiene ni un ápice de razón.

¡Qué desquiciada que está la gente!

¿Se ha notado que he usado mucho la palabra "gente"? Es que hay "gente" y hay también hay "personas", pero no son lo mismo.

Por cierto, a mí me parece que con bigote está mejor.
Publicar un comentario