martes, 29 de julio de 2008

MIS YOS

A lo largo del día, uno puede pararse a pensar muchas veces en si debe decir tal cosa o tal otra, en qué pensará quien tenemos enfrente de nosotros si le hablamos de una forma concreta. Por eso, al final de día acabamos fabricando una imagen que es la que queremos que los demás tengan de nosotros.

Eso está bien porque así controlamos nuestra apariencia (no física únicamente) y podemos adecuar nuestras respuestas a lo que nuestro interlocutor quiera o sepa recibir. Pero, si lo habéis probado (aunque más bien creo que eso se hace de forma inconsciente), veréis que es muy cansado y al final te hartas. Quizá dé por sentado que más gente se sienta así, pero supongo que es difícil que eso me pase a mí solamente.

Cuando se intenta controlar la impresión que se causa en el resto de la gente ç, me parece que se pierde un poco de la originalidad de cada uno. Sí que elegimos cómo actuar en cada momento y, por lo tanto, somos nosotros mismo quienes decidimos, pero desaparece la naturalidad. Si cada vez que hablamos con alguien tuviésemos que recordar todo lo que le hemos dicho a esa persona, lo que nos ha visto hacer y la impresión anterior que ha tenido, me parece que tendríamos un estrés considerable y acabaríamos por no querer hablar con nadie. Igual me paso, pero es para que quede más o menos claro lo que quiero decir, si es que soy claro alguna vez...

Pero, entonces, si nos dejamos llevar es posible que digamos ciertas cosas o que actuemos de tal forma que la persona que tenemos delante se "asuste" y no acepte del todo lo que somos en ese momento. Que demos mala imagen, vamos. Y ahí está el quid de la cuestión: preocuparnos de la imagen o ser de verdad.

En algunas ocasiones creo imprescindible controlar ese "yo" que sale sin control para llegar a un objetivo (negociar, por ejemplo), pero me parece que en la mayoría de los momentos que podamos pasar al cabo del día, la mejor solución es no controlar ese yo natural y profundo.

La imagen es importante, pero respetarse uno mismo lo es mucho más. Puede que haya gente que se asuste o que opine de forma negativa sobre nosotros, pero eso es lo mejor. Sin querer, cuando actuamos así nos deshacemos de esas personas que no nos convienen por el simple hecho de no comprender lo que hacemos o cómo pensamos. Si me controlo demasiado con alguien, esa persona no va a ser capaz de conocerme nunca.

Ahora que trabajo en un sitio cara al público (mucho y de muchas nacionalidades) veo a personas muy curiosas, algunas de las cuales parecen estar un poco tocadas o ser un poco "especiales". Al principio muchos, incluido yo, se sienten incómodos en presencia de esa gente, pero me parece importante que se haga el esfuerzo de intentar comprender el porqué de esa actitud, de esa forma de ser y de ver la vida.

Además, si uno actúa con toda naturalidad puede ser rechazado, pero en el momento en que encuentre a alguien que le comprenda o con quien conecte, la sensación valdrá la pena.

Para un ejemplo: este blog.
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