viernes, 18 de julio de 2008

UN METRO BAJO TIERRA

Estoy en Barcelona; de hecho, llevo aquí desde el miércoles y hoy ya es el último día porque esta tarde me vuelvo a Alicante. He aprovechado esta semana que libraba tres días del trabajo y he cogido un avión para venir a ver a mi amiga Paula, a ver cómo una argentina habla en catalán, jeje.

El problema es que en tres días da tiempo de hacer las cosas justas aquí y ver los sitios imprescindibles. De hecho, no he ido a ver la Sagrada Familia. Paula trabaja por las mañanas y no he visto demasiado claro eso de desplazarme por el metro. Los de pueblo semos asín. Y, además, que para ver el templo todo lleno de andamios y no entrar (vaya precios), pues casi que me doy una vueltecita a pie cerca de casa.

Pero hablando del metro, aunque no es la primera vez que lo utilizo (he estado en el de Londres también), sigue siendo un elemnto extraño para mí.

Nada más llegar a Barcelona, ya me ví metido en las entrañas de la ciudad en un ambiente que me recordaba al submundo de mutantes de Futurama. Me daba la senación de que, una vez pagada la entrada, cambiaba el ambiente diurno de la ciudad por otro estático e invariable en el que hay otras normas y el tiempo y el espacio son distintos. Además, aún me resulta extraño eso de entrar en el metro en algún punto de Barcelona (pongamos que cerca del Raval, por ejemplo) y, tras unos minutos de luz artificial, de recorrer pasillos con mucha gente e incluso músicos tocando, uno aparece finalmente en otro sitio completamente distinto (Barceloneta o el gótico, por seguir con ejemplos).

La sensación que he notado en esas ocasiones no ha sido del todo agradable para mí, no obstante. Se me hace bastante raro eso de ir de punta a punta de la ciudad sin ver un sólo edificio o sin ver a gente que se mueve a pie, de forma autónoma. Al llegar a la parada de destino, como me ha dicho mi primo René, que ahora vive aquí, parece que te muevas entre "islas".

No sé si será esa falta de costumbre en estos avances o que de verdad necesito ver por dónde voy, pero no me acaba de gustar esa sensación del metro. Desde luego, es un medio de transporte como pocos y sin él la vida en grandes ciudades sería mucho más complicada. Yo prefiero ir en autobús o en moto, porque así se ve bien como conectan unas zonas con otras y, aunque sea de ciudad, se contempla un poco el paisaje; cosa esta poco práctica si no vas simplemente de paseo.

Y para los inexpertos en estas modernidades como yo: en las escaleras mecánicas del metro (al menos) hay que ir en fila de a uno a la derecha para que quien tenga prisa pase corriendo por tu izquierda. Supongo que a primera hora de la mañana esto no lo respetará nadie, pero el resto del día parece funcionar bastante bien.

En fin, que tengo más cosas que contar aunque no he exprimido la ciudad (no venía a eso) y ya iré comentando por aquí. Mientras tanto, os dejo esta fotografía de aquí arriba que hice ayer del Tibidabo (sí, ese perfil negro y pqueñito que se ve) desde cerca del Parc Güell.
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