viernes, 4 de enero de 2008

PASA EL LIMPIA

Hoy estaba pensando en la costumbre que existe en algunas ciudades que consiste en que, cuando acabas un libro, lo dejas en algún lugar público para que otro se lo lleve y así la cultura pueda ser gratuita, que se comparta. La verdad es que me parece una idea bastante bonita.

El caso es que me he dado cuenta de que, además de hacerse con libros, esta costumbre también existe en lo que toca a los coches. No digo que cuando uno quiera un coche lo deje por ahí tirado con las llaves puestas para que lo coja quien pueda. Tal extremo, de momento, sólo se ha dado en un anuncio de coches que salía por televisión hace poco. Todo llegará.

El caso es que esto del intercambio parece que sí que existe para una pieza muy concreta del coche: llego tranquilo, me acomodo en el asiento y ajusto los retrovisores, pongo música y le doy al interruptor que tan amablemente me limpia siempre los cristales y, de repente, un chirrido insoportable llena todo el habitáculo. Me han levantado los limpiaparabrisas; y van tres.

Y es que esta moda me llegó sin yo esperarlo y creo que, con los malos pensamientos que siempre me rondan la cabeza, yo me lo tomé como un robo. Si es que soy de lo que no hay: mira que pensar eso... Una simple notita poniéndome al corriente de esta costumbre me hubiese ahorrado el disgusto de creerme víctima de un robo.

Yo, lo digo en serio, pido a la próxima persona que se encuentre con mis limpiaparabrisas que, si éstos se hallasen sujetos o anclados a unos soportes de metal que "salen del coche", los dejase en su lugar ya que, en contra de lo que pueda parecer, todavía no habrá llegado el momento de su partida. Si, por el contrario, los ve tan deseosos de salir volando de sus pequeñas ataduras de metal y dejar atrás ese coche que los recibió con tanto cariño que no tiene más remedio que adoptarlos bajo su protección, que los coja.

Una cosa para quien decida seguir la costumbre de compartir estas piezas de coche: espero que ahora seas más feliz.
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