jueves, 24 de enero de 2008

AUTONOMÍA BÁSICA

Durante 6 años me curré los estudios (es un decir) y acabé la carrera, licenciándome en traducción e interpretación. Los dos años de propina se los debo a un profesor muy agradable que nos hacía sentir tan bien en clase, que quisimos muchos dejar sus dos asignaturas para el final, pero esa es otra historia. El caso es que soy un feliz licenciado parado.

Uno puede estudiar muchas cosas, pero cuando justo antes de empezar la Universidad te empiezas a plantear qué carrera escoger (si es que nada o todo se te da bien) y te dicen que tal o cual tiene mucho futuro, que las salidas profesionales son envidiables, que hay trabajo para todos, en fin, que la elijas, pues tú vas y la eliges, que para eso tienes 18 años y las cosas no muy claras.

Pasan los años y tú vas aprobando, incluso sacas buenas notas, y llega el temido momento de la graduación. Temido porque te vas a ver en una cena rodeado de compañeros y amigos, pero también de profesores "contentillos" y, sobre todo, muy pesados; hay otros que hasta es interesante que se sienten contigo, eso sí.Bueno, que llega ese momento y, de repente, ves que ese futuro laboral tan bonito y tan colorido resulta ser un cuadro abstracto en blanco y negro. Llega la desilusión (y, en serio, puede llegar a ser bastante importante).

En fin, como has estudiadio traducción y de eso se puede trabajar como autónomo, por cuenta propia, pues no hay problema. No: hay muchos. Pero da igual: tú has decidido ser libre e independiente, una vida en la que brilla el Sol y no dependes ni de jefes ni de horarios impuestos. ¡Qué bonito es el mundo desde mi ventana esta mañana!

Bueno, pues vas a dar el primer paso y, ¿qué haces?: hay que hacer facturas para cobrar, claro, y eso supone darte de alta como autónomo. Pero, bueno, nuestros gobiernos se caracterizan por querer facilitarnos las cosas en todo momento y fomentar el empleo, el autoempleo y la creación de empresas porque saben que todo eso ayuda de forma muy importante a que el país se desarrolle económicamente y nos pongamos "a al cabeza" del desarrollo económico, así que no habrá muchos problemas. ¡Qué va!

En ese afán de ayudar al pueblo que los ha elegido, te encuentras con que la cuota de autónomo mínima ronda los 210 euros. Vaya, sabías que el mundo de la traducción era difícil por la cantidad de traductores que hay, porque contratan a cualquiera que sepa idiomas para traducir, etc., pero ahora está aún má complicado. Es decir, que sin tener cartera de clientes ni clientes siquiera, sin tener todavía ningún contacto ni vistas de por dónde empezar, te vas a tener que rascar el bolsillo: 210 euros al mes.

- Pero, ¿sabe usted lo que cuesta ganar ese dinero todos los meses? Si habrá de ellos en que no trabaje nada y no por gusto... -digo perplejo.
- Pero seguirás siendo autónomo -me contesta la funcionara hembra.
- ¡Pero si no trabajaré!
- Pues no te des de alta -dice ebozando una sonrisilla.
- Entonces no podré facturar.
- Pues date de alta.
- Por lo meno, tendré paro, ¿no?

En ese momento, el ser de la ventanilla se acabó de descojonar y la reemplazaron por un funcionario macho que me despachó en un pis pas, total solamente tenía una cosa que decirme: los autónomo pagan.

Así que, nada, ya con un conclusión clara, me vuelvo para casa: ahora que he acabado los estudios de traducción, voy a ver si puedo trabajar de camarero o algo para pagar el derecho a trabajar.
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