domingo, 6 de enero de 2008

LOS PLACERES DE LA POBREZA

La noche del día 1 de este año, como muchas otras personas, pensé que la mejor forma de pasar el rato era ver el programa Callejeros del canal Cuatro.Consistía en un especial en que pasaban dos reportajes: "Pedir" y "Comida Basura".

El segundo era una reposición, pero "Pedir" era un reportaje nuevo y bastante impresionante. En él, entrevistaban a una serie de personas que, por unas razones u otras, vivían en la calle. Había de todo: chavales jóvenes que vivían haciendo malabares, quienes hacían teatro en las calles de Barcelona, matrimonios que lo habían dejado todo para "solucionar" su vida, etc.

Lo que más me impresionó de todas las personas que desfilaron por la pantalla, fue lo que dijo una mujer. Se trataba de una mujer mayor (quizá unos cincuenta y cinco años o así) que se pasaba el día apoyada contra una pared abrigada con una simple manta. Si pedir ya tiene que ser duro de por sí, más lo debe de ser cuando se es ciego. Y más todavía si sabes que, aunque no lo puedas ver, tu hijo viene a diario para vigilar que no haya nadie que te moleste. Para una madre, tiene que ser una tortura saber que su hijo la mira mientras ésta pide limosna sentada en el suelo. Y no quiero ni imaginarme lo que ese chaval, que no tendría ni dieciocho años, debe tener por dentro al contemplar esa estampa. Y cada día...

Pero lo que más me emocionó fue oir que esa mujer aseguraba casi llorando que ella vivía porque había en el mundo mucha gente buena. En ese momento, sentí una vergüenza tremenda al recordar algún momento en que he dado limosna a alguien cuando me paré a pensar que con esas monedas, con esas sobras, alguien era algo más feliz. Me pareció que, hasta entonces, había sido incapaz de apreciar lo realmente importante. Y no dudo que, en parte, sea así.

Esa mujer, a pesar de la desgracia que vivía, decía lo buena que era la gente. Y lo hacía de corazón. En lugar de estar cabreada, de sentir ira hacia una sociedad que no le dejaba otra salida, que no le ofrecía ni la posibilidad de vender números de lotería, esa mujer pensaba en lo buena que podía llegar a ser la gente y se emocionaba con ello. Sinceramente, cuando he hablado de lo buena o mala que es la gente, no me suelo encontrar con esa opinión en mi entorno (privilegiado, en comparación).

Eso me dio mucho que pensar. Y más aún cuando veo algún documental grabado en la India. Quien se fije podrá ver que muchas de las personas que en ellos salen, esos que viven en poblados de pobreza extrema, siempre salen sonriendo. Eso siempre me ha parecido muy curioso y no lo he llegado a entender del todo. Supongo que en ese caso puede tener algo que ver con la espiritualidad, pero me sigue pareciendo muy curioso. Así que, cuando oí lo que decía la mujer de "Pedir", caí en lo de la pobreza.

La gente que no tiene nada es normalmente más humilde que el resto y parece apreciar de forma distinta lo que ocurre. No sé si será así, pero creo que al no tener nada, cualquier cosa ya es mucho. Y de ahí el título de esta entrada (títiulo de una canción de Héroes del Silencio). Esto son solamente reflexiones mías que pueden estar mejor o peor encaminadas, pero espero que alguien comparta todo esto. Uno se da cuenta de qué es lo importante de verdad cuando parte de no tener nada.
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