domingo, 8 de mayo de 2016

OJOS DE GATA

"En el alma de la noche todo se oscurece, los brillos se tornan pálidos y se asustan ante la negrura inminente de lo que se les viene encima. Acobardada, la noche corre a esconderse en el rincón más oculto de una luna que ya ni atina a brillar con decencia. Venida a menos, desmejorada, su brillo se enturbia hasta no ser más que un halo que sobrepasa alguna nube insolente. Se hace el silencio y los colores desaparecen en una noche tan de improviso que nada cuenta: ni mensaje, ni intención, ni tan siquiera un propósito de vida o algo más. Se hace oscuro y todo desaparece entre la nada, perdido en las sombras de un crepúsculo mal calculado que llega, por llegar, horas tarde de cuando debiera. Y la luna ahí escondida, asustada del reflejo de unos ojos de gata que, agazapados, esperan el momento de saltar la imaginación más perdida entre recuerdos. La luna, como fuese en tantas noches dejadas en la falta de luz, asombrada como nunca y escondida como siempre entre... ¿Entre tu y yo?

Ojos de gata que resplandecen al reflejo de otros que observan en la distancia, ausentes del impulso de lo vivo, de aquello que empuja a seguir adelante y no recular. Esos ojos... Esos ojos cansados que no quieren derramar nada más, y menos aún sin razón aparente. Pero es que eso de aparente... No, aquí las apariencias se quedan en lo justo, en el mismo instante de no saber qué hacer. Porque hacer, lo que se dice hacer, haría lo imposible aunque no se obtuviese resultado; y así será siempre. Esos ojos, esa luna, esa gata que viene y disfruta cuando la miran de frente, cuando la acarician sin cesar...

Esos ojos de esa noche tan vivida, tan auténtica y tan teñida de especial. Esa noche que las miradas ausentes no dejaron de fijarse en los ojos de gata, a escasos centímetros, a vidas de distancia, pero tan cercanos que casi se les podía besar. Y yo tan lejos... A medio metro, o menos, sí, pero tan lejos, tan sin poder tocar... 

 Ojos de gata y esmeralda que se cruzan en el camino de quien no sabe ya adónde mirar. Ojos de gata, y tan silenciosos, que por mucha atención que preste no acabarán nunca de dirigir su atención hacia donde pueda interesar. Ojos de gata, y tan bonitos... Ojos de gata que, por mucho que me cueste, espero nunca poder olvidar. 

 Ojos de gata que aparecen y de los que ya no se puede escapar."

AL INFIERNO

"Al infierno, al infierno irá todo lo que no se puede tocar. Y ver, ni de casualidad, pues todo acabará reducido a las cenizas más negras, más insondables, más pegadas al alma que se pueda encontrar.

Al infierno y con todo, sin dejarse nada atrás. Todo calcinado en un intento de seguir, de no volver nunca a mirar, de perseguir lo inalcanzable y quedar exhausto y tendido sin aliento al final. Al infierno.

Al infierno con las falsas miradas de falsos ídolos construidos por recuerdos que no atinan, por falsas emociones que no saben en qué puerto olvidado atracar.

Al infierno y así acabe todo, tan hundido en la pausa de un silencio que no se pueda llegar a oír algún día su lamento, ajado y mordido por mil experiencias, por mil sensaciones, por mil y un encuentros de los que nunca merece la pena el final.

Al infierno, y todos con él. A la muerte y al páramo sombrío, a ese trozo de tierra latente que nadie sabe dónde se encuentra, al que nadie sabe como llegar.

Al infierno."

sábado, 7 de mayo de 2016

TU LADO NEGATIVO

"Las noches oscuras, los días sin sol y de sola oscuridad amenazante, las noches sin dormir y de mirada fija en un techo que se mueve al compás de los malos pensamientos... El rellenar huecos yermos con la imaginación impregnada de recuerdos que no volverán, el más ausente vacío en un interior que nunca acaba de llenarse, ese hueco negro y hambriento al que le da por tragarlo todo... Intentos de nublar la vista y cegar el mundo alrededor... ¡Ese sol, que no brille! Pero eso ya me lo conozco.


Por suerte y por desgracia, que todo es uno al fin y al cabo, sé de lo que hablo y conozco al momento lo que puedo ver. Y he visto la sonrisa más sincera y los ojos más abiertos y coloridos, y los he visto entornarse, a esa misma mirada, ante un no sé qué hacer y no puedo dejarme llevar. Lo he visto, lo he sentido y nunca he llegado a olvidarlo. No lo olvido porque es necesario, porque ese punto de negatividad es necesario incluso para mí. Ese impulso, tan escondido como incondicional, ha acompañado cada momento difícil de una vida que pocos han querido o han llegado a comprender. Pero me ha abierto los ojos como pocas otras cosas lo harán jamás. Soy nuevo, el sol está aquí adentro y jamás lo dejaré salir porque será mío hasta el final si con eso, en noches de negra oscuridad, me da las herramientas para poder entender esos ojos de gata que miran a ninguna parte, esos que meditan sin saber cómo actuarán. Por suerte, y por mucha que he tenido, ese punto de negrura inusitada, detestada a la par que querida, me ha marcado entre los ojos para distinguir a quien sabe, de quien puede merecer. Y, si por merecer viene el asunto, a quién más habría de buscar.


No es el momento, como nunca lo ha sido y probablemente nunca lo sea, pero a mi ya eso es algo que me da el más absoluto igual. El momento es el momento, se llame como se llame, y quizá esta noche la luz de la luna que no existía haya marcado un camino que no sepa seguir, uno del que no me conozca las piedras de cada rincón. Pero aún así me atreveré a tropezar cuanto haga falta. Tropezaré hasta con la grava más minúscula que se me cruce si eso ha de ser, como hoy, el principio de un dulce final que no acabe en uno separado del otro, sino en un principio de lo que, a partir de esta noche, sea o nunca será.


No es el momento, pero yo te abrazo, complaciente y egoísta por sentir el tacto de un encuentro nuevo, de un no saber exactamente cómo tengo que actuar para llegar al final de esta carrera. De esta carrera... Vaya expresión, pues ni corro ni me dejo el hígado en el camino. Más que nada, porque en este rincón que habito se hizo la costumbre de esperar. Pero encontrarte... Encontrarte fue otra historia. Un cuento que tiene un comienzo claro, distinguible, achacable a una noche de fiesta y poca esperanza, pero incontrolado más tarde en un desatar que yo qué sé...


Y es que, al final de todo, se reduce la vida a eso: a que no sé. Pero no sé a tu lado, no sé de cerca, no sé cómo será... pero basta un vistazo a tus ojos de gata, a tu moverte sin querer, a esos gestos que nadie aprecia más que yo, a esos momentos en que sobra el mundo... Sobra todo menos esa mirada que, furtiva, esquiva a todos los comensales de la mesa y se viene a posar en mi, si bien solamente un segundo. Pero ese instante vale una eternidad y así lo guardaré, sea lo que sea. Tan valioso y tan atesorado, que al poco de haberlo conocido ya sé que quedará para siempre aunque sea en esta imaginación provocada por el alcohol, buscada mediante dulces que no existen sino porque tú estás.


Al final, como deben acabar las cosas, quedará la ropa con un olor desconocido, con uno poco acostumbrado que deshaga esas noches de oscuridad en que, al menos, uno de los dos mirará al cielo y se alegrará. Ese punto, tan de oscuro que nadie sabe, yo lo conozco. Ese punto, tan de tú que nadie conoce, arde en el deseo más interior que puedo albergar. Ese punto, tan... Seré lo que haga falta y aún, si se necesita, seré muchísimo más. Seré todo lo necesario, todo lo que necesitas y que quieres, todo lo que podrás desear. Aunque, destino incierto, puede que al final me tenga que marchar por donde he venido, rabo entre las piernas y orejas gachas, al calor de otra noche en cualquier otro umbral.


Al final, como dicta tantas veces el papel en blanco de esta vida, será lo que quiera que sea. Pero sé, y de eso estoy convencido, que en el último momento de un recuerdo, de una visión extraña que anuncia el final, seré yo quien se presente y serás tú la última en quien pensar."

viernes, 29 de abril de 2016

EL CAMINO DE LA ENTRADA

"Voy a sembrar el camino que se acerca a esta casa de alambre de espino. Decoraré con sangre las púas que destrozarán la piel de quien piense en acercarse; así al menos sabré que nadie se acerca por miedo. Un miedo que, de tan justificado, se convertirá en atávico y dominará absolutamente todos los instintos. Será la sangre seca de las púas erizadas hacia el cielo la que cale los falsos deseos de mirar pero no querer ver en realidad. Ahuyentar a conocidos y extraños, eso sí, pero cada cuál sabe que a una puerta siempre son muchas vías las que llegan. Pero una, esa única y concreta, quedará arrasada de metales hirientes y lascivo, anhelante de jirones de piel y carne que devorar. Ajados, perdidos y espantados quedarán los músculos que consigan recorrer los escasos metros que separan el mundo de este portal aciago y casi olvidado. Al final, llegue quien llegue, solo un manojo de nervios y de pupilas perdidas llegarán hasta este quicio tan al aire que está escondido a la vista de los demás. Esta casa, tan erguida ante todo desde tantos años, será el final de lo que pueda acercarse. 

Voy a sembrar el camino de un alambre afilado que atajará intentos de querer venir. Va a quedar tan enterrado, tan perdido en un suelo inhóspito, que no habrá exploración que lo sortee, que no habrá dios que lo evite sin perder en ese momento la bula de su pecado original. Destrozarán, arañarán y dejarán tendones al aire, al amparo únicamente de una luna y un cielo que no cuidan ya a nadie. El frío arraigará en esas heridas y así todo morirá: impulsos, nervios, ansiedad, imaginación y los miles de pinturas que esperan tras estas cuatro paredes. Todo muerto.

Todo yermo en el erial que quedará a las puertas de esta casa medio en ruinas, aunque tan reluciente... Ni las flores, ni las malas hierbas, ni un mísero insecto se acercará por este camino angosto y oscuro. Todo muerto en este desperdicio de tiempo en el que se recorren escasos metros. Todo ausente, todo quieto, todo ciego, todo sordo, todo en el más absoluto silencio...

Pero bien, así es casi mejor. Si al final nadie piensa acercarse al umbral de este edificio medio en ruinas, mejor impedirlo por si las ideas equivocadas. No, así estamos bien, cada uno bien perdido y guardado en la seguridad de su casa. No, así nos quedaremos, aislados tras un camino de espino que no perdonará un vacilar inoportuno. No, así mejor, que para todo lo conocido, ya no se trata ni de que sea malo o acabe peor.

Voy a sembrar el camino de filos y así aparecerá, como de la nada, quien pueda caminar sin sentirlo, quien solo piense en acercarse a la puerta de esta casa tan cerrada y llena de telarañas, tan en desuso que ya no le funciona ni la aldaba que sonase tiempo atrás."

jueves, 28 de abril de 2016

DISCUSIONES

"¡Ya está bien! No lo soporto más.  Se ha acabado eso de que decidas todo lo que tiene que pasar, cómo moverme,  adónde mirar,  qué recordar con cada olor que llegue desapercibido a mi nariz. Ya vale de tanta estupidez y de esta tiranía a la que te he malacostumbrado. Punto y final, y mucho más  a todo ese capricho que me hace mover los músculos como si de una marioneta se tratase este cuerpo.  No, ya vale, ya está bien.

No soportaré una más de tus de incisiones arbitrarias o con razón: no me importa lo más mínimo.  Esto de la inercia que me obliga a lugares que no comprendo, a momentos que no siento, a decisiones que preferiría mantener al amparo de esta luz de vida extraña se acaba porque lo digo yo; porque va siendo hora.  Tantos años siguiendo esos dictados que me han llevado a descubrir, si, y a terminar en otro rincón del mundo, en un páramo perdido que no lograba reconocer. No lo lograba, claro está, al principio, pero la costumbre se hizo fuerte y ahora casi se ha convertido en hogar. Pero no, ya basta de este dictamen imposible de seguir o de aceptar. Todo acaba, todo empieza y ahora es el momento de las dos cosas.

Desde hoy, y para no hundir los pies en barrizales, decido no volver a escuchar esas palabras sentidas que tanto me dirigen. Se acabó, no te soporto, no quiero volver a saber de ti.


Y,al final, el corazón hizo lo que le salió de los cojones y todo continuó igual."

martes, 26 de abril de 2016

FÍSICA CLÁSICA

"Qué cruel fue el universo
al crearnos de esta manera:
tú allí sin moverte, en el centro,
y yo sin parar de darte vueltas,
de orbitar como ausente de todo,
como si algo hacia ti me atrajera.
Pero no. Me acerco y, ¡paf!
Cambio de órbita y veo como te alejas.
Qué cruel esta distancia...
Y sí, sé que soy negativo, pero,
¿qué esperas? Si no te tengo,
si me falta tu halo de positivismo,
que cuando lo siento voy y...
¡Paf! Ya he vuelto a estar donde no era.
Crueles son las leyes de esta física,
que impiden que un electrón decidido
consiga, por más que orbita y orbita,
alcanzar al final su meta, su polo positivo.
Dicen algunos que de unirnos, todo reventaría.
¡Pues que así sea y se acabe todo!
Lo pienso y no es por rabia, sino por ironía,
pues del universo fue al fin el único fallo
al no habernos hecho a los dos, uno,
al habernos creado tan distintos,
al obligarnos a vivir tan separados.

Qué crueles son las leyes de esta física..."

jueves, 14 de abril de 2016

EL MUERTO VIVIENTE

"Cuando la tierra se abrió en el cementerio de la ciudad, lentamente comenzó a aparecer una mano pálida, ajada y de piel agrietada que se retorcía en espasmos. Piedra a piedra, el hueco se iba agrandando para dejar paso a todo el cuerpo que venía detrás. En apenas un par de minutos, el muerto viviente se erguía ante su propia tumba, tambaleándose y con la mirada ausente, fija en un punto perdido del firmamento. Pedacitos de tierra y pequeñas piedras caían rodando por los jirones de ropa que quedaban en aquél cadáver que regresaba desde otro mundo hasta colarse de nuevo en el agujero que su repentina vuelta a la vida había dejado, una tumba que ahora quedaba abandonada por su único ocupante.

La luna brillaba en lo alto de aquella noche, y lo hacía con tal intensidad que eclipsaba a las estrellas que tenía alrededor. De resucitar en algún momento, aunque fuese como un cadáver andante, ya podría haber sido cualquier otra noche. Aquel fulgor cegaba al ex-muerto agonizante. Tenía la sensación de que, de repente y sin previo aviso, sus ojos saltarían de las cuencas agusanadas que ahora habitaban en busca de la ceguera más absoluta. Antes no era así. Quizá cuando todavía conservaba la vida fresca y sin tocar, aquellas luces le hubiesen parecido incluso tenues en comparación con los días vividos. Pero esa noche, había una belleza tan enorme en aquella luna que no podía soportarlo, ya no, nunca más. Ahora, muerto por dentro y por fuera, muerto a más no poder, el exceso de belleza y brillo que se encontró en su revivir, quemaba y dolía como nunca hubiese imaginado en la vida que pasó buscando precisamente aquello: la belleza. Se acabó todo y la muerte era un lugar distinto, incluso estando vivo... Tanto dolor se precipitó dentro del nuevo zombi que, inconscientemente, se echó las manos a la cara y, apretando con tantas fuerzas como pudo, se arrancó los ocupantes de esas cuencas que, ahora sí, lucían vacías y ausentes de todo; de todo menos de gusanos, si acaso. Pero el dolor continuaba, a pesar de que ya no era capaz de contemplar toda aquella belleza que le rodeaba y que se le vencía desde lo alto. No podía ser, si ya no tenía ojos para ver el espectáculo...

El no-muerto se quedó instantáneamente quieto. Ni uno de sus raídos músculos daba signos de vida; o de cualquier cosa, más bien... El sufrimiento seguía pero, ahora que no podía ver lo que ocurría fuera de sí mismo, la sensación cambió. ¡Los pulmones! ¡Eran los pulmones! El aire alrededor era tan fresco, tan nuevo, tan húmedo y agradable que no hacía sino arañar a su paso por el interior del cadáver que volvía. El frío se pegaba a las paredes de nariz, boca, pulmones... Cosa que lo hubiese hecho sangrar, de no ser por la minucia de que ya no le quedaba ni una gota. Después de todo, aquella había sido la razón de su muerte: sorbo a sorbo, toda su energía se marchó en forma de hilillos rojos que se quedaron por el camino, destrozados y luego ignorados por todo lo que importaba. Ni una gota, como un muñeco de trapo que se deja hacer lo impensable, y no por no poder evitarlo, sino por no tener ni el ímpetu de hacerlo. De algo hay que morir... Pero se quedó, en aquella noche ahora oscura de ni una sola luz, sin una gota de las que pudiese tirar, y eso le venía que ni pintado. Al menos así lo creyó al morir, porque la resurrección le había descubierto que ni por asomo. Sin sangre y sufriendo por ese frío tan corrosivo que le llenaba unos pulmones agujereados por el tiempo y el esfuerzo: respira hondo, respira hondo y cierra los ojos... Ya no servía esa frase que le calmaba los nervios en otro tiempo, en otra vida; en vida, simplemente. Ahora el aire cortaba como un cuchillo helado. La solución, pues, no pasaba por otra cosa que no fuese esa idea persistente que se le formaba sin querer en su ahora reducida imaginación. Como hiciese antes, el zombi movió los brazos y dejó sus manos a la altura del pecho, apoyadas en sus huesos y jirones de carne. Durante unos segundos, así permaneció, como meditando el siguiente paso, hasta que con un rápido gesto apresó los maltrechos pulmones y los arrancó de su cavidad. Al fin y al cabo para qué los iba a necesitar ahora que ya no quería ni precisaba respirar.

No se detuvo. El dolor no cesó ni por un instante cuando los pulmones, envejecidos por la humedad del suelo y una muerte que a saber cuánto había durado, aterrizaron frente a sus pies. Un pequeño gusano, larva seguramente de cualquier tipo de mosca, salió de entre la uña de uno de los dedos y, curioso, se acercó examinar aquello que acababa de aparecer ahí delante. Lentamente, el gusano comenzó a devorar aquel manjar de años que se le había presentado. Seguía el sufrimiento y ya no era entonces ni por la belleza que ya no podía ver, ni por un aire espeso y frío que lo alejaba de la realidad y lo mataba por dentro. No era aquello tampoco y ya iban dos las veces que se equivocaba y lo pagaban los maltrechos restos de su cuerpo. ¡No podía ser! ¿De qué servía morir y luego volver a la vida, si al final el dolor seguiría latente y, por lo que parecía, oculto? Tenía que haber algo, que salir de algún lugar, porque no podía ser que aquella forma de pasarlo mal no tuviese explicación alguna. Entonces apareció una idea.

Ciego y sin necesidad ya de respirar una sola brizna de aire más, el muerto tuvo una revelación. Si ya no podía ver o tomar aire, quizá la culpa de todo aquel malestar que le seguía comiendo el interior a dentelladas tenía que ver con la sensación que le recorría la piel. Esa sensación, como si algo fuese a ocurrir, algo bueno, no dejaba de erizar el poco vello que había sobrevivido a su confinamiento bajo tierra. Insoportable era la palabra que más se le venía a la exigua imaginación. Intentó rascarse con el inútil resultado de arañar la piel una y otra vez. Como si de escamas se tratase, trocitos de cuero saltaban de los antebrazos de aquel cuerpo de carne azulada y envejecida. El dolor no se mitigaba, así que el zombi continuó arañando, rascando y haciendo mella en sus brazos, en las piernas, por el cuello... Por todo el cuerpo rascó el antiguo vivo hasta que no quedó el más mínimo rastro de piel. Ya no había lugar para aquella sensación que lo recorría, ya no había vello que erizar, o piel que estremecer; ya era un amasijo de carne desnuda y expuesta a todo. Pero el dolor no emitía, no detenía su avance y ni tan siquiera reducía su intensidad.

El muerto empezaba a volverse loco. “Un muerto loco”, pensó y sonrió ante aquella idea. Pero era insoportable. Aquella situación lo estaba destrozando por dentro y por fuera. No podía calmar la aflicción que, de alguna forma, le había atacado al volver a la vida o a lo que fuese que se pudiera llamar a su estado.

—Joder, resucitar para esto... Si lo sé, me quedo bajo tierra —dijo esta vez en voz alta, cabreado con el mundo.

Pero, ¡eso era! El dolor estaba tanto dentro como fuera y, si afuera ya no le queda nada con que percibirlo (o eso había intentado con sus mutilaciones voluntarias), quizá todo fuese un reflejo de lo que andaba en su interior. Ya no tenía con qué ver, con qué respirar o con qué notar la brisa al pasar alrededor. Ya no quedaba nada con qué sentir toda aquella belleza que le daba de lado; tanto que la buscaba, tanto que le era imposible conseguirla.

En un último acto de consciencia, el muerto volvió a poner su mano derecha sobre el pecho, justo al lado del hueco que había quedado tras la emancipación de sus pulmones. Un gesto rápido y la mano atravesó de nuevo las barreras que la separaban del interior de aquel torso cada vez más vacío. Una vez dentro, la huesuda mano apresó el corazón del zombi. Sorprendentemente, el órgano permanecía allí, intacto desde el momento de su muerte, latiendo incluso sin sentido pues ya no quedaba qué bombear. Pero, entonces: ¿por qué se movía? ¿Por qué seguía funcionando? De repente, lo entendió y los dedos fríos hicieron toda la fuerza posible en aquel estado de muerte relegada. Estaba en lo cierto, y aquello era la solución definitiva. Nada recordaba ya del mundo anterior, de la vida que había llevado; tan sólo quedaba aquella sensación de dolor y de no saber, de no tener ni idea de por qué suceden las cosas. Pero había dado con la solución.

Una vez arrancado su propio corazón, toda sensación desapareció. No hubo dolor, no hubo tristezas, no hubo nada, ni alegría siquiera. Pero ya no necesitaba de la alegría, pues nada le afligía ya. Satisfecho, si así se pudiese decir, el zombi se encaminó de nuevo hacia el agujero de la tierra de donde había salido. Por fin, de una vez por todas, estaba fuera de todo, oculto de veras a cualquier cosa que pudiese venir. Y, ahora sí, el muerto estaba muerto y ya no volvería jamás."

DERROTAS

"Todas las cabezas se giraron de repente. En lo alto,  como el brillo de un antiguo sol que alumbrara humanidades, unas imágenes incandescentes atraían e hipnotizaban todos aquellos ojos que, pendientes del movimiento de los veintidós, cerraban su experiencia a otro mundo más inmediato, más real y más ficticio,  más falso y encarnizado que cualquier resistencia social.

Todos contemplaban lo alto como ausentes,  como babas cayendo de una boca entreabierta y descoyuntada en el atontamiento de la sociedad. Todos miraban,  y mis ojos al suelo en desconexión,  en esa falta de contacto y de compartir lo que todo el mundo adora.  Mundo de soles de plástico, de ídolos mal construidos que no atinan a empalmar dos palabras seguidas con coherencia. Ídolos,  como nunca debió ser,  de cabeza vacía y bolsillos llenos, que dejan lo que fue digno en una mera impresión, en un simple recuerdo de una época en que todo era distinto, en que todo valía más de lo que cuesta hoy. 

Todos se giraron y se perdió el sentido de la vida. Ahogados en la imagen de lo deseado, de la envidia por no ser ellos, del ansia de ser más en cualquier competición. Todos se alzaron ante tanto que se marcaba. Todos se alzaron, la sangre comenzó a hervir y unos y otros se restregaron victorias y derrotas. Victorias en las que nadie conocido hubiese participado; derrota de cada uno que se encontrase enfrente,  a sangre y fuego,  a brazo partido  y cuchilladas si fuese necesario por sus ídolos, caídos o en victoria.

Todo el mundo alzó la vista mientras yo cerraba los ojos, ausente de todo lo que conocía el resto, intentando la concentración en un mundo que quizá, sólo  quizá, nunca acabe de existir.

Perdí el partido."

sábado, 9 de abril de 2016

LA PROTAGONISTA

"Esta noche voy a hacer de ti  la cosa más bonita del mundo. Escribiré tanto que, a fuerza de gastar tinta de bolígrafo, tendrá que salir en forma de gotitas azabache y brillantes todo aquello que impide que la luz inunde este lugar. Haré tanto que el páramo se volverá un valle verde, rodeado de las cumbres del agua más pura, del aire más fresco, del más nuevo sentir aunque solamente sea por una noche.

Esta noche haré lo más precioso que me ofrezcan mis manos. Y serás la protagonista de todo,  de un mundo entero ya cansado y de uno nuevo que no empieza a existir. Lo haré porque no me queda más remedio,  porque las imágenes se tiñen de verde turquesa,  porque no se puede pensar sino en imágenes recordadas de una noche de casualidad... Pero serás la cosa más bonita. Y así seguirá de hoy en adelante,  por muy oscura que se torne la noche porque, mientras vea esos ojos de soles incandescentes, nada más importará.

Serás la cosa más bonita que existe en esta noche eterna y pasajera, tan solo sea por haberte visto,  por saber que existes, o por la simple razón de que nunca estarás aquí. Serás la cosa más bonita de esta noche, de esta luna indolente que alumbra cuando quiere... Serás la cosa más bonita aunque solamente sea para mí."

viernes, 8 de abril de 2016

LA LLAMA AZUL

"Calor... Lo que daría por un poco de calor...

Cansada de vagar por páramos oscuros, con barro hasta las rodillas, los pies se arrastraban lentamente como si al mundo le fallasen las fuerzas para girar. Aún así, músculo a músculo, la maquinaria del espectro continuaba funcionando a través de una inmensidad insondable. Brizna a brizna, el aire helado cortaba milímetros de la oscura piel. Nada de sangre, eso ya había acabado tiempo atrás. Paso firme y adelante en la experiencia.

Pero lo que daría por algo de calor...

Lejos quedaba ya la ciudad de partida cubierta en llamas por completo; pero llamas frías y codiciosas que apagaban con su brillo cualquier atisbo de recuerdo. No, todo aquello ya debía de estar calcinado hasta los mismo cimientos de la razón. Y quizá así era, pero el susurro de lo eterno todavía conseguía aletear en una memoria casi perdida, totalmente ocupada ya por los yermos de alrededor. Que la ciudad quedase reducida a cenizas, que así caerían las falsas reinas que habitan el corazón. "¡Que caiga! ¡Que caiga!", susurraba la mente de la sombra oscura. "Desde la colina más alta lo celebraremos". Y así se hundió el antiguo reino de carne y hueso, de ver los colores del exterior, deshaciendo lo vivido en un recuerdo soterrado bajo los cascotes de un: "¿Quién fui yo?". Cayó todo y se hizo el más oscuro eterno, el más deseado y ensordecedor silencio.

Un pie tras otro, los pantanos se removían en borbotones de burla que emergían del barro, reventando sin remedio ante los ojos de aquella silueta andante. Ojos al cielo y, ¡qué sorpresa! Nada que ver. El lodo había tragado hasta la luz de la única estrella. Paso a paso, la sombra siguió su camino hacia lo más profundo del corazón. Razón ausente, nada más quedaba por hacer. Los centímetros se tornaron vidas, pero la sombra proseguía, terca en aquella decisión de abandonar la ciudad perdida y aislarse en lo más profundo que encontrase, en el trocito más apartado del más recóndito rincón.

Lo que daría por un poco de calor...

Un día, perdida la cuenta de tantos ya, un fogonazo interrumpió el silencio de la sombra. Como el fin de una era, un haz de luz cruzó de extremo a extremo el cielo dejando una estela brillante y nítida. La silueta perdida no tuvo más opción que presenciar aquel fenómeno como lo que realmente significaba. "Cuánto tiempo...". Sus ojos estudiaron lo que sucedía atentamente, conocedores de su corta duración. Pronto, en semanas, quizá en días, horas o minutos, el resplandor desaparecería dejando a la sombra volver a la oscuridad.

Así continuó el camino. Antes de que el hielo volviese a poblar el mundo de ese instante, la sombra se alegró profundamente. Apenas un segundo de su destierro huyendo de la llama azul había durado aquel destello, pero si ella había sido capaz de contemplarlo, seguro que así había hecho también alguien en el exterior.

Lo que daría por un poco de calor..." 

CUANDO QUISIERA

"Cuando quisiera encontrarte, buscaría hasta debajo de las piedras, en el rincón más perdido, más oscuro y más improbable de un mundo imaginado y a veces, solo a veces, reflejado en la realidad. Seguiría cualquier rastro que se acercase a tu presencia o que simplemente oliese a ti. Recorrería caminos que no existieran todavía con tal de seguir una senda, cualquiera, que llegase al final a dejarte frente a mi.

Cuando quisiera encontrarte, pasaría noches enteras con la mirada perdida en un horizonte arisco y desconocido, falso en vida hasta que una casualidad lo hiciese coincidir con las líneas de tu figura. Seguiría paso a paso el sendero más largo, observando a cada movimiento si una huella tuya se ha perdido en el barro. Caminaría como ido, perdido en un sentimiento tan encontrado como perdido, tan deseado como vivido en el suspiro de una noche.

Cuando quisiera encontrarte, pensaría en todas las historias de mis libros de terror, de aquellas películas que vi en la oscuridad, de aquellos fantasmas que no aparecieron porque si. Buscaría hasta en el más recóndito rincón de una conversación compartida casi porque eso tuvo que ser. Buscaría, y sin cansancio, hasta el extremo, en un reflejo claro de turquesa que aún no se ha llegado a conocer. Y es que, por buscar, buscaría en lo más profundo de ese mar de inoportunidad que persigue ciertas decisiones, ciertos encuentros y tantas situaciones... Por buscar, te buscaría sin más.

Cuando quisiera encontrarte, como te encontré en su momento, lo haría por pura casualidad agazapada en un rincón del tiempo en que no se puede coincidir. Pero te encontraría, que no te quepa duda, aunque fuese a altas horas de la madrugada, poniendo letra tras letra con la única luz del recuerdo de esos ojos de luna.

Cuando quisiera encontrarte, porque quiero. Sin embargo vivimos lo que buscamos, y no encontramos lo que queremos. Así, quisiera y no lo hago, por creerte tan lejos de todo, tan fuera de este momento, que las calles se hacen largas y separan estos pies de cualquier punto de encuentro. Cuando quisiera, y así es cierto, porque las ganas nunca faltarán por encontrarte, por mucho que permanezca en silencio.

Y si no se mueve ni un músculo, a pesar de buscarte tanto, es por querer encontrarte, aun por casualidad, pero sin tener que salir a tu encuentro."

miércoles, 6 de abril de 2016

ESTRELLAS

"Cuando el hombre vio la estrella, quedó pasmado ante tal belleza. No brillaba aquel astro como los demás; su luz, más intensa si bien más difusa llegaba a rincones de aquel hombre que, de tan adentro que se encontraban, ni tan siquiera él mismo conocía. "Si estos árboles hablasen...", se repetía incesante sin mover los labios, como sin sentido, ausente y perdido en aquella estrella del centro de su universo. Fue la primera y, como tal, inolvidable. Noche tras noche salía el hombre taciturno al amparo de una luna que, cuando aparecía, mejor: más oscuridad y la mirada siempre en la estrella. Día a día, mes a mes, el tiempo fue pasando en una nube de felicidad que solamente aquel hombre llegara a comprender.

Pero la estrella se alejaba. Inapreciable a la vista cansada de aquellos ojos gastados por el sol, el astro cambiaba su intensidad en parpadeos que difícilmente se podrían distinguir. Leves, casi nada, pero ahí estaban y, poco a poco, en la noche de los tiempos del ermitaño observador, el punto brillante, objeto de su devoción, terminó por desaparecer. Como un silencio desde la inmensidad de la tormenta, un último fogonazo confirmó la extinción de la estrella. Los ojos del hombre intentaron abrirse más y más, pero les era imposible. Grabadas en la retina, sobre aquellas pupilas dilatadas, quedaría la sola imagen del destello fugaz, del último suspiro de su estrella.

Se hizo la oscuridad. El resto del cielo nocturno desapareció engullido por una negrura tal que ningún haz de luz atinaba a rebotar en las hojas de los árboles del bosque, ni en sus manos, que colgaban como inertes a ambos lados, o en los ojos perdidos que miraban al cielo con el único objeto de volver a encontrar lo perdido. Se hizo la noche más negra y se hizo el más profundo olvido; olvido de fuera hacia adentro, de lo ignorado por el resto en cuanto a lo sentido. Y se hizo el silencio también, tan bienvenido en ocasiones como aquella. Pero es que, por hacerse, piedra incluso se tornó el corazón que se apagó como lo había hecho la estrella. Había cambiado el mundo y era difícil siquiera poner un pie tras otro en el vacío del bosque. Para evitar ya más golpes innecesarios al caminar completamente a oscuras, el hombre decidió quedarse quieto y no mover un músculo, párpados cerrados y lento respirar. No volvió a amanecer.

El tiempo continuó de nuevo su curso. Heladas cubrieron sucesivamente el mundo y todo lo conocido quedó enterrado. La piel sucumbió a la escarcha; el frío caló, como siempre, y alcanzó el hueso. Hielo, todo hielo. Al menos así, el silencio... Calma. Todo hielo y oscuridad. Calma y cerrar los ojos. Cerrar los ojos y no buscar... 

De pronto, en un momento imposible de concretar, algo traspasó las capas de hielo que cubrían los ojos de aquel hombre petrificado. Un fulgor extraño, pasajero, pareció iluminar de nuevo. En un instante, las manos quedaron libres de su prisión helada y se movieron. El cuello, como siguiendo el impulso, dejó caer varias placas diminutas de hielo al girarse en un lento movimiento que inclinó la cabeza hacia el cielo. Así, en esa postura, en ese preciso segundo, los ojos se abrieron. Miles de recuerdos inundaron la visión al abalanzarse unos contra otros en un caos nunca antes sentido. Allí arriba, dirigiendo todo el universo, había una nueva estrella aún más brillante, si cabe más hermosa que la primera. Presente en el centro de todo, dando vida a lo que había muerto, dejando caer el hielo que cubría al hombre en aquel destierro. Y volvió a la vida y retomó tantas formas de sentir que ya había olvidado.

Sin embargo, como el precio de todo aquello que tiene valor, el hombre aprendió una cosa. Aquella nueva estrella también acabaría por extinguirse, como lo hizo la anterior; sin embargo, el hielo y la noche oscura serían pasto del olvido. Tras aquella estrella quizá vendría otra, y puede que también desapareciese. Pero ahí seguiría el hombre con la mirada en el cielo, feliz por el simple hecho de verla pasar."

martes, 29 de marzo de 2016

NO NOS MOVERÁN

"No, no nos moverán. No; frente al viento alzaremos la voz no escuchada de todo aquello que se mueve por dentro. Con una voz firme, no nos moverán jamás de esta tribuna improvisada de autoconvecimiento y ganas de resistir. Unidos en una vida, no nos moverán, en una lucha perenne que nunca da signos de debilidad ante aires pesados, como impregnados de aceite, y días nublados que ocultan el sol de un futuro cercano. No, nunca podrán movernos de un sentir único y no compartido que se extiende más allá de lo que se quiera ver. De lo que se quiera ver...

No, no nos moverán de este lugar tan recóndito en un mundo plagado de comunicación; tan aislado este refugio que nadie acaba encontrando el camino. Pero aquí estaremos, erguidos frente a todo aunque falten fuerzas, aunque la flaqueza ataque ansiosa porque, al final, no nos moverán.

No nos moverán y todo seguirá en este ambiente impasible en que la bruma se convierte en viento, en que los segundos son mucho más que tiempo, en que después de todo nada queda... Nada, salvo el recuerdo de un recuerdo que impregnó la vida de tal forma que, por mucho que se intente, no nos moverá.

No moverán esa ausencia, ese no saber y no sentir, ese sentir demasiado para lo que se requiere. No moverán esos ojos que atisban impacientes el aparecer de alguien tan especial. No moverán esos labios que ya no paran quietos en palabras tan deseadas y por decir; tan cerrados en la vida real. No nos moverán de esa infancia tan de sueño, tan especial, tan extraña a otros ojos. No nos moverán del tiempo en que fuimos únicos. No nos moverán de ese reclamo que nunca obtiene respuesta, de esos labios que, por mucho que se los llame, nunca acuden. No nos moverán tampoco de tanta imagen guardada, de tanto segundo disfrutado...

Y disfrutado, como se disfruta el silencio. Disfrutado, sí. Y no nos moverán de este sentimiento que ha costado tanto aprender a base, y a pesar, de los años. No nos moverán, y perdone quien lo intente, pero ya ha habido demasiados frentes, demasiadas guerras, y uno lo que quiere uno ya no es más que haya calma y que, por una vez, no lo muevan más." 


viernes, 12 de febrero de 2016

RÁPIDO

"Cuando se vieron por primera vez, todo ocurrió muy rápido; tanto que las miradas se convirtieron en caricias que derivaron en besos. Tantos besos que acabaron en palabras desde el centro de un solo corazón.

Cuando se conocieron, todo ocurrió tan rápido, pero tanto, que cuando quisieron darse cuenta ya andaban separados, olvidados para siempre de lo fue ser simplemente uno en lugar de simplemente dos."

viernes, 5 de febrero de 2016

PHANTOM PAIN

"Las luces se apagan esta noche. Poco a poco, pulso a pulso, el brillo pierde intensidad y se mezcla en una inmensidad que todavía se sigue sin explorar. 'This is the end', dice la canción, mientras todos nos quedamos con la vista fija en lo eterno.

La negrura, paso a paso, se abre camino entre un mundo que se poblaba de luces no mucho tiempo atrás. Y esto cambiará, o al menos así es la esperanza. Esto acabará siendo otra cosa aunque 'you still feel the pain'. Pero no te preocupes, que al final la noche brotará en ese fin tan predecible de un bocado de día. Acabará así y todos miraremos a lo alto con el anhelo de algo nuevo. Saldrá el sol y saldrán las estrellas, y un coro de otros tonos que nos transporten desde donde no debemos estar.

'This is the end', y todo a compás. Notas que se suceden en un vacío de luces trepidantes que se estremecen hasta lo eterno, hasta un infinito manchado de la más negra oscuridad, impregnado de ese tinte que no deja olvidar pero que, sin embargo, acaba por borrar lo indescriptible.

Nunca entenderán lo que sentimos en ese momento; nadie hablará de lo que pasamos y todo se desvanecerá en el viento. Ahora es todo eso... Sentimientos que se funden en un infinito relegado a la espera de algo mejor. Todo y nada más, todo junto y bien revuelto, como una melodía incomprensible que estremece los oídos hasta que se hace por fin comprender. Y ahí estaremos, en el final de esa cola de segundos que soportan sonidos que salen de dios sabe dónde, como héroes de otros mundos que se yerguen valientes ante lo desconocido.

Este es el fin. Y así nos sentimos, como acabados ante una idea que no cuajará por mucho que se intente. Esta vida líquida, que se traga y se escupe según el momento, que se anhela y se desprecia cuando conviene, ahora se convierte en más de lo que esperábamos, en más de lo mismo, 'when it expires', y así eternamente contenida en un suspiro.

Ahora que te levantas frente a un paisaje en blanco y negro que solamente abarca la ciudad, puedo oír muy cerca tras de mí a la multitud que brama por la falta de comprensión, por sabernos tan uno sólo que ahora es extraño que nos hayamos dividido en dos. 'Oh, just like you and me', y 'you are more than fire, but this is the end when it expires and suffocates'.

Y es que sí, la noche se empieza a alargar cuando esto es el fin. Un final persistente aunque anunciado, no querido y tanto tiempo contemplado... Escucha cómo grita el mundo; ¿o sólo lo oigo yo? 

'Oh, just like you and me... 
  You are more than fire.' 

Más quisiera yo creer esas palabras... Pero ahora toca dormir los sentidos en una noche tan eterna como inesperado sea el siguiente despertar. Ahora los brillos de las luces titilantes se diluirán en notas nunca antes oídas, en experiencias tan nuevas como deseadas, en momentos que nunca antes se pudieron vivir y que nunca jamás se podrá.

Y así, lo único queda guardado en un rincón precioso de lo más profundo de un desalmado corazón...

'...just like you and me.' "

martes, 2 de febrero de 2016

CUANDO ATACARON

"Cuando los demonios te atacaron, yo estaba allí. Estaba, pero si acaso algo distante, inmerso en una separación por sorpresa que no supe interpretar.

Cuando los demonios te atacaron, vi esa mirada, siempre sonriente, convertirse en la boca de un pozo tan profundo... Vi cómo el tiempo se distorsionaba, cómo la ilusión de algo nuevo ya no era suficiente; es más, fui testigo privilegiado del hundimiento de todo aquel mundo nuevo que se intentaba alzar.

Cuando los demonios te atacaron, miré hacia el sol para verlo ponerse en un cielo oscuro que, por el momento, anunciaba el cese de su brillo y la zambullida inevitable en unos resquicios que crecerían hasta convertirse en la noche más profunda, en la más absoluta oscuridad.

Cuando los demonios te atacaron, yo estaba tan presente que había perdido el norte de una realidad solitaria y olvidada, centrada en el descubrimiento de lo más profundo. Quizá por eso, cuando todos esos monstruos se abalanzaron sobre ti, yo no estaba preparado para entenderlo. Quizá por eso, cuando ya amenazaba con sus dientes en tu garganta, no supe entender que necesitabas un héroe que no estaba allí.

Cuando los demonios te atacaron, tus ojos palidecieron y mi tiempo de acabó. Se acabaron los atardeceres, las nubes de colores, los segundos eternos de una conversación... Se acabaron tantas cosas cuando los demonios se hicieron sobre ti...

Y ahora que el tiempo ha pasado, que el cielo continúa nublado aunque lo oscuro ya pasó, ahora que los ojos brillan aunque intenten ocultarlo, ahora... Ahora es demasiado tarde.

Ahora el tiempo fluye cada vez más lento, o más deprisa, ya es imposible saberlo. Ahora las calles se extienden interminables cuando pretendo llegar a algún lugar. Se abren caminos e hilos de pensamiento que desmontan la realidad para volverla a interpretar dentro, a oscuras, en un mundo que cambia cada día más.

Ahora que los coches blancos parecen solamente ambulancias, transportes indolentes ante lo que llevan dentro, se transforman los días por momentos en cuanto se espera llegar a... A nadie, al fin y al cabo sólo es eso.

Ahora que las horas tienen más minutos de lo debido, el héroe aquél que no apareció decide dejarse mostrar, de repente, escudo en vilo, dispuesto a proteger lo que más quiso. Si llegó tarde, hay enmienda.

Ahora, sin embargo, que las telas están rasgadas, que pasó el momento de luchar a capa y espada por el sentido de la vida, se hace mucho más complicado resistir las cornadas de esos demonios insaciables que se cebaron con la mirada de un destino que no se acabó de concretar. Y tan deseado...

Ahora, la malla ya no protege el pecho y el corazón abandona su rincón, herido y sangrante desde lo más hondo, desde un pasado que se hace cada día mucho más anterior. Tampoco sirve el casco, ese adorno inútil que impide que se deforme lo existente, que ningún golpe haga mella o infecte de pensamiento extraño; si bien hacia afuera todo fluye, se aleja, abandona lo acostumbrado y, al final, se extingue.

Ahora, que los demonios ya te atacaron e intenté salvarte, no puedo más. No, porque el tiempo se tranquiliza y el aire se respira ligero; pero al llegar el instante de enfrentar esa batalla, todo se vuelve mucho más intenso y, sin poder evitarlo, un pasado querido y extrañado, sentido hasta no poder demostrarlo, se adueña de la esencia del presente y el tiempo se vuele raro.

Ahora que la armadura es de la talla, que el escudo acompaña y no falta una espada entre los dientes, ahora se nota la lejanía, el no saber qué hacer o qué decir por perderse el mensaje en la distancia; que no es tiempo. Ahora, que ansío enfrentarme a los monstruos de primera mano, ha pasado el momento y, así, se ha ralentizado todo instante que se pudiera vivir.

Cuando los demonios te atacaron, yo estaba presente, lo recordaré de por vida, como haré con aquel momento precioso en que solamente existió una playa, una roca, una mirada al mar y suave el movimiento de la brisa.

Ahora, el tiempo se ha hecho corto y la noche ya está cerca. Me despido hasta otro día en que espero encontrarte sin demonios, sin cargas, sin la noche que da vida a las pesadillas; espero encontrarte pronto, perdida en aquella sonrisa, tan alegre como siempre...

Espero encontrarte pronto, o de nuevo, porque al final la vida es la vida. 

Adiós."

martes, 26 de enero de 2016

CIELO NEGRO

"Todo llega. En un momento u otro, algún tipo de fuerza atrae el mundo a sus pies y lo constriñe tanto que, inevitablemente, se precipita en si mismo y se gira del revés. El cielo se invierte en una noche perpetua, no importa la hora, en una superficie negra y aterciopelada que lo cubre todo. Esta vez no habrá muros de cristal que dejen imágenes traslúcidas de lo que es otra realidad solamente compartida en ocasiones. No, esta vez será distinto y desaparecerá todo: desaparecerán miradas, desaparecerán gestos, desaparecerán calles y hasta la falta de aliento al caminar; desaparecerán los recuerdos de pasados sin futuro y cejarán en su empeño las ilusiones de lo inabarcable. Desaparecerán las trazas de lo inventado para resurgir como llamas de algo nuevo y eterno.

Este cielo azabache, inclemente a la presencia de luz, tragada toda, no hará sino imprimir en la tierra la oscuridad necesaria para que el suelo se enfríe, para que aire se hiele y así detenga ese ritmo insoportable de pensamientos que vienen y van. Todo se cubrirá de la transparente escarcha de no ser su momento y ahí, en un recoveco de un interior en expansión, quedará todo guardado hasta nuevo aviso. Bajo este cielo negro que sobreviene ante la falta de algo que no se concreta, el tiempo acabará detenido siempre en el segundo justo, vencido a la inercia de no continuar, de dejar ese empeño de siempre más y más. Bajo este cielo, todo olvidará su función.

Aún así, ese cielo negro como de canción inexplicable no vendrá sólo. Con la falta de luz y el invierno del todo, se abren las puertas a la primavera más interior, de raros seres y extraña vegetación. Primavera de sonidos nuevos y claros, de sonidos nuevos y también distorsionados, de cadencias que acaban siempre en un silencio tan justo... Aún en la oscuridad, o precisamente gracias a ella, una vida diferente cobrará forma, escondida ante el exceso de luz de un mundo tan estridente y lleno de humo.

Aún bajo el negro del espacio, del rincón encontrado cada cierto tiempo, todo está bien. Crecerá el musgo de nuevos pensamientos y acabará floreciendo la intención más cuidada; nacerán nuevos ríos que rompan tierras resecas de años sin cuidar, de estas tierras mal labradas que, sin embargo, florecerán de nuevo en este tiempo de oscuridad."

sábado, 23 de enero de 2016

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD

"De aquí a la eternidad hay poco, tan sólo unos centímetros entre plato y plato. El tiempo, tan distendido en el espacio, se alarga en las palabras que quedan en el aire momentos antes de morir, o nacer. Hasta la eternidad siempre mientras un sentimiento se obsesione con seguir adelante, con el más leve movimiento de unos párpados que miran indefectibles en otra dirección.

Hasta la eternidad siempre. Siempre y todo aún cuando la mano del respaldo de esa silla se alejaba involuntaria ante la cercanía de otra, extraña. Cómo decir en ese momento... Simple tacto impertérrito en busca de una conexión inexistente. Y, si es por tacto, es por ti; por un movimiento en avanzada que acerque la mirada más distante. Y, si es por distante, es por ti, por no haberte conocido nunca, por ser el reflejo de lo escrito, aquella a la que tanta veces le hablé sin haber existido. Si es por eterno, es por mi, por los silencios que dejan miradas buscadas al menos de una parte.

De aquí a la eternidad sólo hay un paso. Y ese, tan poco pensado como presente en los deseos, crece y se hace hueco en una memoria aún no vivida, aún en cadencia de aquello que se desea experimentar. De aquí a la eternidad, y todo con un gin tonic, ahogados los recuerdos de un pasado inexistente en un presente inestable que acaba de empezar a cenar. Y después...

El después es el misterio de una calle empedrada del más duro silencio,de ocurrencias a destiempo que intentan brillar en tu camino a casa. El después, tras unos pasos mal dados al calor de un sol que hoy alumbra, se transforma en un ahora de noches de luna impertérrita, de ausencias y recuerdos, de pasos encaminados hacia un futuro que no se sabe donde estará. 

El presente, mal vendido ante la ausencia de emoción, se arremolina ante los ojos de un destino no buscado, perdido entre las pestañas de lo desconocido, tan cercano como ausente en esta noche en que la calle se hizo corta, en que el tiempo se hizo corto, en que todo se resumió en una sonrisa y un leve contacto en el respaldo de es la silla que, desde hoy, recordará las traza de tu olor."

domingo, 17 de enero de 2016

TIEMPO

"De una cara alegre, de ojos abiertos y pelo recogido como nunca antes había visto, surgieron de repente las ideas de un sueño que hilaría cuentos nunca antes escritos. De un segundo ante un puerta abierta, el leve girar antes de salir, ese instinto que obliga a mirar por si hay alguien ahí... De un vistazo sin apenas pretenderlo, de un inevitable movimiento en el curso de algo todavía no inventado...

De esos cuentos nunca escritos, de todas esas palabras que aún no se han juntado, solamente el tiempo decidirá la existencia. Mientras tanto, sentado en el borde de una idea, el pensamiento, paciente, tranquilo, sereno... espera."

miércoles, 13 de enero de 2016

LA VELA

"La vela se ha apagado. Esta noche, frente al relente de una ventana abierta nadie sabe hacia adónde, la brisa que entraba y mecía las cortinas de una imaginación incompleta se han agitado en movimiento imperceptible que, con un soplo mal querido, han acabado con la llama de la única vela de la habitación. Fuera llama y fuera luz, fuera todo lo que no cabía en un espacio tan reducido que se abrió al resplandor de una bujía candente que iluminaba un interior desordenado y poco cuidado con el tiempo. Una brisa tan suave, tan pasada por alto, que lentamente y a pesar del esfuerzo por mantener el fuego, brizna a brizna consumió el brillo que mantenía viva la habitación.

Se apagó la vela y llegó la oscuridad de un modo que nadie se esperaba. Entumeció mentes y dejó cualquier movimiento como un leve recuerdo de algo sucedido; se apagó y todo volvió a una oscuridad fría pero cómoda. Después de todo, siempre han acabado por extinguirse las luces que convertían la noche en día, si bien los días han muerto en atardeceres despiadados con el único motivo de volver a nacer. Con un suspiro y un leve aroma a humo, dulce y asfixiante, la realidad de lo encendido tiempo atrás llegó a su fin. Una noche cualquiera, con todas las estrellas de fondo, testigos mudos inapagables de aquello que atinaba a suceder; desde un principio hasta un final más, las notas del movimiento ondulante de la llama se tornaron cada vez más nerviosas. ¿Cómo mantenerla encendida si ya se apagaba?

La luz de la vela dejó paso a todo aquello que solamente es visible sin la luz de la realidad, a todo aquello que cobra vida bajo el atisbo de la imaginación y de un esperar algo nuevo. El calor se esfumó en leves trazas de recuerdo de algo quemado de tanto arder. Un resplandor que moría en pro de todos los nuevos que habrían de nacer. Pero moría, y eso a la vela le era inevitable. Muy a pesar suyo, la luz se extinguiría y dejarían de verse los ojos que miraban fijos, atentos a cada detalle, lo que ocurría en la escena más deseada a la que aquel halo dorado pudiese dar contexto. Se iba, perdida ya en un bienestar que escapaba al pasado. Se marchaba y eso era inevitable.

La luz de la vela se apagó. En un mundo a oscuras, aquella barra de cera dejó de brillar de forma consciente, de forma inevitable, pues el tiempo pasa y no perdona, ni concede, no condena ni castiga; un tiempo que, indiferente, sólo ofrece lo mejor que se pueda encontrar. Lo mejor que, dicho de otra forma, bien pudiera ser la separación de fuego y vela, no llegase de improviso el caso en que uno consumiese a la otra; o viceversa, que una no resultase suficiente para tanta cera.

El caso es que la luz se fue y todo quedó a oscuras. En una falta de claridad que albergaba la pausa de lo vivido, la permanencia de aquél recuerdo, las ganas de lo querido y las consecuencias de tanto tiempo, dos ojos se cerraron al presente, como habitantes de un mundo eterno que esperasen que todo llegara, fuese ahora lo adecuado, aunque siempre a destiempo. Se cerraron a falta de la luz del invierno, de un día nublado, un día en que la llama de la vela empezó, sin remedio, a ver el fuego de su mecha consumido y apagado.

Y así, consumido el brillo del mundo, esperaremos una nueva chispa que ilumine el cielo."