viernes, 8 de abril de 2016

LA LLAMA AZUL

"Calor... Lo que daría por un poco de calor...

Cansada de vagar por páramos oscuros, con barro hasta las rodillas, los pies se arrastraban lentamente como si al mundo le fallasen las fuerzas para girar. Aún así, músculo a músculo, la maquinaria del espectro continuaba funcionando a través de una inmensidad insondable. Brizna a brizna, el aire helado cortaba milímetros de la oscura piel. Nada de sangre, eso ya había acabado tiempo atrás. Paso firme y adelante en la experiencia.

Pero lo que daría por algo de calor...

Lejos quedaba ya la ciudad de partida cubierta en llamas por completo; pero llamas frías y codiciosas que apagaban con su brillo cualquier atisbo de recuerdo. No, todo aquello ya debía de estar calcinado hasta los mismo cimientos de la razón. Y quizá así era, pero el susurro de lo eterno todavía conseguía aletear en una memoria casi perdida, totalmente ocupada ya por los yermos de alrededor. Que la ciudad quedase reducida a cenizas, que así caerían las falsas reinas que habitan el corazón. "¡Que caiga! ¡Que caiga!", susurraba la mente de la sombra oscura. "Desde la colina más alta lo celebraremos". Y así se hundió el antiguo reino de carne y hueso, de ver los colores del exterior, deshaciendo lo vivido en un recuerdo soterrado bajo los cascotes de un: "¿Quién fui yo?". Cayó todo y se hizo el más oscuro eterno, el más deseado y ensordecedor silencio.

Un pie tras otro, los pantanos se removían en borbotones de burla que emergían del barro, reventando sin remedio ante los ojos de aquella silueta andante. Ojos al cielo y, ¡qué sorpresa! Nada que ver. El lodo había tragado hasta la luz de la única estrella. Paso a paso, la sombra siguió su camino hacia lo más profundo del corazón. Razón ausente, nada más quedaba por hacer. Los centímetros se tornaron vidas, pero la sombra proseguía, terca en aquella decisión de abandonar la ciudad perdida y aislarse en lo más profundo que encontrase, en el trocito más apartado del más recóndito rincón.

Lo que daría por un poco de calor...

Un día, perdida la cuenta de tantos ya, un fogonazo interrumpió el silencio de la sombra. Como el fin de una era, un haz de luz cruzó de extremo a extremo el cielo dejando una estela brillante y nítida. La silueta perdida no tuvo más opción que presenciar aquel fenómeno como lo que realmente significaba. "Cuánto tiempo...". Sus ojos estudiaron lo que sucedía atentamente, conocedores de su corta duración. Pronto, en semanas, quizá en días, horas o minutos, el resplandor desaparecería dejando a la sombra volver a la oscuridad.

Así continuó el camino. Antes de que el hielo volviese a poblar el mundo de ese instante, la sombra se alegró profundamente. Apenas un segundo de su destierro huyendo de la llama azul había durado aquel destello, pero si ella había sido capaz de contemplarlo, seguro que así había hecho también alguien en el exterior.

Lo que daría por un poco de calor..." 
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