domingo, 8 de mayo de 2016

OJOS DE GATA

"En el alma de la noche todo se oscurece, los brillos se tornan pálidos y se asustan ante la negrura inminente de lo que se les viene encima. Acobardada, la noche corre a esconderse en el rincón más oculto de una luna que ya ni atina a brillar con decencia. Venida a menos, desmejorada, su brillo se enturbia hasta no ser más que un halo que sobrepasa alguna nube insolente. Se hace el silencio y los colores desaparecen en una noche tan de improviso que nada cuenta: ni mensaje, ni intención, ni tan siquiera un propósito de vida o algo más. Se hace oscuro y todo desaparece entre la nada, perdido en las sombras de un crepúsculo mal calculado que llega, por llegar, horas tarde de cuando debiera. Y la luna ahí escondida, asustada del reflejo de unos ojos de gata que, agazapados, esperan el momento de saltar la imaginación más perdida entre recuerdos. La luna, como fuese en tantas noches dejadas en la falta de luz, asombrada como nunca y escondida como siempre entre... ¿Entre tu y yo?

Ojos de gata que resplandecen al reflejo de otros que observan en la distancia, ausentes del impulso de lo vivo, de aquello que empuja a seguir adelante y no recular. Esos ojos... Esos ojos cansados que no quieren derramar nada más, y menos aún sin razón aparente. Pero es que eso de aparente... No, aquí las apariencias se quedan en lo justo, en el mismo instante de no saber qué hacer. Porque hacer, lo que se dice hacer, haría lo imposible aunque no se obtuviese resultado; y así será siempre. Esos ojos, esa luna, esa gata que viene y disfruta cuando la miran de frente, cuando la acarician sin cesar...

Esos ojos de esa noche tan vivida, tan auténtica y tan teñida de especial. Esa noche que las miradas ausentes no dejaron de fijarse en los ojos de gata, a escasos centímetros, a vidas de distancia, pero tan cercanos que casi se les podía besar. Y yo tan lejos... A medio metro, o menos, sí, pero tan lejos, tan sin poder tocar... 

 Ojos de gata y esmeralda que se cruzan en el camino de quien no sabe ya adónde mirar. Ojos de gata, y tan silenciosos, que por mucha atención que preste no acabarán nunca de dirigir su atención hacia donde pueda interesar. Ojos de gata, y tan bonitos... Ojos de gata que, por mucho que me cueste, espero nunca poder olvidar. 

 Ojos de gata que aparecen y de los que ya no se puede escapar."
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