lunes, 30 de mayo de 2016

SIN LLEGAR AL MAR

"Ríos de sangre ardieron a su paso al bajar la montaña.
Ríos carmesí que brillaban en mitad de la noche.
Ríos que decoraban la roca en su avance,
que deshacían las piedras y hervían en ansias de llegar.
Ríos que, a pesar de la fuerza y la senda que labraban,
no acabarían en ningún lugar.
Ríos desbocados que perdían el sentido
nada más nacer o a mitad de camino
al ver tan inalcanzable el mar.
Ríos demasiado rojos, demasiado intensos,
demasiado difíciles de controlar.
Ríos como venas abiertas que no contienen
más que lo que dejan escapar.

Ríos perdidos que olvidaron el motivo de su fluir.

Esos miles de ríos brotaron una noche cualquiera porque sí, sin razón aparente más que la de una visión inesperada. Se desataron en tormenta y amenazaron con no saber extinguirse. Una vez hubieron abandonado su nacimiento, nada los controlaría ya. A la vista de lo que pudiese suceder, esos ríos correrían montaña abajo en un desgaste colosal que convertiría la montaña en meros puñados de arena escampados al capricho del viento. En ese momento, justo entonces, serían conscientes de la inutilidad de su correr y quizá, solamente quizá, acabarían por cerrar compuertas y desaparecer. Demasiado carmín vertido en una vida, demasiado así en un momento en que no sucedería nada.

Pero ahí estaban, tan líquidos y tan presentes, tan ardientes sus aguas como si saliesen del corazón mismo del planeta. Ahí estaban, quemando días a su paso, erosionando lo que alcanzaban a tocar, dejando lechos secos en que solamente el leve olor de un recuerdo quedaría para los restos. Ahí estaban y fluían a su libre albedrío, vaciando el interior de una tierra de roca dura y yerma, incapaz de albergar otra vida en ese momento; en ese y quizá en cualquier otro... Pero ahí estaban.

Ríos del rojo más intenso desgranarían la montaña.
Ríos incontrolables que acabarían por morir antes de su destino.
Ríos absurdos que viajan sin sentido,
sin remedio alguno que los pueda hacer frenar.
Ríos como nervios que laten en una piel ajada.
Ríos que nacían del centro de todo.
Ríos que morirían, como no podía ser de otra forma,
sin un día poder alcanzar el mar."
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