sábado, 2 de agosto de 2008

CARTA

"Querido hijo:

Quiero decirte, Miguel Ángel, que poco a poco nos acercamos más a ti. Cada día, tanto tu padre como yo nos paramos a observar nuestro alrededor y la primera idea que se nos viene a la cabeza es que ya queda un día menos. Uno menos para volverte a ver.

Desde que te fuiste, has conseguido que cada hora que pasa sea un infierno que nos conduce lentamente, sin embargo, al origen de nuestra felicidad. Todo, cada uno de los muebles que dejaste aquí, cada fotografía, siguen inmaculados y en su lugar. No esperamos que puedas ver de nuevo lo que una vez fue parte de tu mundo, pero sí que sabemos que, de alguna manera, lo puedes sentir aún en una distancia tan eterna.

Si, en algún momento, se te pasase por la cabeza la idea de cúales serán ahora nuestros sentimientos hacia tí, puedes etsar tranquilo. Eres una parte esencial de nosotros; sin lo que nos hacía vivir, nosotros deambulamos yermos desde hace tiempo. Eres y serás siempre una parte de mí tan esencial que, aunque yo misma te dí la vida, sin ella no podría existir. Te debemos, los dos, el sentido de nuestra vida y todo lo que hemos podido llegar a ser, en busca de algo que no supimos qué era hasta que te tuvimos en brazos. Por eso, quédate tranquilo.

De que tu partida no fue decisión tuya, no nos cabe duda alguna. De no haberse cruzado el destino de forma tan cruel, no tendríamos que llorar ahora sobre asfalto. El azar es así y no lo podemos evitar, pero el tiempo que recorremos este camino se acaba.

Descansa, que pronto nos veremos."


Cuánto hacía que no escribía...
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