miércoles, 14 de mayo de 2008

DESDE AQUÍ...

"Desde aquí, mirando fijamente al vacío que tengo delante y del cual no llego a ver el fondo, comprendo que toda mi vida, absolutamente todas las acciones que he llevado a cabo, mis decisiones más meditadas, todo estaba mal. No podría haber elegido un lugar mejor para darme cuenta, en el último momento ya, del desperdicio e inutilidad de todo lo pasado. Si hubiese sabido de antemano que esto sería así, creo que hubiese desaparecido hace ya mucho tiempo.

Ahora, no obstante, lo único que puedo sentir es una pena tremenda que me llena los pulmones, los oprime y apenas me permite respirar. Poco a poco y sin tener idea alguna de cuál será la razón, la vista se me turbia en mil destellos de colores pastel que difuminan esta realidad inmediata que toca a su fin.

Aquí de pie, pensando en la inevitabilidad de la vida y sus posibles soluciones, me doy cuenta de que todo esto ha llegado a ocurrir por mi falta de ganas de aprender. Me dijeron una vez que el aprendizaje lleva al conocimiento y que éste modifica la realidad de cada uno. Eso es cierto; lo sé ahora que ya no puedo remediarlo. Tampoco importa: la decisión está tomada y viene a secar este mar de equivocaciones en el que nunca bajan las mareas, en el que siempre el agua se enfurece más y más.

Aun así, sabiendo que lo mejor es esta solución única y final, siento que, en algún lugar escondido, ocultado de la luz que me ha guiado siempre, se mueve inquieta una duda, una razón que lucha incesante y a brazo partido contra mí. Es tarde; no lo puedo permitir ya, así que lo mejor es iniciar el vuelo liberador que cambiará mi mundo eternamente, que modificará mi realidad no para mejor, sino para que el deterioro se detenga. Ahí está el conocimiento y ahí está el cambio, ¿será eso?

Sí, creo que he tomado la decisión correcta, ahora que el aire me acaricia la cara cada vez con más fuerza. A medida que mis preocupaciones, mis arrepentimientos y llantos van menguando, bajando a toda prisa de su pedestal de reyes, noto la ligereza de la paz y la calidez del descanso final. A una velocidad tremenda, el mundo pasa ante mis ojos con un ritmo cadencioso y lento que me deja tiempo más que suficiente para examinar esta realidad pasajera de la que me despido. Poco a poco, conforme dejo atrás segundos y metros, el vacío que noto en mi interior se hace más y más grande y reconfortante.

Pero esa ligereza de peso empieza a dejar huecos vacíos en mí. Nunca he tenido la oportunidad de deshacerme de un pensamiento, de una carga, y conservar ese espacio vacío y sin nuevo inquilino; en el momento mismo en que uno de ellos deja la comodidad de su puesto, otro nuevo viene a reemplazarlo.

Y ahora, mientras caigo indefectiblemente en el pozo del destino que no he sabido burlar, que ni tan siquiera he querido evitar, noto que mi cuerpo empieza a coger peso, que todo lo que me rodea se vuelve espeso y plomizo. Noto cómo, en ese lugar en que reinaba lo peor de mí mismo, surge una chispa increíble que no puedo identificar. Mirando fijamente y de cerca, sólo atino a quedar cegado por su fuerza. ¿Qué puede ser? ¿Cómo es que, en estos últimos momentos que preceden a la resolución de años de conflicto, surge este nuevo ente que parece incrementar mi peso? ¿No tenía bastantes cargas encima, que aún viene esta nueva a obligarme a caer más rápido? Supongo que es lo que merezco: una caída rápida que no deje el tiempo suficiente para meditar todo lo que necesito; o lo que no necesito.

Pero me extraña la aparición de esta nueva actriz en mi farsa. La miro y, ausente, no se digna a dirigirme una palabra, como si se sintiera traicionada y maltratada sin motivo alguno, como si quisiera vengarse de mis malos actos. Pero no, no quiere vengarse de las acciones que me han llevado a esto, no quiere ni siquiera olvidarlas: parece que lo único que persigue es acrecentar ese grupo de motivos que me llevan a contemplar el pasado, el presente y el futuro como uno sólo. Y lo consigue.

Cuando ya ha logrado hacer que repase mentalmente todos mis pecados, esta nueva actriz se destapa y, si bien antes quedaba cegado, ahora lo único que puedo ver es una luz intensa que se dirige directamente a mi interior. Me ilumina y arranca esa parte oculta que nunca he dejado salir, que siempre he enterrado en falsos pretextos que conducían al camino que yo quería; falsas convicciones que me dejasen emprender el camino de mi fin.

A medida que queda vacío y hueco de ocupante alguno, mi espíritu se rebela y me obliga a hacer aparecer la única arma que tenía la vida contra mis deseos. Lo único que me podría haber salvado de esta condena voluntaria y que me hubiese convencido de detenerme en la encrucijada y tomar una decisión consciente, una que no siguiese a mis impulsos, aparece ahora, tarde, como si quisiera recordarme que los errores nunca se agotan.

Ha venido a decirme que, mientras el aire acaricie mi cara a una velocidad de vértigo, ella no me va a dejar sólo. Me acompañará hasta el último momento para que pueda darme cuenta de que lo que he hecho, hecho está. Pero más aún: quiere dejarme bien claro que solamente yo he sido el encargado de decidir, que soy la única persona que ha propiciado todo esto, que soy el fruto de mi propia desesperación y que, si me veo liberado de mis cargas y ataduras, ella no me va a dejar, que seguiré vivo en el interior de esos otros a quienes representa en una sóla. Ha venido para que conozca el nuevo dolor que habitará entre ellos cuando yo no exista, un dolor nacido y alimentado únicamente por mí y por mis actos.

Esta nueva faceta mía ha venido a no dejarme descansar mientras me voy, a decirme que esto es lo que merezco."

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