domingo, 8 de junio de 2008

CENIZAS

En este país, pasa a menudo que un bosque (o muchos) se incendian y se reducen a cenizas. Ahora que viene el verano, gran parte de nuestro territorio se verá quemado y pasará tiempo hasta que en ese suelo pueda volver a crecer algo.

Sin emabargo, quemar un campo puede tener beneficios. Cuando un terreno de cultivo ha dado su cosecha anual, es a veces recomendable que se queme para que la tierra vuelva a absorber los nutrientes que necesita y que extrae de los restos de las plantas que antes vivían ahí. Como el Fénix, surge la vida de las cenizas que parecían traer una desgracia. Y es que a veces, contemplar un campo completamnte quemado es una visión demoledora de la que parece que nada bueno podrá surgir.

Pero es en esos momentos cuando hay que ver las cenizas como el gérmen de una nueva vida, que hará que lo viejo se convierta en algo nuevo y renovado y cobrará, otra vez, el valor que perdió en su momento. El manto gris que cubre lo que fue próspero y dio sus frutos, que lo entristece en un primer vistazo, es una necesidad imperiosa para producir el cambio y, con ese cambio, la mejora.

Es necesario hundir las manos siempre en el campo quemado para descubrir que en el fondo espera una nueva vida.
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