jueves, 31 de diciembre de 2009

QUIZÁ

Dejo que mueran las horas que no he pasado contigo y anhelo sin esperanzas que vuelvan en forma de otras. El aire que respiramos, ése que es siempre el mismo, nos distancia al uno del otro y separa nuestras miradas. Si me acerco, tú te alejas; si te acercas, me quedo quieto.

No te muevas, que me partes; no te atrevas, que me muero.

Las manos que nunca he tocado y que apoyas en la mesa me llaman desde lo lejos intentando tenerme cerca pero yo, que desconfío de las miradas que me ciegan, le pregunto al viento hacia dónde sopla tu deseo y me contesta con desgana que siempre sólo al viento.

Me derrumbo.

Entre escombros que pueblan mis interiores y los restos de alguna guerra, las ilusiones que han quedado agonizan en desechos y miseria. Mi boca se abre pero hay silencio por respuesta entre pesadas lágrimas que descosen mi entereza. A través del pánico, el asombro deja paso a la belleza. Pero el miedo siempre puede y las palabras quedan inertes antes de salir despedidas y cumplir con su tarea.

La boca está muda; el silencio es quien reina.

Quizá sea mañana el momento que esperaba escondido entre ilusiones y delirios de grandeza en que únicamente se fundan deseo, pasión y alma. Quizá...

Quizá no te diga nada.
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