viernes, 18 de diciembre de 2009

EL DESTINO

Hace un par de días hablaba con un amigo y compañero de trabajo sobre el destino. Me decía que algo que puede suceder (para no ser nada concreto) es cosa del destino. Y eso me hizo pensar en bastantes cosas. Hace tiempo sí que creía en el destino como se suele entender, pero desde hace unos años, no muchos, mi concepto ha cambiado radicalmente. No creo que nadie esté predestinado a ser tal o cual cosa, a que le ocurra algo o todo lo contrario.

A mí me convence más la idea de la "ley de la atracción". Esta teoría dice que puedes conseguir lo que quieras por medio del pensamiento. Eso, así de entrada, puede sonar bastante disparatado para muchas personas, pero todo depende de la escala que se enfoque. Yo he probado y creo que sí que tiene algo de verdad esta ley, aunque no sé en qué medida. Por ahora no soy rico, ni me persiguen las mujeres ni nada por el estilo; sí que he visto cambios más o menos pequeños en la vida diaria, pero eso ya es otra cosa.

Entre mis ideas y pensamientos contemplativos relaciono la ley de la atracción con la empatía. Si la ley de la atracción dice que hay que desear algo, yo lo veo de una forma más abstracta: no hay que desear algo concreto, sino una sensación de tranquilidad y armonía lo más completas posible. Así, si cada vez que se habla con alguien se intenta que haya esa armonía, los resultados de la conversación seguro que serán mucho mejores y, dado el caso, incluso evitar discusiones. Además, cuando se trata a la gente, ésta suele responder del mismo modo; es solamente un ejemplo.

En resumen, si se intenta hacer lo mejor posible en todo aquello en lo que intervengas (independientemente de las consecuencias) queda dentro una sensación de tranquilidad que se puede contagiar a otras personas, como pasa con la risa. Así, según la ley de la atracción, cada vez se atraerían más "cosas" positivas y menos negativas y cada vez más rápido. Claro que puede ocurrir lo contrario, todo depende de en qué cosas se centre uno, y ahí está el poder del pensamiento que debería cambiar el destino y deshacer esa inevitabilidad.

Al final llegaremos a un sólo punto, el mismo para todos, eso sí; el camino hasta entonces puede cambiar simplemente con quererlo de verdad y aceptar que eso es lo importante porque es lo que se siente.
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