miércoles, 30 de diciembre de 2009

SANGRE Y LUZ: LUZ

"Estoy vivo.

El tiempo parece haberse detenido y navego en un mar denso y oscuro.

Al abrir los ojos de repente, el cerebro me grita que escape de la luz. Aún así, la punzada me atraviesa y quedo inmóvil. La confusión empieza a gestar ideas extrañas, pero antes de que me asalten sus dudas, levanto los párpados y dejo que la luz me ciegue de nuevo.

Poco a poco, el mundo se crea a mi alrededor, inexistente antes de que lo descubra mi mirada. La claridad, sin embargo, no me permite ver aún, pero las formas se definen cada vez más. Empiezo a reconocer el lugar en el que me encuentro: miro al suelo aún cubierto de sangre. A mi lado, inmóvil, se descompone lo poco que queda ya de aquél ser insaciable que había deformado mi vida, que me dejaba vacío y seco por dentro y cada noche me devoraba un poco más. Queda poco más que hueso, mientras que su piel oscura y su carne sirven de pasto a unas criaturas extrañas. Esos pequeños seres lo devoran sin detenerse un sólo segundo para respirar. Al mirarlos, la sensación de saber que solamente viven para ese cometido me recorre como un escalofrío.

Noto ahora cómo todavía sangran las heridas de los dientes de esa abominación; pero no es sangre, es el veneno púrpura y corrosivo que aún deambula infiltrado por mi cuerpo. Lo siento dentro de mí y el dolor sigue presente mientras éste recorre mis venas y desgarra lo que puede.

Ahora, sin embargo, no retuerzo la cara de dolor ni derramo más lágrimas; el odio por el origen de esa cosa me mantiene activo y en busca de aquello que lo exterminará totalmente. Ha muerto aquí a mi lado, contaminada por la luz que me empezaba a poseer, pero la oscuridad siempre renace. Sé que volverá.

Cuando regrese, sin embargo, estaré dispuesto a incendiarme en su presencia, a convertirme en su peor cazador y hacer de él mi presa, con los ojos inyectados en esta luz que ilumina el mundo y lo baña de tranquilidad."
Publicar un comentario