miércoles, 11 de febrero de 2009

SÓLO UN INSTANTE

Ahora que ya no me dejan escribir en el trabajo (no será por el agobio de trabajo, que no viene nadie...), así que estoy pasando un poquito de cuentos o historias y escribo más poemas, que es más rápido y ocupa menos espacio. Es curioso como la forma de lo escrito condiciona muchas veces el contenido y, sin querer, se puede convertir en un ejercicio de introspección más profundo de lo que uno pensaba al ponerse a escribir.

Un instante desaparece;
lo veo, me llama, me acerco...
lo rozo y muere.
Intento sentirlo vivo
y el alma, la gracia y el tiempo
me dejan tranquilo.

Repito mil y una voces:

resuenan en ecos lejanos.
Recuerdos atroces.
Y, ¿el alma? ¿Perdida?
Enterrada en la tumba más honda
entre trozos de vida.

Al final:
un instante desaparece.
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