martes, 10 de febrero de 2009

EL DESIERTO

Desnudo y perdido
camino sin rumbo, a morir
sangrando, herido.
Este desierto no parece tener fin.
Descrubo, indolente,
que un sol ennegrecido y extraño,
como delincuente,
me asalta y me abre. ¿Quién hay ahí?
Se gira, me giro y
la sombra se apodera de mí,
me arrastra y me duele y
me mata; cruel, se echa a reir.
El aire calcina y
huye la vida; la muerte, extrañada,
se acerca, me huele,
se para, lo piensa y también decide huir.
Y sólo, vagando,
el desierto se convierte en mí;
me quema y tortura
y nunca me dejará irme de aquí.
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