sábado, 11 de octubre de 2008

DE MODA

A mí, la forma de vestir de cada uno es una cosa que, por regla general, me da bastante igual. Eso sí, muchas veces no puedo evitar pensar que hay gente que no tiene espejos en casa; o son vampiros. Hoy, sin ir más lejos, he visto a un hombre que vestía muy elegantemente con traje y corbata, todo en tonos marrones, con el complemento de una gorra de color blanco girada hacia atrás. Aunque este no es nada comparado con otro que lucía unops pantalones de color rojo chillón (ensordecedor), chaqueta azul marino con botones dorados, gafas de pasta de color rosa traslúcido y barba de dos días.

Hay gente con estilo, pero no es el caso. Si uno no tiene espejo o no se puede ver reflejado en ellos por cualquier razón personal o paranormal, no me parece extraño que vaya por la calle con un look un tanto "diferente". Lo malo es cuando uno se despierta de la siesta y piensa "¿Qué me pongo?" y empieza a seleccionar ropa que le quede bien y que defina su estilo y no tiene la menor idea de cómo hacer eso.

Si uno decide que quiere dar apariencia de rico, eso está bien. El problema es el dinero pero, claro, siempre hay alguna imitación que apenas se note que no es de la marca de verdad: "Esta camiseta de Amporio Armani". Ya tenemos el primer paso.

Entonces las dudas nos asaltan cuando creemos que la gente, muy observadora, se dará cuenta de nuestras ansias por encajar en ese mundo de reflejos dorados y papeles verdes nos han llevado a ponernos imitaciones. Siempre hay solución, eso sí, de manera que rebuscamos un poco más por el armario y encontramos esa prenda que está tan de moda, que se caracteriza porque la gente que la lleva es gente "de verdad": el pañuelo palestino. Visto imitación, porque quiero ser rico, pero no olvido mis ideales: "¡Libertad para...,MODA para... libertad para todos los países!".

En la variedad está el gusto, dicen...




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