lunes, 25 de febrero de 2008

LA ETERNIDAD DE UN MOMENTO

A veces, tomar una fotografía es el resultado de fijarse mucho en lo que hay alrededor; casi cualquier objeto puede resultar interesante bajo la luz adecuada o contemplado desde un punto de vista concreto. No quiero decir con esto que esas fotografías no tengan mérito, al contrario: aunque el objeto ya esté ahí y tú sólo tengas que encontrarlo, no cualquiera es capaz de ver la fotografía antes de tomarla.

Ese caso es el de la foto que sigue, tomada por Florecilla (algún comentario suyo hay por el blog). Aunque no tengo su permiso expreso, creo que no me hace ninguna falta para publicar esto:

Me encanta la sensación de profundidad que da. Además, las ramas casi parecen un marco para el fondo oscuro. No sé si le pasará a alguien más, pero esta fotografía me recuerda a las imágenes que aparecen en el libreto del disco IV, de Led Zeppelin; al menos en su reedición en CD.

Pero, aparte de esta forma de hacer fotografías a cosas que están ahí, que puedes volver al día siguiente o cuando quieras para repetirla si sale mal, se dan otras ocasiones en que el objeto de la fotografía es fruto de circunstancias temporales. En estos casos, hay que aprovechar la oportunidad para hacerte con una imagen interesante.

Para ejemplificar este caso, una fotografía mía tomada minutos después de la anterior desde el interior de mi coche:

Campo de gotas
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