miércoles, 6 de febrero de 2008

¡AL PUNTO, SEÑOR!

¡Uf...! La visita de una amiga que hacía tiempo que no veía, que se queda unos días, me está dejando poco o ningún tiempo ni para cerrar los ojos. Pero he leído una noticia que me ha parecido curiosa y hago el esfuerzo de escribir esto.

Hasta ahora, las fuerzas de la seguridad y el orden se dedicaban a dispersar manifestaciones a base de pelotazos de goma y agua. Eso, la verdad, tiene que salir caro; que, aparte del agua que se despilfarra de mala manera, luego la calle se queda como después de rodar el anuncio aquel de Sony en que miles de bolitas rodaban calle abajo (me encantó, por cierto).

Pero al personal hay que seguir disolviéndolo. Un personaje súper inteligente debió de pensar: "disolveremos las manifestaciones como disolvemos la mantequilla". Y, claro, surgió el inventillo este:

Lo que tenemos aquí arriba es un rayo de calor. Es como la antena de ver el digital, pero que calienta mucho. Es un invento estadounidense (¿un aparato así de agresivo? no me lo creo) con el que pretenden que los métodos tradicionales de control de masas pasen a un mundo mejor.

Por lo visto, esta antena produce ondas milimétricas (no microondas, para que no nos frían) a la frecuencia de 95 GHz. Lo que pasa entonces cuando te pones en el camino del rayo es que te entran unos calores de la muerte que no dejan ni pensar. Eso sí, dicen que no causa daños y que, simplemente apartándose de la trayectoria del haz de calor, los efectos desaparecen.

Nada, a rodear el aparatito y punto pelota.
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