sábado, 11 de junio de 2016

SI EL CIELO ESTÁ GRIS

"La soledad no está tan sola, ¿no ves que a mi no me abandona? Como una tempestad que va arrancando los tejados, no sé quién me quitó lo que jamás me habían dado*. Nunca en la vida comprenderé ese ansias por despojar de lo merecido, de lo vivido y cuidado en cada instante; no entenderé las pérdidas de tiempos en amores tan distantes que apenas se pueden percibir. Porque de percibir hubo su tiempo y quizá se malgastó en conversaciones banales e intentos de que se pensase bien, de que las ideas fuesen las correctas y la forma de sentir respondiese. Quizá la soledad prefiere de carnes que pueda morder, dentelleada a dentellada entre sonrisa y sonrisa que ocultan lo sentido en pro de un nuevo sentir que no es el propio. En pro de algo que se va a acabar.

No entenderé, porque ni quiero intentarlo, cómo siente otra gente que no atina a ver por los mismos ojos los colores que se despliegan, a esa gente a la que se intenta corresponder, aliviar y, al final, todo acaba en un abismo que no debió haber nacido en ningún momento. No entenderé por qué los senderos que no están marcados conducen a lugares tan indeseables, tan conscientes de sí mismos que ni tan siquiera quieren albergar a nadie más. No entenderé el porqué de esos ojos que no me miran, que ignoran lo que se ha vivido como algo que ni siquiera ha dado tiempo a conocer. No entenderé cómo la vida se queda abierta y dispuesta ante un cadáver que solamente espera la forma de resucitar con una palabra. No entenderé que todos acabemos aquí deshechos cuando tantas veces hemos intentado triunfar. No entiendo, en definitiva, lo que la vida me quiere decir; que si es no, es no, y si es que sí, adelante con todo. Pero, ¿por qué arriesgarlo siempre en el primer intento al ver la luz?

La luz: esa quizá sea la clave de todo. Y es que en ti se vio la luz una noche cualquiera, a pesar de haberla propiciado yo. Vi lo que no está escrito, lo que nunca quise contemplar por protegerme de una manera tan infantil, porque, después de todo, conocía la forma en que las cosas acaban y no quería participar de ello. No quería, no, pero ya ves tú el resultado... Esa luz nubló cualquier visión de una vida nueva y obligó a las decisiones a seguir el mismo camino. Esa luz que se presentara una noche cualquiera en un sitio cualquiera, con unas luces cualesquiera alumbrándonos a los dos. Esas luces, por tan dispares, que parecieron alumbrar el nacimiento de un nuevo mundo que nunca comprenderemos ni tú ni yo. Al menos, no tú.

Unas luces que, tras mucho pensarlo, mejor que se extingan porque no puedo mirarlas más. Ya me cegaron demasiado esos destellos de mundos que no podré recrear ni con palabras, pues bastante me está costando lo último que habrá. Pero es así: no puedo evitar sentir que nada acaba en este momento, que tendría que esperar. Y no tiene sentido, ni sentido ni nada, porque todo, al fin y al cabo tenderá a terminar.


Envidia, bien pensado, es lo único que puedo albergar por un mundo que tanto ignora cuando quiero darlo absolutamente todo. Envidia por aquellos que no piensan, que encuentran sin querer el destino de sus vidas cuando nosotros aquí estamos, al pie de un cañón que nos revienta la cara, esperando la situación oportuna para florecer. Nos ignoran y así nos sentimos, dejados de la mano del tiempo y del no regresar, del quedar arrinconados en las estanterías atestadas de trastos de este oscuro bar. Envidia, y no es más que eso, por ver a quien triunfa ya sea o no merecido, a quien ocupa al fin y al cabo su lugar. Envidia de todo, de nada, de lo siguiente, del pasado... de quien te tendrá.

La soledad, no está tan sola."




*Fragmento de : "Si el cielo está gris" (Extrechinato y Tú, Poesía básica, 2001)
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