miércoles, 8 de junio de 2016

ESQUELETO DE CRISTAL

"La tensión se hace insoportable. El cielo está casi aquí ya, a ras de suelo, oprimiendo con toda su inmensidad y su volumen en un cuerpo que no aguanta más. Tanta presión es insoportable y, al final, tras mucho soportar la piel sombría resquebrajarse, chorros de un líquido dorado brotan de las grietas que recorren el cuerpo de cabeza a pies. Como una supernova que quisiese morir, la oscuridad que envolvía a la silueta se incendió de repente, inesperada catástrofe que diese al traste con el cometido de la oscuridad.

La figura lloró. Comenzaron las lágrimas y abrió los ojos para dejar que los espinos del mundo rasgasen, capa a capa, tejido a tejido, hasta el más vivo centro de la visión, hasta que se borrase toda imagen existente y diese paso a una nueva y más brillante. Pero lloró y lo hizo de un dolor tal que solamente las cosas más preciosas lo valen. Justo como valía en ese momento la postura de sumisión que aguantaba el peso de un mundo inventado y herido. Nada, nada alrededor y todo bajo el peso de esa negrura que cortaba la piel de la sombra, que la hacía sangrar, que la hacía brillar...

Todo cayó. Cielos, montañas, ideas, recuerdos, sentimientos, deseos, esperanzas, olvidos, amores, desprecios, ilusiones, despertares, compañías, sonrisas, gestos, el sentido de todo... Todo cayó.

La sombra se imbuyó de la rabia más ignota y se hinchó, como esperando el momento de reventar. Ríos de sangre corrían bajo sus pies, ardientes y desmerecidos, ignorados y aprendidos a aceptar. La tensión de los músculos que se comprimían bajo el peso del cielo decidió que no había más y, de golpe, estos quisieron unirse con ese fluir que no iba a ninguna parte. Se abrieron y dejaron todo al aire, músculos que abandonaban a su dueño y, por morir, caían inertes y negros a sus pies. Desaparecian como desaparece lo inútil una vez quemada la última posibilidad. Desaparecieron, y qué pena... Único vestigio duradero de lo pasado sin más remedio y sin querer. Desaparecieron y quedó así al desnudo un esqueleto brillante, traslúcido, casi como hecho de diamante. Y todo el peso del mundo alrededor en una noche que no acabaría nunca, nunca... Cielos negros de noches negras y con una luna a la que le da por no nunca estar... Tanto allí presente qe se reflejaba en el esqueleto de cristal, en esa esencia ósea de lo único que, al final de cualquier muerte, debe quedar.

En verdad, tanto se reflejó en aquellos huesos, tanto se refractó todo que la oscuridad acabó por disiparse, por desaparecer también perdida en algún rincón oscuro de un recuerdo indebido. Los brillos que ya emitían por sí solos los huesos de aquella figura fueron suficientes para dar razones a la luna como para no volver; ya no era necesaria o siquiera bien recibida cuando el propio brillo del interior del mundo era tan increíble. Se deshizo la oscuridad, sí, y llegó el día eterno que, en algún momento, tendría su final. Pero también llegó así la consciencia pura de que, bajo toda piel rasgada y por más heridas que en esta nazcan, siempre quedará un precioso esqueleto de cristal."
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