miércoles, 28 de noviembre de 2007

EL VIENTO Y LOS ÁRBOLES

La vida parece a veces un camino empedrado de pequeños sinsabores y desilusiones. Llega un instante único (aunque repetible) en que todo parece hundirse sin control en una especie de oscuridad que no deja escapar ni un rayito de luz que ilumine alguna idea brillante. En esos momentos, un vendaval de ideas descabelladas y sorprendentes acuden como moscas a cebarse con la desgracia de ese pobre ciego temporal. Entonces, nada puede ir a peor, pero las cosas no mejoran. No sé si será una paradoja, un círculo visioso...

Lo importante puede ser, en estos momentos, algo que ni se vé ni se intuye. Así que habría que concentrarse en esperar ese algo sorprendente que de un soplo llene todo ese vacío negro. No sé de dónde salen esos soplos, pero bienvenidos.

Y como dice una canción:
para algunos, la vida es un camino empedrado de horas, minutos y segundos; yo, más humilde soy y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo me transporte mecido hasta el siguiente.

Dejo hoy un cuento que tiene algo que ver con todo esto, que al fin y al cabo sólo son actitudes frente a la vida. Si le gusta a una sola persona, me daré por satisfecho.

El viento y los árboles

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