viernes, 30 de noviembre de 2007

DE SISTEMAS INOPERATIVOS

A veces me quedo pensando y me pregunto: y yo, ¿por qué no soy multimillonario? Qué misterio.

En fin, pensando en grandes cantidades de dinero a uno se le ocurren siempre muchas cosas que tendría que comprar, que quiere, que necesita o que le gustaría regalar. De un plumazo, se me ha presentado en la cabeza una lista impresionante para "Papá Noel" (pues sí, me mola más el vejete de rojo que los otros tres, más que nada porque siempre ha llegado antes con los juguetes y se disfrutaban más antes de volver al colegio).

Hay de todo: un deportivo, un apartamento en la playa, un todoterreno, un chalet en la montaña, otro en las Bahamas, cantidades ingentes de discos y DVD musicales, etc. Pero entre toda esa paja se me ha aparecido algo que no parece del todo descabellado. Deshacerme del color azul.

Y es que dede pequeño me ha encantado el color azul por la tranquilidad que me inspira. Pero aún recuerdo aquél triste y fatídico día en que aprendí a montar un ordenador. Todo iba perfecto según me lo habían explicado: cada pieza encajaba en su lugar y todo parecía funcionar perfectamente. Y ahora que tenía a mi Frankenstein particular, a buscarle un cerebro. Bueno, o algo así.

El caso es que entonces, como en la historia, yo debería haber tenido un cerebro como Dios manda: con su inteligencia, sus recursos, un funcionamiento ideal, enfocado a la sencillez y al desempeño. Pero alguien me trajo el Windows. Y vale, yo reconozco que funciona, pero parece que lo de pensar...

El caso es que cuando Franki estaba acabado y le di a los interruptores para que los rayos de la tormenta pasasen a través de todos sus cables y circuitos, pasó algo sorprendente: ¡por unos instantes, mi obra cobró vida ante mis ojos! Y cuando me caía ya una lagrimita de éxito e ilusión por haber traído al mundo a mi propio ordenador, algo cambió y mi rostro reflejó primero la perplejidad que me asaltó el corazón para luego convertirse en un cabreo que, como era el primero, no fue monumental. No, pero todo se andaría.

Allí de pie, mirando fijamente ese monitor que me mostraba una pantalla muy antiestética y de color azul, con unas letras horribles en color blanco que decían cosas que no sé si quiero comprender. Ese día, comenzó la odisea de patadas a la torre del PC, de proverbiales insultos contra esa esepecie de sistema inoperativo. Alguien me había dado el cerebro equivocado.

Pero ayer, un día especial como sólo los últimos han sido, la respuesta me fue revelada. Inculto de mí, no sabía que este humilde portátil que poseo ahora puede verse libre de pantallazos azules. Me da miedo, porque todavía no sé cómo va a reaccionar la máquina ante la nueva intrusión, pero tengo que probarlo.

Tengo aquí a mi lado un cerebro como Dios manda. Aún no tengo claro cómo me saldrá esto, pero tengo que probarlo: instalaré el Mac OS X Tiger en mi PC.

Ya os contaré qué tal la experiencia, que sé que alguno de mis lectores seguro que lo encuentra interesante.

En fin: ¡que Billy Puertas me asista!


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