miércoles, 27 de julio de 2011

PARA NUNCA ACABAR

"Tumbado en la costumbre de la soledad, giro la cabeza y, a la izquierda: un deseo. Surgido del destello de una casualidad, el tiempo, tan largo, tan distante, se acorta y se acelera; consigue la brevedad de lo más intenso y en un fugaz segundo, recuerdos encerrados bajo las llaves más queridas afloran como nuevos, como auténticas fotografías con los colores más intensos. Y ese olor... ese breve incienso de la imaginación que se concreta en un suspiro, que alcanza el alma de lo tan querido tan en secreto. No hay miradas suficientes para tantas sonrisas.

Entre roces que no significan nada, pero que quieren decir lo que se piensa, lo que se dijo, lo que se esperaba, el aire empieza a desaparecer, que no hace falta. Separados por un siglo de esperanza y sueños, de olvidos que siempre vuelven cuando menos me lo espero, se acercan lentamente dos momentos de la misma vida extraña que se revela en caprichosos encuentros, en cruces de casualidad y deseo. La oscuridad nace en secreto y suavemente lo envuelve todo, sumido por un instante en un agradable silencio.

La imposibilidad que no moría se desvanece deslumbrada por la sorpresa de lo nuevo, aunque conocido. Lágrimas que no salen para no molestar a la vista, pero no lágrimas pesadas y tristes, sino lágrimas de alegría. El corazón, acompañando, acorta el tiempo entre sus latidos; los ojos, tan concentrados, sonríen para sus adentros y adiós a tanta noche oscura para ver llegar el día que acompaña estos tres momentos: el primero, el excitante y el auténtico. Como un suspiro que empezó la cosa; como un suspiro se esfuma, pero como un suspiro lento, como si no supiera del tiempo que se agota y siempre comenzara un minuto nuevo... para nunca acabar."
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