domingo, 3 de enero de 2010

NUEVO ORDEN

Deben morir.

¿Estamos ya cerca del final? ¿Es este ese nuevo orden que esperábais? Ahora que morimos a puñados, que nos arrancáis la vida como a insectos, ¿qué sentís? Pero, ¡qué pregunta!; no sentís nada. Nosotros sí lo hacemos: sentimos cada una de las gotas de sangre que derramáis, hundidos cómodamente en las butacas de vuestra noble miseria, con los ojos abiertos al brillo metálico de vuestra inconsciencia.


Nunca habéis oído un concierto de silbidos juguetear junto a vuestros oídos, ni vivido el espectáculo de ver un pequeño punto que zumba en dirección al suelo, que rompe el aire y se desliza; no lo habréis visto rozar el suelo y rugir contra todo lo que encuentra, cerca o lejos, blanco o negro. Desde el limbo, no podéis siquiera escuchar el impacto de las lágrimas que nacen del fuego y de la indefensión, tan confusas que ni la muerte las borrará de nuestra memoria.

Deben morir.

Antes de hacerlo, sin embargo, sed testigos de las plagas que nos han traído vuestros planes, de cómo os habéis manchado los bolsillos de rojo y de negro el corazón. Disfrutaría contemplando cómo los importantes quedáis limpios de mentiras y con la cara descompuesta de horror y de verdad.

Caerá la niebla que ven ante sus ojos
No la ven... Entonces ya queda poco.

Si los sueños de millones se cumplieran, mil niños volverían para miraros directamente a los ojos e incendiarios de rencor, de de odio, de sinceridad. Cómo me gustaría veros derretir en una masa negra y maloliente sin valor alguno, contaminando el suelo y enfriando el centro mismo del planeta. Aún así, esos críos seguirían con los ojos fijos en los vuestros, no dejando de torturaros ni un segundo, hablando sin voz y mueriendo para siempre ante vosotros. Concentraos bien en lo que os digan, no apartéis los ojos un momento, porque la verdad no es todo lo que nos debéis; después, os uniréis a ellos.

Si nuestros sueños se cumplieran, la noche con que nos habéis cubierto se haría añicos ante la luz de lo más profundo, de lo que no obedece a leyes o tiempo. Podríamos ver las miríadas de puntos luminosos devorando oscuridad e iluminando el mundo por completo, limpiándolo y devolviéndolo a su ser. Aún así, el vacío que habéis provocado en mi confianza me impide creer que supiéseis apreciar el resplandor, y harías oídos sordos a la llamada del orden auténtico, el antiguo, el natural.

Deben morir.
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