domingo, 5 de abril de 2009

LA CÁRCEL DE CRISTAL

"Yo no soy capaz de romper los muros de cristal de esta cárcel solo; no me siento con las fuerzas necesarias. Si tuviera mínimamente clara la idea de mi propia identidad, los gritos que salen de mi garganta a todas horas y que nadie más oye reventarían en miríadas de pedacitos relucientes esta prisión inestable y secreta. Pero ese resplandor sigue de una sola pieza y no soy yo quien lo tiene que deshacer.

Ahora, con la ayuda de esa otra carcelera consentida que cada noche me acompaña, me embelesa y me sume en un trance hipnótico que me nubla la visión, que me revuelve el estómago y me induce una inseguridad atroz a levantarme, con su única ayuda la existencia de este tormento ha de cesar.

La visión del futuro se me hace cada vez más lejana y ya no puedo pensar en el día que vendrá, sino solamente en el momento que contemplo y que me atrapa. Todo, tergiversado por alguien —por algo— que no soy yo, me parece más claro, más atractivo y, al mismo tiempo, más irreal. ¿Soy yo el que ignora estos muros y cree en su desaparición? ¿Es ella quien me obliga a ello y me convence de esa posibilidad?

Mientras lo averiguo, me acurrucaré todas las noches en mi rincón preferido de esta celda transparente intentando escuchar el mundo exterior en su inevitable desarrollo, concentándome en la posibilidad de que algo pase, algo que me saque de esta rutina infernal de no saber ni quién, ni cuándo, ni cómo.

Hasta entonces, no existo."
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