miércoles, 23 de enero de 2013

EL LEGADO DE SHUR-KAN

"Mi tiempo se agota. Ahora que veo acercarse el fin de mis días, no puedo eludir la urgente necesidad de dejar escritos todos mis conocimientos, tanto aquellos que he procurado compartir e inculcar a toda mi gente de forma expresa, como los que, en el principio del todo, prometí no revelar. A pesar de la prohibición de hacer conocidos la naturaleza y el objeto de lo que me fue entregado, temo que, si nadie hereda mis recuerdos, el futuro de nuestro pueblo, de los jóvenes Karnae, pueda caer en el desastre y la extinción prematura. Con el corazón hundido en pesar, he de traicionar a quien nunca traicionaría, a la tierra, a los bosques, al fuego... a nuestro padre, a Karn. Sus confesiones deben sobrevivir y perdurar en el tiempo hasta que un destinatario adecuado nazca en este mundo. He aquí el resumen de la vida oculta de los Karnae; tan desconocida, que solamente yo poseo toda la verdad.

Cuando todavía vivíamos en las tinieblas del pensamiento y el mundo era hostil e incomprensible, ningún pueblo habitaba sobre la faz de Karel. Únicamente había individuos repartidos en pequeñas familias, distanciadas unas de otras. La naturaleza reinaba en todas partes. El hombre, como diría hoy, no existía, pues no era distinto de cualquier otro animal: salvaje, instintivo, libre. La capacidad del pensamiento no era algo que poseyéramos. Recuerdo las noches oscuras en la soledad de esta misma cueva en la que hoy me siento a escribir. Encontrarme con alguien desconocido siempre era una situación tensa, de desconfianza, recelo y curiosidad. Dependíamos de una caza burda, sin más instrumentos que manos, piernas y dientes; acechábamos y nos movíamos con sigilo, husmeando. Éramos una bestia más, un estadio muy primitivo de lo que hoy somos. Y así hubiésemos continuado, de no ser por lo sucedido una noche cualquiera.

Mientras dormía, extraños sueños invadieron mi mente. Imágenes de seres increíbles atenazaron mis nervios y el paisaje que veía, pues siempre soñaba sobre lo que conocía, empezó a cambiar. Me encontré de repente en una tierra seca, desierta, ausente de vegetación o animal alguno. Era desconocida para mí, pero yo tenía la sensación de que, sin embargo, estaba en casa. Ríos de fuego quebraban el suelo y desprendían columnas de vapores verdosos y amarillos. La tierra, rojiza y negra, era un manto de roca estéril y ardiente. El cielo, negro por un velo de nubes venenosas e insondables, ocultaba las luces de los astros.

Absorto en la visión fantástica y descomunal de un mundo latente naciendo del fuego, mi mente giraba a tal velocidad que creí que moriría de locura, de agonía, de tensión. Fue entonces cuando una voz poderosa como el universo hizo vibrar el aire y su sonido me llegó, ultraterreno, impactando en mí. Era la voz de Karn, como supe con sus primeras palabras. Aun hoy, no sé si su voz fue real o si habló dentro de mi mente, una mente por desarrollar, primitiva, sumida en la oscuridad de su propio nacimiento. No reproduciré las palabras exactas de Karn por respeto, pero tengo la osadía de cometer esta traición, aquí reflejo su mensaje.

Yo, un hombre incapaz de la razón, como todos entonces, no comprendía lenguaje alguno que no fuese el intuitivo de los gestos. Sin embargo, entendía perfectamente lo que aquella voz me contaba. Me habló de todo lo que luego se ha convertido en las tradiciones Karnae. Era Karn, el ser primero del universo, era el Universo en sí. Me narró el principio de sus días como gigante de piedra, mucho antes de la creación del tiempo. No sé si fueron su voz o las imágenes que se proyectaban en mi mente, pero vi al gigante en toda su extensión, enorme, inacabable, infinito... Me contó el final de su existencia únicamente, como todo Karnae sabe. Me describió la guerra última de la saga de los gigantes, cada uno de los cuales tenía el tamaño de un universo entero, batalla que dio como resultado la muerte de su raza. En explosiones tremendas, inconcebibles, los gigantes se destrozaron entre sí en el fragor de la lucha; quedaron desintegrados y llenaron todos los rincones de los universos con sus fragmentos muertos y estériles. De aquella última batalla, nada debía quedar. Era el fin que llevaría al principio.

Como es bien conocido, Karel permaneció flotando, aislado en mitad de la nada. Se trataba del corazón rocoso de Karn, que quedó como semilla latente para un futuro resurgir del gigante. Bajo unas circunstancias especiales, Karn volvería definitivamente para continuar con el discurrir del tiempo y la existencia. En ese nuevo nacimiento, los Karnae tendremos nuestro lugar como parte del todo y esencia de la creación, como fuente de la vida que, con los eones, dará nacimiento al nuevo Karn,

Sin embargo, aquellas visiones e imágenes sobrecogedoras llegaron acompañadas de otras bien distintas. Ahora que ya conocía el origen del mundo y su necesario discurrir, Karn me mostró algo muy diferente. La superficie de Karel estaba plagada de gigantes del tamaño de inmensas montañas que formaban una legión de furia y descontrol, una tormenta de roca, de destrucción que arrasaba el planeta y desgarraba sus entrañas, matando la incipiente vida que debía regresar al corazón del gigante universal. Venas incandescendes de piedra fundida iluminaban la pétrea piel de los destructores. A cada paso, abrían simas abismales en la corteza del centro de Karn, en nuestro hogar. Solamente encontraban oposición en unos seres de aire, de agua y de gases, los Gau, que combatían a estos enormes Kartun, pues así los llamó Karn, e intentaban proteger Karel.

Tanto los Gau como los Kartun habían nacido de las extrañas del planeta mismo. Los gigantes, como respuesta a un problema que impedía el libre desarrollo de Karel para devenir el gran Karn, una fuerza oscura y desconocida que no deseaba su regreso. No obstante, la vida y sus cauces naturales no pueden ser detenidos. De una forma u otra, ese ímpetu, esa energía creadora tiene que desarrollarse, bien para construir, bien para la destrucción. Los Kartun surgirán de la presión por evitar el cambio de Karel y, en su ciega llama de ira, arrasarán cuanto encuentren a su paso hasta que solamente una nueva muerte pueda devolver la vida al corazón del gigante.

Los Gau, por su parte, seres vaporosos que cubren el cielo, intentarán evitar que los giagntes devuelvan al mundo a un estadio anterior. Nacidos como salvaguarda de los últimos suspiros de Karel, su único cometido consistirá en acabar con los Kartun y conservar lo que quede intacto. Lucharán hasta la extinción de los unos o de los otros, y del resultado de su gran batalla se decidirá el camino que Karel tomará: o la muerte precipitada bajo la furia de la roca, o la incertidumbre de la continuidad tras una catástrofe semejante. En cualquiera de las dos posibilidades para el futuro de Karel, solamente puedo sentir temor, pues se acerca un gran final, ya sea en forma de cambio o de destrucción.

Nunca he transmitido esta parte incierta y catastrófica del mensaje a nadie, como fue deseo de Karn. Después de la revelación, los Karnae nos identificamos como tales. Por influencia de la energía universal de nuestro creador, nuestra especie fue elegida para adquirir conocimiento y capacidades superiores. Nadie recuerda nada de su propio principio, pues solamente yo, Shur-kan, brujo primero de los Karnae, vivo de entre los primeros seres inteligentes.

Como he dicho, nadie conoce esta historia. Durante mis largos años, no ha habido día en que no meditase sobre la visión y siempre llegaba al pensamiento de que la incertidumbre de ese final... Soy impreciso, pero ya he revelado suficiente. Algún día llegará alguien adecuado, alguien capaz de ser un verdadero Karnae, de comprender su propia naturaleza. Entonces aparecerá la marca de Karn y sabrá de su destino. Hasta que ese día llegue, este escrito permanecerá aquí en la cueva. He grabado las paredes con conjuros, de modo que únicamente un verdadero Karnae sea capaz de recibir mi mensaje. Espero que entonces, cuando el mundo esté preparado para decidir su propio devenir, el elegido Karnae sabrá llevar a su pueblo a un estadio superior. Confío en ello porque, de lo contrario, solamente nos esperará la muerte.

Karn renacerá de sus restos; quizá los Karnae lleguen a ser testigos. Ojalá sea así...

Que los años de Karel sean largos y prósperos."



Shur-kan

Brujo Primero de los Karnae,
legado viviente de Karn.
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