viernes, 8 de abril de 2011

DE AQUELLAS HORAS

"Llega la tristeza y, con ella, mareas rojas, espesuras insondables y vacíos de pensamiento. Llega la oscuridad entre nubes de ideas vagas, de pereza y desazón que se cuelan por las rendijas entreabiertas de mi ventana. Sucumbe el tiempo a la desidia y se apelmaza, impotente ante la parálisis, asustado, perdido y medio muerto. Sube la temperatura y se vicia el aire y no respiro por miedo a romper en mil pedazos lo que sólo queda ya: mis recuerdos. La realidad se comprime y eleva la presión que siento en cada partícula que me rodea. La auténtica verdad se camufla esperando dormir, salvarse así de la quema de todo lo que ha sido en vida, de todo lo que guardo en mi cabeza. Nervios crispados y descargas de ira indomable proyectada en golpes a la pared entre sueños que se mueven entre lágrimas; y, al despertar, la nada o el todo, según se mire; por nada, lo importante, mas por todo: la nada.

Y de aquellas horas: dolor y millones de palabras que guardan el fiel recuerdo de una noche ya pasada. 

Pero hoy, que brilla el sol, que sopla el viento, que me esperan con sonrisas y acompañan más miradas, hoy no es día para nubes negras, de horas bajas. Hoy, como de ahora en adelante y cada día, nacerá una persona distinta, inesperada, rehecha de algún pedazo recogido y bien guardado de lo que hubo sido en una vida pasada. Hoy, que se renueva el mundo, me dejo a la manía y a aprovechar cada momento; a respirar a pumón lleno, que no recuerdo cuándo lo hice por última vez.

Y a empezar, que se hace tarde."
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