jueves, 11 de junio de 2009

BORDADOS

Entre hilos blancos y el ritmo relajante de la maquina de coser, el tiempo se ralentiza y los olres se hacen más intensos; la luz, que nunca brillará tanto de nuevo, provoca un destello multicolor al entrar por la ventana a media tarde y atravesar el cristal de las gafas de la mujer. El aire es el más dulce que habré conocido nunca, el más fino y lleno de momentos por conocer.

Sólo tengo que cerrar los ojos para que ese momento cobre vida durante un instante ínfimo en que todo mi ser sienta que se encuentra allí. Por fugaz, la sensación se desvanece pero vuelve a dejar el recuerdo vivo, restaurado y ardiente, esperando que llegue la próxima vez. El tiempo pasa y al final todo desaparece; al menos, en apariencia.

Pase lo que pase, siempre nos quedará la suerte de tener tus recuerdos bordados.
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