lunes, 13 de octubre de 2014

EL CUADRO

(Sugerencia para escuchar mientras: Fragile, de God is an Astronaut)

"Cuando el cuadro empezó a dibujarse, una caricia discreta e invisible dio rienda suelta a los colores. Un hilo dorado se extendió en el fondo oscuro de un corazón deshidratado y, poco a poco, su luz iluminó una oscuridad densa e insondable, enterrada durante años. Con un ritmo lento y cadencioso, el hilo se enredó en una maraña de luz que circundó, al cabo de unos segundos, el intenso brillo miel de los dos soles que amanecían detrás. Como un óleo correoso, la luz comenzó a entremezclarse y brilló sin comparación, enmarcando el rostro de lo inesperado, de una noche de oscuridad deshecha, alejada de la norma. El cuadro, entre brillo y destello, quedaba lentamente dibujado; las horas corrían al ritmo palpitante de la pintura. Era precioso.

Los soles se abrieron en una sonrisa deslumbrante y la sombra, espectador del azar del destino, sonrió también al verlos como respuesta. Su imaginación nunca habría podido crear un momento mejor. Lágrima a lágrima, la alegría de la sombra se mezcló con la pintura luminosa y el cuadro, de dimensiones que traspasaban el entendimiento, si bien no el corazón, se hizo parte de ella.

Tantas noches pasaron en frío contacto de piel no correspondida, de ideas diferentes, que aquél amanecer de color miel calentó cada centímetro de la sombra. Tanto tiempo sin salir de una cárcel de cristal convertida en hogar, y una noche, de improviso, amanece en el lugar más inesperado, en el momento más extraño. Tanto tiempo y tantas noches, y ahora aquí al lado... amanece.

Sin embargo, la luz de soles inesperados es tan cálida como fugaz. Al final, y a pesar del brillo contenido con la dificultad de un sentimiento nuevo, los soles se ponen sin dejar de brillar. Su luz, amortiguada por un pasado reciente, tamizada por un algo indeciso, se oculta mas no se extingue, pues nunca se sabe qué resurgirá. Los soles se ponen en un mar de dudas, en una calma escandalosa que se agita con el soplido más leve del corazón de la sombra. Ese mar, tan plagado de tiburones hambrientos de equivocación, tan cubierto del aceite de la duda, ahoga el brillo auténtico de los soles de miel, que, más que ponerse, caen en un horizonte de confusión. Mares de dudas infinitas y no saber qué sentir se enfrentan a otros de ideas y a un sentimiento no entendido, demasiado reciente, e imposible de seguir. Aún así, las noches nunca duran para siempre; la oscuridad es devorada en el resurgir de una luz hambrienta que destella en el horizonte; no en el que traga la luz de lo auténtico, sino aquél en que despierta. 

Así, algún día los soles que dibujaron con su luz un cuadro precioso, volverán a amanecer. Lloverán ríos de pintura que cubrirá un lienzo nuevo y vacío. Llegará el día en que esos dos soles no tengan que volverse a poner, en que iluminarán el paisaje más perfecto que se pueda dibujar. Llegará, y miles de hilos dorados se rizarán entorno a una sonrisa involuntaria y descarada, reveladora. Llegarán los días y vendrán los besos, y las caricias, y el tan de cerca al mirar...

Llegará y se pintará de la nada un cuadro distinto, precioso, impredecible, auténtico... sea quien sea quien lo vaya a contemplar."
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