domingo, 8 de enero de 2012

EL LAGO DESQUICIADO

"Una infinidad de lágrimas llovieron sobre el lago y dejaron sus aguas heladas en un cristal deslumbrante. Perdiendo el rojo en su caída, impregnó esta miríada de recuerdos el aire de una ligereza extraña, triste y cálida; triste por un dolor que no desaparece, por decepción, pero cálida por la felicidad de no olvidar que, al fin y al cabo, es tan sólo lluvia ya.

La superficie del agua, como un espejo, reflejaba una y otra vez la imagen que cada gota le imprimía. El hielo, al instante, llenó de una escarcha cortante cada cara, cada gesto, cada palabra recordada. Se escampó e invadió la orilla, pintando de blanco y de muerte todo lo que alcanzó hasta enterrar el último resquicio de cualquier recuerdo.

Se hizo un silencio congelado, latente.

Salió el sol y rompió el mundo. Las aguas y el cristal reventaron e hirvieron, fundiendo así dolor y recuerdos, quemando la salud de su entierro. Volaron las gotas convertidas en rojas llamas, no de sangre como cayeran antes de la helada, sino de fuego hiriente que se metió hasta el alma. El mundo se sumió en nervios y el lago, llorando de impotencia ante el dolor, abrasó la vida alrededor hasta el último recoveco. Lágrimas de ausencia, encendidas de rabia por la locura y la desazón de no entender nada.

Y de vuelta en un segundo de ese mundo tan acostumbrado, de creer en el olvido hasta ver despuntar el sol y darme cuenta de que yo no lo he olvidado."
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