jueves, 14 de abril de 2016

DERROTAS

"Todas las cabezas se giraron de repente. En lo alto,  como el brillo de un antiguo sol que alumbrara humanidades, unas imágenes incandescentes atraían e hipnotizaban todos aquellos ojos que, pendientes del movimiento de los veintidós, cerraban su experiencia a otro mundo más inmediato, más real y más ficticio,  más falso y encarnizado que cualquier resistencia social.

Todos contemplaban lo alto como ausentes,  como babas cayendo de una boca entreabierta y descoyuntada en el atontamiento de la sociedad. Todos miraban,  y mis ojos al suelo en desconexión,  en esa falta de contacto y de compartir lo que todo el mundo adora.  Mundo de soles de plástico, de ídolos mal construidos que no atinan a empalmar dos palabras seguidas con coherencia. Ídolos,  como nunca debió ser,  de cabeza vacía y bolsillos llenos, que dejan lo que fue digno en una mera impresión, en un simple recuerdo de una época en que todo era distinto, en que todo valía más de lo que cuesta hoy. 

Todos se giraron y se perdió el sentido de la vida. Ahogados en la imagen de lo deseado, de la envidia por no ser ellos, del ansia de ser más en cualquier competición. Todos se alzaron ante tanto que se marcaba. Todos se alzaron, la sangre comenzó a hervir y unos y otros se restregaron victorias y derrotas. Victorias en las que nadie conocido hubiese participado; derrota de cada uno que se encontrase enfrente,  a sangre y fuego,  a brazo partido  y cuchilladas si fuese necesario por sus ídolos, caídos o en victoria.

Todo el mundo alzó la vista mientras yo cerraba los ojos, ausente de todo lo que conocía el resto, intentando la concentración en un mundo que quizá, sólo  quizá, nunca acabe de existir.

Perdí el partido."

sábado, 9 de abril de 2016

LA PROTAGONISTA

"Esta noche voy a hacer de ti  la cosa más bonita del mundo. Escribiré tanto que, a fuerza de gastar tinta de bolígrafo, tendrá que salir en forma de gotitas azabache y brillantes todo aquello que impide que la luz inunde este lugar. Haré tanto que el páramo se volverá un valle verde, rodeado de las cumbres del agua más pura, del aire más fresco, del más nuevo sentir aunque solamente sea por una noche.

Esta noche haré lo más precioso que me ofrezcan mis manos. Y serás la protagonista de todo,  de un mundo entero ya cansado y de uno nuevo que no empieza a existir. Lo haré porque no me queda más remedio,  porque las imágenes se tiñen de verde turquesa,  porque no se puede pensar sino en imágenes recordadas de una noche de casualidad... Pero serás la cosa más bonita. Y así seguirá de hoy en adelante,  por muy oscura que se torne la noche porque, mientras vea esos ojos de soles incandescentes, nada más importará.

Serás la cosa más bonita que existe en esta noche eterna y pasajera, tan solo sea por haberte visto,  por saber que existes, o por la simple razón de que nunca estarás aquí. Serás la cosa más bonita de esta noche, de esta luna indolente que alumbra cuando quiere... Serás la cosa más bonita aunque solamente sea para mí."

viernes, 8 de abril de 2016

LA LLAMA AZUL

"Calor... Lo que daría por un poco de calor...

Cansada de vagar por páramos oscuros, con barro hasta las rodillas, los pies se arrastraban lentamente como si al mundo le fallasen las fuerzas para girar. Aún así, músculo a músculo, la maquinaria del espectro continuaba funcionando a través de una inmensidad insondable. Brizna a brizna, el aire helado cortaba milímetros de la oscura piel. Nada de sangre, eso ya había acabado tiempo atrás. Paso firme y adelante en la experiencia.

Pero lo que daría por algo de calor...

Lejos quedaba ya la ciudad de partida cubierta en llamas por completo; pero llamas frías y codiciosas que apagaban con su brillo cualquier atisbo de recuerdo. No, todo aquello ya debía de estar calcinado hasta los mismo cimientos de la razón. Y quizá así era, pero el susurro de lo eterno todavía conseguía aletear en una memoria casi perdida, totalmente ocupada ya por los yermos de alrededor. Que la ciudad quedase reducida a cenizas, que así caerían las falsas reinas que habitan el corazón. "¡Que caiga! ¡Que caiga!", susurraba la mente de la sombra oscura. "Desde la colina más alta lo celebraremos". Y así se hundió el antiguo reino de carne y hueso, de ver los colores del exterior, deshaciendo lo vivido en un recuerdo soterrado bajo los cascotes de un: "¿Quién fui yo?". Cayó todo y se hizo el más oscuro eterno, el más deseado y ensordecedor silencio.

Un pie tras otro, los pantanos se removían en borbotones de burla que emergían del barro, reventando sin remedio ante los ojos de aquella silueta andante. Ojos al cielo y, ¡qué sorpresa! Nada que ver. El lodo había tragado hasta la luz de la única estrella. Paso a paso, la sombra siguió su camino hacia lo más profundo del corazón. Razón ausente, nada más quedaba por hacer. Los centímetros se tornaron vidas, pero la sombra proseguía, terca en aquella decisión de abandonar la ciudad perdida y aislarse en lo más profundo que encontrase, en el trocito más apartado del más recóndito rincón.

Lo que daría por un poco de calor...

Un día, perdida la cuenta de tantos ya, un fogonazo interrumpió el silencio de la sombra. Como el fin de una era, un haz de luz cruzó de extremo a extremo el cielo dejando una estela brillante y nítida. La silueta perdida no tuvo más opción que presenciar aquel fenómeno como lo que realmente significaba. "Cuánto tiempo...". Sus ojos estudiaron lo que sucedía atentamente, conocedores de su corta duración. Pronto, en semanas, quizá en días, horas o minutos, el resplandor desaparecería dejando a la sombra volver a la oscuridad.

Así continuó el camino. Antes de que el hielo volviese a poblar el mundo de ese instante, la sombra se alegró profundamente. Apenas un segundo de su destierro huyendo de la llama azul había durado aquel destello, pero si ella había sido capaz de contemplarlo, seguro que así había hecho también alguien en el exterior.

Lo que daría por un poco de calor..." 

CUANDO QUISIERA

"Cuando quisiera encontrarte, buscaría hasta debajo de las piedras, en el rincón más perdido, más oscuro y más improbable de un mundo imaginado y a veces, solo a veces, reflejado en la realidad. Seguiría cualquier rastro que se acercase a tu presencia o que simplemente oliese a ti. Recorrería caminos que no existieran todavía con tal de seguir una senda, cualquiera, que llegase al final a dejarte frente a mi.

Cuando quisiera encontrarte, pasaría noches enteras con la mirada perdida en un horizonte arisco y desconocido, falso en vida hasta que una casualidad lo hiciese coincidir con las líneas de tu figura. Seguiría paso a paso el sendero más largo, observando a cada movimiento si una huella tuya se ha perdido en el barro. Caminaría como ido, perdido en un sentimiento tan encontrado como perdido, tan deseado como vivido en el suspiro de una noche.

Cuando quisiera encontrarte, pensaría en todas las historias de mis libros de terror, de aquellas películas que vi en la oscuridad, de aquellos fantasmas que no aparecieron porque si. Buscaría hasta en el más recóndito rincón de una conversación compartida casi porque eso tuvo que ser. Buscaría, y sin cansancio, hasta el extremo, en un reflejo claro de turquesa que aún no se ha llegado a conocer. Y es que, por buscar, buscaría en lo más profundo de ese mar de inoportunidad que persigue ciertas decisiones, ciertos encuentros y tantas situaciones... Por buscar, te buscaría sin más.

Cuando quisiera encontrarte, como te encontré en su momento, lo haría por pura casualidad agazapada en un rincón del tiempo en que no se puede coincidir. Pero te encontraría, que no te quepa duda, aunque fuese a altas horas de la madrugada, poniendo letra tras letra con la única luz del recuerdo de esos ojos de luna.

Cuando quisiera encontrarte, porque quiero. Sin embargo vivimos lo que buscamos, y no encontramos lo que queremos. Así, quisiera y no lo hago, por creerte tan lejos de todo, tan fuera de este momento, que las calles se hacen largas y separan estos pies de cualquier punto de encuentro. Cuando quisiera, y así es cierto, porque las ganas nunca faltarán por encontrarte, por mucho que permanezca en silencio.

Y si no se mueve ni un músculo, a pesar de buscarte tanto, es por querer encontrarte, aun por casualidad, pero sin tener que salir a tu encuentro."

miércoles, 6 de abril de 2016

ESTRELLAS

"Cuando el hombre vio la estrella, quedó pasmado ante tal belleza. No brillaba aquel astro como los demás; su luz, más intensa si bien más difusa llegaba a rincones de aquel hombre que, de tan adentro que se encontraban, ni tan siquiera él mismo conocía. "Si estos árboles hablasen...", se repetía incesante sin mover los labios, como sin sentido, ausente y perdido en aquella estrella del centro de su universo. Fue la primera y, como tal, inolvidable. Noche tras noche salía el hombre taciturno al amparo de una luna que, cuando aparecía, mejor: más oscuridad y la mirada siempre en la estrella. Día a día, mes a mes, el tiempo fue pasando en una nube de felicidad que solamente aquel hombre llegara a comprender.

Pero la estrella se alejaba. Inapreciable a la vista cansada de aquellos ojos gastados por el sol, el astro cambiaba su intensidad en parpadeos que difícilmente se podrían distinguir. Leves, casi nada, pero ahí estaban y, poco a poco, en la noche de los tiempos del ermitaño observador, el punto brillante, objeto de su devoción, terminó por desaparecer. Como un silencio desde la inmensidad de la tormenta, un último fogonazo confirmó la extinción de la estrella. Los ojos del hombre intentaron abrirse más y más, pero les era imposible. Grabadas en la retina, sobre aquellas pupilas dilatadas, quedaría la sola imagen del destello fugaz, del último suspiro de su estrella.

Se hizo la oscuridad. El resto del cielo nocturno desapareció engullido por una negrura tal que ningún haz de luz atinaba a rebotar en las hojas de los árboles del bosque, ni en sus manos, que colgaban como inertes a ambos lados, o en los ojos perdidos que miraban al cielo con el único objeto de volver a encontrar lo perdido. Se hizo la noche más negra y se hizo el más profundo olvido; olvido de fuera hacia adentro, de lo ignorado por el resto en cuanto a lo sentido. Y se hizo el silencio también, tan bienvenido en ocasiones como aquella. Pero es que, por hacerse, piedra incluso se tornó el corazón que se apagó como lo había hecho la estrella. Había cambiado el mundo y era difícil siquiera poner un pie tras otro en el vacío del bosque. Para evitar ya más golpes innecesarios al caminar completamente a oscuras, el hombre decidió quedarse quieto y no mover un músculo, párpados cerrados y lento respirar. No volvió a amanecer.

El tiempo continuó de nuevo su curso. Heladas cubrieron sucesivamente el mundo y todo lo conocido quedó enterrado. La piel sucumbió a la escarcha; el frío caló, como siempre, y alcanzó el hueso. Hielo, todo hielo. Al menos así, el silencio... Calma. Todo hielo y oscuridad. Calma y cerrar los ojos. Cerrar los ojos y no buscar... 

De pronto, en un momento imposible de concretar, algo traspasó las capas de hielo que cubrían los ojos de aquel hombre petrificado. Un fulgor extraño, pasajero, pareció iluminar de nuevo. En un instante, las manos quedaron libres de su prisión helada y se movieron. El cuello, como siguiendo el impulso, dejó caer varias placas diminutas de hielo al girarse en un lento movimiento que inclinó la cabeza hacia el cielo. Así, en esa postura, en ese preciso segundo, los ojos se abrieron. Miles de recuerdos inundaron la visión al abalanzarse unos contra otros en un caos nunca antes sentido. Allí arriba, dirigiendo todo el universo, había una nueva estrella aún más brillante, si cabe más hermosa que la primera. Presente en el centro de todo, dando vida a lo que había muerto, dejando caer el hielo que cubría al hombre en aquel destierro. Y volvió a la vida y retomó tantas formas de sentir que ya había olvidado.

Sin embargo, como el precio de todo aquello que tiene valor, el hombre aprendió una cosa. Aquella nueva estrella también acabaría por extinguirse, como lo hizo la anterior; sin embargo, el hielo y la noche oscura serían pasto del olvido. Tras aquella estrella quizá vendría otra, y puede que también desapareciese. Pero ahí seguiría el hombre con la mirada en el cielo, feliz por el simple hecho de verla pasar."

martes, 29 de marzo de 2016

NO NOS MOVERÁN

"No, no nos moverán. No; frente al viento alzaremos la voz no escuchada de todo aquello que se mueve por dentro. Con una voz firme, no nos moverán jamás de esta tribuna improvisada de autoconvecimiento y ganas de resistir. Unidos en una vida, no nos moverán, en una lucha perenne que nunca da signos de debilidad ante aires pesados, como impregnados de aceite, y días nublados que ocultan el sol de un futuro cercano. No, nunca podrán movernos de un sentir único y no compartido que se extiende más allá de lo que se quiera ver. De lo que se quiera ver...

No, no nos moverán de este lugar tan recóndito en un mundo plagado de comunicación; tan aislado este refugio que nadie acaba encontrando el camino. Pero aquí estaremos, erguidos frente a todo aunque falten fuerzas, aunque la flaqueza ataque ansiosa porque, al final, no nos moverán.

No nos moverán y todo seguirá en este ambiente impasible en que la bruma se convierte en viento, en que los segundos son mucho más que tiempo, en que después de todo nada queda... Nada, salvo el recuerdo de un recuerdo que impregnó la vida de tal forma que, por mucho que se intente, no nos moverá.

No moverán esa ausencia, ese no saber y no sentir, ese sentir demasiado para lo que se requiere. No moverán esos ojos que atisban impacientes el aparecer de alguien tan especial. No moverán esos labios que ya no paran quietos en palabras tan deseadas y por decir; tan cerrados en la vida real. No nos moverán de esa infancia tan de sueño, tan especial, tan extraña a otros ojos. No nos moverán del tiempo en que fuimos únicos. No nos moverán de ese reclamo que nunca obtiene respuesta, de esos labios que, por mucho que se los llame, nunca acuden. No nos moverán tampoco de tanta imagen guardada, de tanto segundo disfrutado...

Y disfrutado, como se disfruta el silencio. Disfrutado, sí. Y no nos moverán de este sentimiento que ha costado tanto aprender a base, y a pesar, de los años. No nos moverán, y perdone quien lo intente, pero ya ha habido demasiados frentes, demasiadas guerras, y uno lo que quiere uno ya no es más que haya calma y que, por una vez, no lo muevan más." 


viernes, 12 de febrero de 2016

RÁPIDO

"Cuando se vieron por primera vez, todo ocurrió muy rápido; tanto que las miradas se convirtieron en caricias que derivaron en besos. Tantos besos que acabaron en palabras desde el centro de un solo corazón.

Cuando se conocieron, todo ocurrió tan rápido, pero tanto, que cuando quisieron darse cuenta ya andaban separados, olvidados para siempre de lo fue ser simplemente uno en lugar de simplemente dos."

viernes, 5 de febrero de 2016

PHANTOM PAIN

"Las luces se apagan esta noche. Poco a poco, pulso a pulso, el brillo pierde intensidad y se mezcla en una inmensidad que todavía se sigue sin explorar. 'This is the end', dice la canción, mientras todos nos quedamos con la vista fija en lo eterno.

La negrura, paso a paso, se abre camino entre un mundo que se poblaba de luces no mucho tiempo atrás. Y esto cambiará, o al menos así es la esperanza. Esto acabará siendo otra cosa aunque 'you still feel the pain'. Pero no te preocupes, que al final la noche brotará en ese fin tan predecible de un bocado de día. Acabará así y todos miraremos a lo alto con el anhelo de algo nuevo. Saldrá el sol y saldrán las estrellas, y un coro de otros tonos que nos transporten desde donde no debemos estar.

'This is the end', y todo a compás. Notas que se suceden en un vacío de luces trepidantes que se estremecen hasta lo eterno, hasta un infinito manchado de la más negra oscuridad, impregnado de ese tinte que no deja olvidar pero que, sin embargo, acaba por borrar lo indescriptible.

Nunca entenderán lo que sentimos en ese momento; nadie hablará de lo que pasamos y todo se desvanecerá en el viento. Ahora es todo eso... Sentimientos que se funden en un infinito relegado a la espera de algo mejor. Todo y nada más, todo junto y bien revuelto, como una melodía incomprensible que estremece los oídos hasta que se hace por fin comprender. Y ahí estaremos, en el final de esa cola de segundos que soportan sonidos que salen de dios sabe dónde, como héroes de otros mundos que se yerguen valientes ante lo desconocido.

Este es el fin. Y así nos sentimos, como acabados ante una idea que no cuajará por mucho que se intente. Esta vida líquida, que se traga y se escupe según el momento, que se anhela y se desprecia cuando conviene, ahora se convierte en más de lo que esperábamos, en más de lo mismo, 'when it expires', y así eternamente contenida en un suspiro.

Ahora que te levantas frente a un paisaje en blanco y negro que solamente abarca la ciudad, puedo oír muy cerca tras de mí a la multitud que brama por la falta de comprensión, por sabernos tan uno sólo que ahora es extraño que nos hayamos dividido en dos. 'Oh, just like you and me', y 'you are more than fire, but this is the end when it expires and suffocates'.

Y es que sí, la noche se empieza a alargar cuando esto es el fin. Un final persistente aunque anunciado, no querido y tanto tiempo contemplado... Escucha cómo grita el mundo; ¿o sólo lo oigo yo? 

'Oh, just like you and me... 
  You are more than fire.' 

Más quisiera yo creer esas palabras... Pero ahora toca dormir los sentidos en una noche tan eterna como inesperado sea el siguiente despertar. Ahora los brillos de las luces titilantes se diluirán en notas nunca antes oídas, en experiencias tan nuevas como deseadas, en momentos que nunca antes se pudieron vivir y que nunca jamás se podrá.

Y así, lo único queda guardado en un rincón precioso de lo más profundo de un desalmado corazón...

'...just like you and me.' "

martes, 2 de febrero de 2016

CUANDO ATACARON

"Cuando los demonios te atacaron, yo estaba allí. Estaba, pero si acaso algo distante, inmerso en una separación por sorpresa que no supe interpretar.

Cuando los demonios te atacaron, vi esa mirada, siempre sonriente, convertirse en la boca de un pozo tan profundo... Vi cómo el tiempo se distorsionaba, cómo la ilusión de algo nuevo ya no era suficiente; es más, fui testigo privilegiado del hundimiento de todo aquel mundo nuevo que se intentaba alzar.

Cuando los demonios te atacaron, miré hacia el sol para verlo ponerse en un cielo oscuro que, por el momento, anunciaba el cese de su brillo y la zambullida inevitable en unos resquicios que crecerían hasta convertirse en la noche más profunda, en la más absoluta oscuridad.

Cuando los demonios te atacaron, yo estaba tan presente que había perdido el norte de una realidad solitaria y olvidada, centrada en el descubrimiento de lo más profundo. Quizá por eso, cuando todos esos monstruos se abalanzaron sobre ti, yo no estaba preparado para entenderlo. Quizá por eso, cuando ya amenazaba con sus dientes en tu garganta, no supe entender que necesitabas un héroe que no estaba allí.

Cuando los demonios te atacaron, tus ojos palidecieron y mi tiempo de acabó. Se acabaron los atardeceres, las nubes de colores, los segundos eternos de una conversación... Se acabaron tantas cosas cuando los demonios se hicieron sobre ti...

Y ahora que el tiempo ha pasado, que el cielo continúa nublado aunque lo oscuro ya pasó, ahora que los ojos brillan aunque intenten ocultarlo, ahora... Ahora es demasiado tarde.

Ahora el tiempo fluye cada vez más lento, o más deprisa, ya es imposible saberlo. Ahora las calles se extienden interminables cuando pretendo llegar a algún lugar. Se abren caminos e hilos de pensamiento que desmontan la realidad para volverla a interpretar dentro, a oscuras, en un mundo que cambia cada día más.

Ahora que los coches blancos parecen solamente ambulancias, transportes indolentes ante lo que llevan dentro, se transforman los días por momentos en cuanto se espera llegar a... A nadie, al fin y al cabo sólo es eso.

Ahora que las horas tienen más minutos de lo debido, el héroe aquél que no apareció decide dejarse mostrar, de repente, escudo en vilo, dispuesto a proteger lo que más quiso. Si llegó tarde, hay enmienda.

Ahora, sin embargo, que las telas están rasgadas, que pasó el momento de luchar a capa y espada por el sentido de la vida, se hace mucho más complicado resistir las cornadas de esos demonios insaciables que se cebaron con la mirada de un destino que no se acabó de concretar. Y tan deseado...

Ahora, la malla ya no protege el pecho y el corazón abandona su rincón, herido y sangrante desde lo más hondo, desde un pasado que se hace cada día mucho más anterior. Tampoco sirve el casco, ese adorno inútil que impide que se deforme lo existente, que ningún golpe haga mella o infecte de pensamiento extraño; si bien hacia afuera todo fluye, se aleja, abandona lo acostumbrado y, al final, se extingue.

Ahora, que los demonios ya te atacaron e intenté salvarte, no puedo más. No, porque el tiempo se tranquiliza y el aire se respira ligero; pero al llegar el instante de enfrentar esa batalla, todo se vuelve mucho más intenso y, sin poder evitarlo, un pasado querido y extrañado, sentido hasta no poder demostrarlo, se adueña de la esencia del presente y el tiempo se vuele raro.

Ahora que la armadura es de la talla, que el escudo acompaña y no falta una espada entre los dientes, ahora se nota la lejanía, el no saber qué hacer o qué decir por perderse el mensaje en la distancia; que no es tiempo. Ahora, que ansío enfrentarme a los monstruos de primera mano, ha pasado el momento y, así, se ha ralentizado todo instante que se pudiera vivir.

Cuando los demonios te atacaron, yo estaba presente, lo recordaré de por vida, como haré con aquel momento precioso en que solamente existió una playa, una roca, una mirada al mar y suave el movimiento de la brisa.

Ahora, el tiempo se ha hecho corto y la noche ya está cerca. Me despido hasta otro día en que espero encontrarte sin demonios, sin cargas, sin la noche que da vida a las pesadillas; espero encontrarte pronto, perdida en aquella sonrisa, tan alegre como siempre...

Espero encontrarte pronto, o de nuevo, porque al final la vida es la vida. 

Adiós."

martes, 26 de enero de 2016

CIELO NEGRO

"Todo llega. En un momento u otro, algún tipo de fuerza atrae el mundo a sus pies y lo constriñe tanto que, inevitablemente, se precipita en si mismo y se gira del revés. El cielo se invierte en una noche perpetua, no importa la hora, en una superficie negra y aterciopelada que lo cubre todo. Esta vez no habrá muros de cristal que dejen imágenes traslúcidas de lo que es otra realidad solamente compartida en ocasiones. No, esta vez será distinto y desaparecerá todo: desaparecerán miradas, desaparecerán gestos, desaparecerán calles y hasta la falta de aliento al caminar; desaparecerán los recuerdos de pasados sin futuro y cejarán en su empeño las ilusiones de lo inabarcable. Desaparecerán las trazas de lo inventado para resurgir como llamas de algo nuevo y eterno.

Este cielo azabache, inclemente a la presencia de luz, tragada toda, no hará sino imprimir en la tierra la oscuridad necesaria para que el suelo se enfríe, para que aire se hiele y así detenga ese ritmo insoportable de pensamientos que vienen y van. Todo se cubrirá de la transparente escarcha de no ser su momento y ahí, en un recoveco de un interior en expansión, quedará todo guardado hasta nuevo aviso. Bajo este cielo negro que sobreviene ante la falta de algo que no se concreta, el tiempo acabará detenido siempre en el segundo justo, vencido a la inercia de no continuar, de dejar ese empeño de siempre más y más. Bajo este cielo, todo olvidará su función.

Aún así, ese cielo negro como de canción inexplicable no vendrá sólo. Con la falta de luz y el invierno del todo, se abren las puertas a la primavera más interior, de raros seres y extraña vegetación. Primavera de sonidos nuevos y claros, de sonidos nuevos y también distorsionados, de cadencias que acaban siempre en un silencio tan justo... Aún en la oscuridad, o precisamente gracias a ella, una vida diferente cobrará forma, escondida ante el exceso de luz de un mundo tan estridente y lleno de humo.

Aún bajo el negro del espacio, del rincón encontrado cada cierto tiempo, todo está bien. Crecerá el musgo de nuevos pensamientos y acabará floreciendo la intención más cuidada; nacerán nuevos ríos que rompan tierras resecas de años sin cuidar, de estas tierras mal labradas que, sin embargo, florecerán de nuevo en este tiempo de oscuridad."

sábado, 23 de enero de 2016

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD

"De aquí a la eternidad hay poco, tan sólo unos centímetros entre plato y plato. El tiempo, tan distendido en el espacio, se alarga en las palabras que quedan en el aire momentos antes de morir, o nacer. Hasta la eternidad siempre mientras un sentimiento se obsesione con seguir adelante, con el más leve movimiento de unos párpados que miran indefectibles en otra dirección.

Hasta la eternidad siempre. Siempre y todo aún cuando la mano del respaldo de esa silla se alejaba involuntaria ante la cercanía de otra, extraña. Cómo decir en ese momento... Simple tacto impertérrito en busca de una conexión inexistente. Y, si es por tacto, es por ti; por un movimiento en avanzada que acerque la mirada más distante. Y, si es por distante, es por ti, por no haberte conocido nunca, por ser el reflejo de lo escrito, aquella a la que tanta veces le hablé sin haber existido. Si es por eterno, es por mi, por los silencios que dejan miradas buscadas al menos de una parte.

De aquí a la eternidad sólo hay un paso. Y ese, tan poco pensado como presente en los deseos, crece y se hace hueco en una memoria aún no vivida, aún en cadencia de aquello que se desea experimentar. De aquí a la eternidad, y todo con un gin tonic, ahogados los recuerdos de un pasado inexistente en un presente inestable que acaba de empezar a cenar. Y después...

El después es el misterio de una calle empedrada del más duro silencio,de ocurrencias a destiempo que intentan brillar en tu camino a casa. El después, tras unos pasos mal dados al calor de un sol que hoy alumbra, se transforma en un ahora de noches de luna impertérrita, de ausencias y recuerdos, de pasos encaminados hacia un futuro que no se sabe donde estará. 

El presente, mal vendido ante la ausencia de emoción, se arremolina ante los ojos de un destino no buscado, perdido entre las pestañas de lo desconocido, tan cercano como ausente en esta noche en que la calle se hizo corta, en que el tiempo se hizo corto, en que todo se resumió en una sonrisa y un leve contacto en el respaldo de es la silla que, desde hoy, recordará las traza de tu olor."

domingo, 17 de enero de 2016

TIEMPO

"De una cara alegre, de ojos abiertos y pelo recogido como nunca antes había visto, surgieron de repente las ideas de un sueño que hilaría cuentos nunca antes escritos. De un segundo ante un puerta abierta, el leve girar antes de salir, ese instinto que obliga a mirar por si hay alguien ahí... De un vistazo sin apenas pretenderlo, de un inevitable movimiento en el curso de algo todavía no inventado...

De esos cuentos nunca escritos, de todas esas palabras que aún no se han juntado, solamente el tiempo decidirá la existencia. Mientras tanto, sentado en el borde de una idea, el pensamiento, paciente, tranquilo, sereno... espera."

miércoles, 13 de enero de 2016

LA VELA

"La vela se ha apagado. Esta noche, frente al relente de una ventana abierta nadie sabe hacia adónde, la brisa que entraba y mecía las cortinas de una imaginación incompleta se han agitado en movimiento imperceptible que, con un soplo mal querido, han acabado con la llama de la única vela de la habitación. Fuera llama y fuera luz, fuera todo lo que no cabía en un espacio tan reducido que se abrió al resplandor de una bujía candente que iluminaba un interior desordenado y poco cuidado con el tiempo. Una brisa tan suave, tan pasada por alto, que lentamente y a pesar del esfuerzo por mantener el fuego, brizna a brizna consumió el brillo que mantenía viva la habitación.

Se apagó la vela y llegó la oscuridad de un modo que nadie se esperaba. Entumeció mentes y dejó cualquier movimiento como un leve recuerdo de algo sucedido; se apagó y todo volvió a una oscuridad fría pero cómoda. Después de todo, siempre han acabado por extinguirse las luces que convertían la noche en día, si bien los días han muerto en atardeceres despiadados con el único motivo de volver a nacer. Con un suspiro y un leve aroma a humo, dulce y asfixiante, la realidad de lo encendido tiempo atrás llegó a su fin. Una noche cualquiera, con todas las estrellas de fondo, testigos mudos inapagables de aquello que atinaba a suceder; desde un principio hasta un final más, las notas del movimiento ondulante de la llama se tornaron cada vez más nerviosas. ¿Cómo mantenerla encendida si ya se apagaba?

La luz de la vela dejó paso a todo aquello que solamente es visible sin la luz de la realidad, a todo aquello que cobra vida bajo el atisbo de la imaginación y de un esperar algo nuevo. El calor se esfumó en leves trazas de recuerdo de algo quemado de tanto arder. Un resplandor que moría en pro de todos los nuevos que habrían de nacer. Pero moría, y eso a la vela le era inevitable. Muy a pesar suyo, la luz se extinguiría y dejarían de verse los ojos que miraban fijos, atentos a cada detalle, lo que ocurría en la escena más deseada a la que aquel halo dorado pudiese dar contexto. Se iba, perdida ya en un bienestar que escapaba al pasado. Se marchaba y eso era inevitable.

La luz de la vela se apagó. En un mundo a oscuras, aquella barra de cera dejó de brillar de forma consciente, de forma inevitable, pues el tiempo pasa y no perdona, ni concede, no condena ni castiga; un tiempo que, indiferente, sólo ofrece lo mejor que se pueda encontrar. Lo mejor que, dicho de otra forma, bien pudiera ser la separación de fuego y vela, no llegase de improviso el caso en que uno consumiese a la otra; o viceversa, que una no resultase suficiente para tanta cera.

El caso es que la luz se fue y todo quedó a oscuras. En una falta de claridad que albergaba la pausa de lo vivido, la permanencia de aquél recuerdo, las ganas de lo querido y las consecuencias de tanto tiempo, dos ojos se cerraron al presente, como habitantes de un mundo eterno que esperasen que todo llegara, fuese ahora lo adecuado, aunque siempre a destiempo. Se cerraron a falta de la luz del invierno, de un día nublado, un día en que la llama de la vela empezó, sin remedio, a ver el fuego de su mecha consumido y apagado.

Y así, consumido el brillo del mundo, esperaremos una nueva chispa que ilumine el cielo."

jueves, 24 de diciembre de 2015

EL PAPEL ROTO

"La página donde se habían escrito todas las palabras se ha rasgado. De punta a punta del papel, un corte vertical divide el espacio en dos dejando dos perfiles irregulares que, aunque perfectamente complementarios, no se encajan de nuevo. Separadas en dos mares distintos, las letras se quiebran por la mitad y pierden el empuje. Poco a poco pierden el significado.

El silencio reina. Impera en cada rincón de sonidos más o menos desoídos que quedan perdidos en esas palabras inconexas. No hay forma de que la nube de sensaciones y pensamientos converja ene una lluvia que descargase la humanidad entera. Entre dos mitades de un folio escrito, ni una letra emerge de un papel que mantiene presa hasta la más nimia gota de tinta. 

Se ha rasgado y ahora no hay nada qué decir; no hay más que pasar desapercibido, que convertirse en un ser extraño, perdido en a saber qué mundo del que no se puede escapar. Se han congelado las palabras y parece que, al menos por el momento, no hay calor que pueda deshacer este silencio de inmovilidad y respiración, de respiración lenta y distante, de respiración de una mente cerrada ante un cielo interno que pronto descargará."

viernes, 18 de diciembre de 2015

BON DIA

"Ningú no ha demanat res, però tot de sovint el cel s'aclareix i els núvols escampen com els gats de l'aigua. No ho has demanat però el sol no cessa de resplandir com el moment més perfecte que mai haurem viscut. 

Bon dia, això es innegable, i ho celebrarem amb tot l'espectacle de la vida que ens envolta. No farem cas d'ombres ni rajos perduts que no saben cap on dirigir-se.

Bon dia, aquest en què tot s'il·lumina com un matí clar quan la platja va ser nostra, quan el temps no corria, quan ens vam vore des de lluny, envellits i raquítics però encara enstimant-nos com si fos el primer instant.

I és que ningú ho ha demanat, però fa un bon dia."

viernes, 11 de diciembre de 2015

CUANDO LAS PALABRAS MUERDEN

"Cuando las palabras muerden, es difícil esconderse, tan difícil como resulta ocultar un mundo interior tan vivo y perdido. Cuanto se rebelan e intentan salir, nada detiene el avance imperecedero de unos pensamientos mal escritos que, sin embargo, gritan desde lo más recóndito de un lugar muy cuidado. Sacan los dientes y, órgano a órgano, tejido tras tejido, la realidad de barreras infranqueables se desmorona ante lo que quiere salir.

Cuando las palabras se agolpan en el embudo de una garganta cerrada por los nervios, todo se contrae: se contrae la respiración, se contrae el alma, se contraen los deseos y aumentan las ganas, se agolpan sin remedio en una boca que no se debería abrir. Y, eso, la falta de apertura al exterior, es lo que da fuerza a los dientes de estas palabras no deseadas pero inevitables. Se desgarra la carne, el alma, los ojos que perciben la belleza... Se desgarra la realidad compartida para convertirse en los jirones de una imaginación tan deseada... Cuando muerden...

Cuando muerden es cuando se sienten tan vitales, cuando todo depende su significado, sea dicho a tiempo o no. Es entonces cuando las palabras dejan ese mundo de ideas tan perfecto, tan abstracto, y se enfilan hacia un futuro que nadie acaba de conocer. Pero da igual: han de salir y saldrán, a pesar de los esfuerzos, que no son pocos. Porque si la garganta se cierra es solamente por no querer cargar a quien ya lleva demasiado a la espalda, por no agobiar con problemas que, aunque vitales, quedaron olvidados en la mente de lo que fueron dos.

No, no saldrá ni una. Esas palabras canallas, tan tiernas como sinceras, tan en busca de ser recibidas como lo que son, como la esencia de algo nuevo, quedarán encerradas tras una boca clausurada a la belleza y al tiempo, impedida de los deseos más profundos. No saldrán porque yo no lo quiero, porque por mucho que empujen, que arremetan y que arañen la superficie de la piel, no deberán abandonar este hilo de pensamiento que solamente conduce a un destinatario. No saldrán porque, si de mi depende, nada en la vida tocará esa tez que una vez fue... No, no dejarán el refugio de estos labios sellados por no molestar, por sabidas, por no interrumpir el discurrir de una vida de la que fueron apartadas casi sin querer. No saldrán por no hacer mella en esas heridas que, tan sin haberlas buscado, acabaron acariciando la sonrisa más perfecta. No saldrán porque me niego a destruir ese castillo sobre el que se alzará el alma que ilumina mis pasos, porque los cimientos de un mundo nuevo quizá requiera del sacrificio de quien fue y, aún habiendo sido, quedó relegado a un pasado que dejará una mera huella en el olvido.

No saldrán, así que no hablaré. Tan sólo, y por querer a la vida tal como debiera ser, callaré lo más hondo y lo encerraré en las mazmorras del deber y no poder. No diré ni un "te quiero", ni un "te echaba tanto de menos...". No, no acabarán estos sentimientos en sonidos que entorpezcan la renovación, el olvido de lo enfermo, la ansiedad, al dolor en el pecho, las ganas de acabar... No lo harán porque no quiero, aunque lo necesito; porque, de salir afuera tanto sentimiento, quedarías perdida en un mundo que ni tú comprendes, ni en el que yo entro. 

Ahora es momento de descanso, al menos para uno, así que las palabras quedarán dormidas o encerradas por un tiempo, a la espera de ese momento feliz que te pueda decir a la cara..."

martes, 8 de diciembre de 2015

DEJARÉ

"Quizá tan de cerca sea difícil. Y puede que, además, sea muy complicado de entender, pero la distancia es tan importante como limita la acción a corto plazo. Más de lejos sería distinto, con más aire entre estos dos mundos, con más gente entre los dos. Tampoco la música ayuda, con notas que se filtran lentamente; compases perdidos entre silencios no intencionados; canal nuevo y diferente de comunicación que dispara los rincones más escondidos de esta imaginación dormida.

Quizá tan de cerca sea más fácil, tan seguro por apreciar la belleza que rodea en un instante en que ser valiente no es sólo cuestión de suerte. Este disfraz atrapa como una camisa de fuerza y, al final, deshacerse de los ecos de un pasado que es más interior que temporal resulta de lo más imposible de la noche. Ser valiente no es sólo cuestión de verte.

A veces, y sólo a veces, me encuentro distinto en unas telas que no son mías, en una piel que responde de otra forma a la acostumbrada en una función que, siendo la misma, acaba en diferentes resultados. Un destino elegido, uno perdido, uno deseado que queda sumido en las perlas brillantes de lo oscuro del olvido. Que termine esta función, que termine y se ahogue esta canción en un silencio que acabe solamente cuando uno y uno no sean dos.

Dejaremos de lado tantos asuntos delicados que todo se hundirá en un futuro infructuoso que nunca habrá acabado de llegar, que se perderá en un discurrir disperso de sonidos alejados de una realidad indiferente a todo. A todo, a todo menos al sonido que, sin desearlo y sin esperar nada, rodea a todos los presente e impregna el aire se sensaciones caducas y, alguna que otra, olvidadas de la mano de dios, de un dios interno y común que nos toca por igual.

Dejaremos tanto de lado que apenas nos reconoceremos, a pesar de haber soñado los dos en una misma canción, durante al menos dos minutos. Dejaremos lo que ha estado en boca de los dos, en miradas perdidas y soplos de la inspiración que provocan unos ojos en concreto. Dejaremos la consciencia de los dos para sumirnos en la resaca de los días pasados, de las noches que no han existido y en las que caímos rendidos a los pies de una cama que, ni tuya ni mía, ni tan sólo de los dos, ignora un presente de noches pérdidas en la barra del bar, viendo de cerca a quien nunca se acercará más de lo imaginado. Y aquí, apoyado en una madera impregnada de tristezas  de copas derramadas en lágrimas perdidas dejaré que la distancia sea incluso más corta y que la noche acabe."

viernes, 4 de diciembre de 2015

EMPEZANDO A ENTENDER

"No estoy acostumbrado a la luz. Acurrucado en cualquier rincón del pasado, me hice a la sombra que me ocultaba cuando el ser oscuro apareció. Tanta luz, tantos colores... No estoy acostumbrado. No es este el paisaje que tantas veces se repitió en un incesante discurrir de vida sin sentido y sin discurso, tan dejada a merced del tiempo que todo lo que aparecía se aprovechaba sin pensar. Es demasiada esta claridad que me ciega mientras intento recordar aquellos momentos pasados, bañados sin querer, insoportables hasta la más mínima brizna de aire; no atino a conjurar aquella negrura que lo envolvía todo y que impregnaba el aire de esa textura aceitosa tan irrespirable. No encuentro modo de volver a una realidad tan olvidada como hecha parte de mí mismo. Es tanta la claridad ahora...

Ahora que todo ha pasado como tenía que ocurrir, que los cambios violentos harán florecer las heridas más profundas en aromas inimaginables, ahora es cuando todo deja de tener sentido. Lo que una vez alejó, ahora es simple acercamiento entre dos almas que se buscan. Los miedos, perdidos en un pasado irregular, se manifiestan de nuevo, pero convertidos en la decisión más absoluta de enseñar a navegar a quien lo necesita. Ahora, que todo pasado fue feliz, las fuerzas de un presente oscuro e indefinido asoman por la puerta trasera en este recoveco de mi realidad; se estiran, se retraen y juegan nerviosas ante el no saber qué ocurrirá. Pero ahí es cuando la luz interviene ineludible, separando lo irreal de lo no dicho ni vivido, de lo imaginado como triste por simple defecto de fábrica, empapando hasta la más íntima hebra de una esperanza sin razón y sin sentido, una que solamente existe porque algo más vendrá.

No estoy acostumbrado a esta luz, pero llegaré a hacerlo, sin duda. Cuando mis ojos se adapten a tanta sonrisa que viene porque sí, cuando entienda que el amor tan puro se manifiesta como a él mismo le viene en gana, cuando comprenda que todo lo que he sentido no era más que la antesala de lo que ha de venir; en ese momento que no es más que ahora, seré consciente de lo que es querer sin reservas, de lo que es entender que algo vale más que un todo fraccionado del que, en algún momento, fui parte."

sábado, 21 de noviembre de 2015

LA VERDAD

"¿La verdad? A veces la verdad no existe. Simplemente un cúmulo de probabilidades en que nadie es nadie y nada es nada. A veces la realidad es la expresión mínima de un conjunto que nunca llega a materializarse. A veces estar no es suficiente, nunca necesario pero inevitable, jamás imaginado en un momento así. A veces los BMW blancos se amontonan en mi entrada y eso, aunque soñado, se convierte en mi realidad cada día que te vuelvo a ver, de forma insospechada, en el recibidor de un colegio cualquiera. A veces todo se desmorona cuando menos lo esperaba por ver al tiempo tocarte aunque sea de lejos, por ver que aquella que fue y sigue siendo, aunque tan delgada... A veces todo se olvida en pro de un destino aún incierto en que todo queda oscuro, todo tergiversado, todo tan distinto como lo vi en tus pupilas meses atrás.

¿La verdad? La verdad ni me la explico y mucho menos quiero pensar en ella si los rastros de vida que me dieron sentido no han de volver. Esa verdad se esparce en la memoria como recuerdo diluido en un mar de sentimientos que consiguieron cauce en un cuerpo tan hermoso... Tanto que no mucho pudo aguantar. Y ahí quedé, como anclado en barro y cubierto de impotencia, apresado por un sentimiento inesperado que no habría de llegar. Ahí quedé, a la puerta de un piso de San Juan, inmóvil y apresado por la más absoluta sorpresa de, tras haber querido conservar lo inconservable, quedar tan sólo en el hueco de un sentimiento solitario. Ni enfados ni sentimientos encontrados, nada hubo; tan sólo una intención mal acertada de intentar hacer recapacitar a quien parecía perdida en un mundo de angustia irrefrenable. Intento de querer por más que fuese, de acercar al corazón. Intento de ser más que dos juntos, de ser más que uno y uno encontrados por pura ilusión.

¿La verdad? Buena pregunta. La verdad es que te quise con todo mi corazón. La verdad es que al principio no encajabas en mi vida, ni en tu vida tenía un hueco yo. La verdad es que al final éramos inseparables y la necesidad nos llamaba. La verdad es que cuanta más distancia había entre uno y otro, más fuerte era la comunicación. La verdad es que fue todo tan hermoso que poco hay que decir hoy en día.

La verdad, después de todo, es que te quise y te quiero como nunca ha pasado con nadie, como nadie ha ignorado esta falta de razón. La verdad, sin más razones, es que al final te echo de menos y maldigo aquel momento en que nos dijimos adiós."

viernes, 20 de noviembre de 2015

HISTORIA TRISTE DE BAR

"Las siete y cuarto de la tarde. Un bar cualquiera. Uno al azar, pero tan conocido y acostumbrado que cada rincón y cada sonido se hacía familiar hasta la saciedad. Una mesa redonda mal limpiada en la que descansaban dos tercios sobre sendos posavasos de cartón. El aire, tan repetido hasta la saciedad, recalcaba las mismas canciones; hasta las paredes las tenían aprendidas de memoria. Allí, rodeado de una oscuridad tan elegida como inevitable, un hombre se sentaba a la mesa vacía salvo por la presencia de los dos botellines. Gota a gota, la espera se alargaba como la humedad condensada sobre el vidrio. Tiempo al tiempo, y momentos que no llegarán... Pero entonces comenzó a sonar esa canción tan adecuada que daba qué pensar. “Y tu vientre sabe a pan”, decía, ése tan olvidado como guardado con recelo a salvo en un rincón de la memoria. 

Las siete y veinte y seguía sin aparecer. El hombre, acostumbrado a la tardanza de aquella a quien esperaba, no encontraba nada de extraño en ese discurrir de minutos perdidos; era como siempre, como fue la primera vez y como así había seguido. Al fin y al cabo, qué son veinte minutos comparados con una vida entera. Una vida... No era por esperar, no era cuestión de estar sentado en un mismo lugar, impertérrito, a pesar de todo y de la nada que pasaba por delante. No era por espera, sino por necesidad que los minutos se hacían tan largos cuando ya debería haber llegado, cuando el rostro de un destino encontrado por casualidad cruzara el umbral de aquel local perdido de la mano del tiempo. Sólo verla aparecer, nada más... 

Siete y media. Lentos como los tragos a la cerveza, se escurrían lo segundos y los clientes del bar. Todo ajeno como perdido en una realidad paralela que habita justo al lado, el discurrir del momento se evadía de sus ojos. El espacio se reducía a una mesa redonda mal limpiada con dos tercios: uno entero a la espera, otro casi vacío de ansiedad. El retraso aumenta el deseo; pero el tiempo, hiriente en su paso indiscriminado, lo tiñó en ese momento de un color rancio y masticado, digerido y desechado de mala manera por recuerdos que no debían volver. La espera, aunque larga y sin motivo, valdría la pena al verla aparecer por aquella puerta de metal, tan altiva como siempre, tan hermosa, tan... Tenía que aparecer. 

 A las ocho de la tarde el tercio que no había sido repuesto por un segundo, en la oscuridad de ese rincón del bar en que nadie más entraba, lucía como los restos de una vida pasada, de algo anhelado y nunca conseguido, inerte ante la falta de quien tenía que haberlo consumido. El hombre, apoyando los codos en la mesa y oculto el rostro tras las manos, se concentró en evitar el momento, en salir de allí, en volver a aquel mar de colores que una vez, meses atrás, fue su vida, a otro momento en aquel mismo lugar. Recuerdo a recuerdo, el ansia menguó en un deseo conservado se quisiese o no. Sin embargo, esa necesidad nunca desaparece y al final surgió el hueco, la falta de todo y el recuerdo de aquel BMW blanco. Ahora todos los coches de la calle eran coches blancos de aquella marca y modelo; cómo olvidarlo. 

A las nueve de la noche, el hombre decidió levantarse de la mesa. Tambaleándose tras más de cuatro cervezas, a oscuras, a solas, con la única compañía de la música de aquel bar, se acercó a la barra y sacó la cartera. Un billete fue suficiente para pagar lo consumido y lo que se quedaba en la mesa intacto, con el único desgaste de todo el tiempo que los ojos de aquel cliente habían pasado observándolo con ojos vacíos. Un sólo billete valdría para dar cuenta de todo aquello que no había sucedido esa noche y que, en conmemoración pues de eso se trataba al fin y al cabo, no sucedió meses atrás. 

A las nueve y cinco, el hombre salía por la puerta del establecimiento como debió hacerlo en junio de ese mismo año. Un paso tras otro intentando mantener la vertical mientras una mano abrazaba el vacío que en otro momento debió ser la cadera más deseada. Sonidos de únicamente dos zapatos sobre el asfalto frío y húmedo que ya había olvidado aquel verano en que los pies del hombre salieron por primera vez a solas. Había olvidado aquella noche en que un BMW blanco abandonó su carril de forma inesperada. Había olvidado el terraplén y las luces intermitentes, las luces azules, las blancas y las rojas, la gente corriendo y el no poder salvarse. Había olvidado que al final nadie llegó a tomar aquél tercio que nunca debió calentarse. Había olvidado que el hombre tendría que salir del bar a solas, con la mirada perdida, obsesionado por un mensaje de texto que acababa de recibir, con la presión en la garganta. 

Aquel asfalto ya lo había olvidado en un ir y venir de los días. Pero él no, él no lo olvidaría jamás. A oscuras cada tarde de junio, el hombre esperaría lo inesperable en la oscuridad de aquel bar. Y obligaría al salir a aquel asfalto traidor a que nunca ignorase el recuerdo de aquella noche en que uno fue solamente uno, pero hubiese debido ser dos. Si nunca llegó, nunca llegaría, pero el pasado quedaría sin duda guardado en un rincón interior que lo ocuparía todo. Así, a pesar de lo ocurrido, nada moriría, nunca más y sin ningún motivo. Aunque solamente fuese recuerdo, cada noche estaría presente en una mesa medio vacía, de cerveza sin beber y de otras tan consumidas como no deseadas. Pero olvidar, nunca; nunca olvidaría."