martes, 18 de agosto de 2015

TODO LLEGA

"La muerte llega de una forma extraña; se agazapa y se mezcla con el ambiente, se camufla tras los sonidos de la costumbre. Poco a poco pero con ritmo constante, los tejidos se degradan hasta el mismísimo no ser y dan paso a la nada que llena el tiempo, el espacio, que moldea suavemente el comportamiento de todo lo demás. Y así, tras unos segundos indecisos de degradación preparada, la falta de todo lo necesario inunda el aire alrededor. 

Cuando la muerte llega, miles de momentos caen vencidos ante el ánimo del desánimo puro, quemados por la ausencia de sentido en un mundo tan exterior... Todos, perdidos y desesperados, caducan en un instante olvidado justo ya en el momento de nacer. Cuando llega, las hojas caen y las palabras que relatan lo inesperado se diluyen en un sentimiento abocado al no existir en ningún sitio, en ningún momento, sin ningún porqué. Cuando llega, todo cambia y se enrarece de tal forma que lo desconocido se convierte en lo real y cotidiano; todo se entierra bajo un mundo de posos dejados al azar de lo vivido. Cuando llega, todo cambia. 

La muerte llega de forma inapropiada, indeseada en el preciso segundo en que todo cambia de lo real a lo imaginario, de lo vivido a lo recordado, de lo no pensado en ningún momento a lo encontrado por fin. Y en un rincón de imprecisión absoluta todo se define de forma diferente, con rasgos diferentes, con trazas diferentes de un distinto ser, de un distinto estar. 

Llega. Todo llega. Todo encuentra el momento de acabar. Todo acaba en el momento de encontrar algo nuevo que obliga al deseo de olvidar. Todo olvido se funde en una realidad tan intensa que, al final de todo y sin más remedio, llega el momento de volver a empezar."

BAJO NINGÚN SOL

"Y ahora, tan perdido y tan encontrado en un momento ínfimo; ahora, que el tiempo se hace nada y todo nace del recuerdo; ahora que el mundo se hace una música tan acostumbrada y tan falta de escuchar: ahora, todo se funde en un no haber querido existir y en un no querer estar. No querer estar por presente, no querer estar por pasado, no querer estar por la falta de futuro y, al final, no querer estar por un nunca haber sido, por esa inconsistencia de saber encontrar el lugar. 

Nada existe, si nos valemos de experiencia, y nada existirá por la falta de intención. Y nada será nada y el todo quedará reducido a un momento insignificante, perdido en la ausencia de lo que uno pretendiera haber sido dos. Nada existe y todo se refleja en una noche en que nadie ha sido nadie, en que nunca ha habido un minuto ente los dos. 

Y aquí, entre estímulos perdidos en una noche verano, el calor aumenta y ciega la impresión tan contemplada en páginas que un día estuvieron en blanco, en páginas que un día fueron muchas y fueron de los dos. Y aquí, entre sonidos que no me atañen, me manejo en sentimientos que nunca supe controlar. Y aquí, tan perdido como ausente, tan absorbido en el ambiente, quedan todas las imágenes como difíciles de olvidar. 

Y ese móvil, tan insistente como incomprendido, no acaba de sonar porque no somos tú y yo, porque al final de un objetivo nada compartido, nada planificado, nada esperado y mucho menos consentido, no estaremos ningún día, bajo ninguna sombra ni bajo ningún sol."

jueves, 23 de julio de 2015

EL GIGANTE

"El gigante vino a por mí; un gigante ausente, oscuro, indefinido, que con su sombra ocultó todo recuerdo de lo que creía haber vivido. Un gigante con una sombra llamada "olvido" se interpuso entre un pasado caduco y el recuerdo de lo no existido. Sombra fría de aliento cruel que congeló hasta el último pensamiento, que paralizó el más mínimo respiro; sombra incierta e indeseada, clavada y abierta en la herida de aquello que, si bien intentado, nunca tuvo claro su destino. 

El gigante vino a por mí e, impertérrito, alzó su voz amenazante para bramar:

—Aquí estoy. Soy Olvido —. Las lágrimas se agotaron, se durmieron los esfuerzos en el abrazo de un imposible tan deseado como difícil de alcanzar—. Aquí estoy; soy tu olvido.

Las palabras resonaron como mareas en lo profundo del corazón. El eco inundó el espacio vacío y, como única respuesta, éste devolvió olvido. Olvido de lo dicho, de lo callado hasta el último instante por no hablar, ese instante decisivo, el más importante, el que conduce —cómo no— al olvido.

—Nadie muere por esto, como nadie vive de recuerdos. Así que, aquí estoy. Soy Olvido.

Tras estas frases, el mundo oscuro e interior se incendió y los recuerdos de lo imposible, de lo sagrado, cayeron desde el cielo en que se conservaban, convertidos ahora en ceniza, carbonizados ante el paso del tiempo y el echar de menos. El gigante hizo un leve movimiento y, en lo que dura un segundo, comenzó a caminar. La sombra, reptante en suave obediencia, siguió al monstruo como sorda, como ciega, contenta ya de haber cumplido. 

La luz se abrió paso entre los resquicios de oscuridad dejados por aquella aparición e iluminó el paisaje acostumbrado, las canciones de siempre. Pero algo hubo distinto, algún elemento que, por el simple hecho de no haber existido, lo hacía todo diferente. 

En la soledad de la ausencia del gigante, tras el grito de conciencia de olvido inevitable, miles de marcas de aquel suelo tan pateado, miles de huellas de antiguos recuerdos, se habían borrado de un plumazo, dejadas al olvido como algo ajeno. Desapareció la magia y así lo hizo lo recordado, fundidos ambos en una oscuridad tan ausente como inaccesible, enterrados bien juntos en el profundo olvido, en el fondo de los intentos.

Y así, perdido el gigante y olvidado el pasado, el paisaje se iluminó de nuevo a pesar de la falta de tantas imágenes y tantos recuerdos. Y así, el camino apareció brillante, siempre adelante; aunque nunca desaparecería la falta de aquellos sentimientos."

viernes, 17 de julio de 2015

LÍNEAS

"Las líneas de luz se atraen de noche. Se mezclan, se tocan, se encuentran, cruzadas y mezcladas en un mar de movimiento. Los haces ondulan y se mueven suavemente, arrastrados por un magnetismo extraño que sólo alcanza a conocer las intenciones más profundas, más accidentadas y surgidas por casualidad. Objetivos caducos que hacen que la energía fluya en una misma dirección, en un sólo momento. 

Las luces se mezclan y diluyen. Los cuerpos,movidos como por magia, se acercan y separan en un soplo de entre inercia y decisión. Estas luces, testigos inertes, impasibles e imparciales del momento, acompasan el moverse de tanto caos premeditado. Porque caos, al fin y al cabo, termina en un acto definido.

Las líneas, tal cual se acercaron segundos antes, se separan en un mar de distancias infinitas en la proximidad de unos centímetros, simplemente pensadas y concebidas en el final de un instante. Los colores, rasgos inherentes de la belleza que se crea, se diluyen en el mar de sentimientos que pocos aprecian, que solamente unos ojos ausentes y perdidos acaban por conocer.

Y al final, luces,líneas y colores, todo se convierte en el mejor escenario pensado, en el único elemento que existirá, en el cerco de la vida, del todo, de la nada... De lo que existe y siempre así será."

miércoles, 1 de julio de 2015

LA NIEBLA

"Vino la niebla; y con ella, la oscuridad intensa, de la que se infiltra en los pulmones y no deja respirar. Vino una niebla tan espesa que las luces desaparecieron tragadas por un hueco en el fondo del no saber. No saber si hacer, si dejar, si correr, si abrazar... Y, así, el miedo a perder lo no ganado, lo encontrado por casualidad cuando el mundo estaba iluminado. Pero es que era esa luz... Esa luz única que surgió de repente para emborronar el pasado y aclarar un futuro en el que aún no se había podido pensar. Aunque sí: las imágenes ya habían nacido en un recoveco de la esperanza. 

Se hizo la bruma que colapsó los ojos de quien se sentía expectante, ansioso por seguir hacia un resplandor que, poco a poco, se dejaba de ver. Se hizo, y tan fuerte, que los nervios saltaron en un tono autoritario que obligaba a la desesperación. Un tono tan desconocido como inapropiado, a pesar de los tumbos de un corazón perdido. Un tono que, aun con la intención de acercar el futuro, de mejorar el presente, de preocuparse por la existencia de alguien más, hirió e hizo mella en la piel más sensible, esa que se alejaba con ritmo lento de ese sentir que luego resultaría compartido. Pero tarde... 

La bruma de un nervio tan poco de acero, tan vibrante ante el miedo de la no existencia de su deseo que se agitó en la inconsistencia de haber encontrado el camino oculto, el codiciado, aquel que llevase a un futuro tan brillante como soñado. 

Se hizo la niebla y oscureció el mundo que había tocado el sol. Se hizo, y tan de repente que las huellas de un pasado lejano, de un futuro no predecido y apenas meditado, se hundieron en la oscuridad de un "que pase el tiempo". Se hizo y consumió un aire que ni se había pensado, que no podría existir... 

Y hoy, como muesca inevitable de aquella oscuridad indeseada, se abre el abismo del tiempo. Se congelan los sentimientos más inesperados y se guardan, como una canción en stand by a la espera de sonar. Y hoy, como deseo inamovible en una vida de tumbos y sorpresas, de desastres bien traídos, quedará la luz que taparon las tinieblas, brillando al fondo de una habitación oscura en que de pronto todo resplandecerá. 

Esperaremos el momento en que se alce el viento, en que la brisa de un no saber qué vendrá, de un esperar lo ya sentido, traiga de nuevo unos minutos preciosos en que todo se conocerá otra vez, en que quizá se parta de cero. Llegará ese instante tan esperado como ahora querido aquí mismo. O no, quizá no llegue y quede solamente una luz furtiva a las notas de una canción desacompasadas con tanto sentimiento. 

Pero llegará algo, aunque no se pueda imaginar. Llegaremos a un momento precioso, libre de humos, de nervios que enturbien la visión, tan libres como fuimos en un momento dorado en que solamente unos minutos fueron capaces de iluminar una vida entera. 

Llegará lo que tenga que llegar, y quedaré esperando con una sonrisa imborrable, furtiva en algún momento de incertidumbre y soledad, pero llegará. Y aquí estaremos, sentados en el porche de una noche tan ilusionante como la primera, esperando al tiempo por decidirse, por saber si algún día volverá. 

La espera, dulce y amarga, despiadada a la vez que misericordiosa, abrigará las noches de verano, de un verano que siempre acaba de empezar. Y aquí, sentados en el umbral de algo inconcebible, nos encontrará el tiempo, sonriendo siempre hasta que llegue el final."

jueves, 25 de junio de 2015

ALGÚN DÍA

"Algún día vendrán luces nuevas. Los brillos de esta oscuridad inesperada, salida de lo más profundo de un corazón perdido, serán el único elemento que pueble los rincones que nunca se debieron curbrir de telarañas. El aire, renovado desde el vicio del no saber qué no sentir, moverá lo más interior para descubrirlo en un paisaje recién encontrado, ausente en la casualidad de un reencuentro que no tiene nada de conocido ni de practicado.

Algún día, sea cercano o aún por encontrar en el fluir de un sentimiento nada meditado, moverá el aire y dejará un viento inclemente que aleje lo malo conocido, que intente el contacto de lo mejor por conocer. Sea cierto o ilusión, llegará el momento del reencuentro entre lo esperado y el deseo, fundidos en un ser que nunca ha sabido, ni ahora mismo, unidos en sea lo que dios quiera, esperando los cambios de una nueva sensación.

Algún día nos veremos convertidos no en verdugo de libertad y olvido, no como quien no espera nada y algo quiere encontrar; nos veremos como ojos que se miran desde el no existir del tiempo, desde la perspectiva de un siempre escondido, encontrado poco a poco y por pura casualidad. 

Algún día volverán los tiempos de cinco minutos en que se descubre la historia, una nueva e inconcebible, llena de retazos de casualidad. Pero casualidad es algo que no cabe desde el punto de vista del ser siempre y de lo no pensado, casualidad incoherente que obliga a sentir lo no sentido, a imaginar lo que se debería y a aceptar lo que pueda ser.

Algún día, todo se cerrará en un sólo momento y el aire no importará, y no importará nada. Algún día todo será tan perfecto, que nunca más se podrá olvidar."

miércoles, 24 de junio de 2015

EL SONIDO DEL SILENCIO

"Hoy, entre un paisaje inesperado, perdido en el efecto del tiempo y la falta de visión, me rodea un sonido incandescente que, venido del origen más profundo, me me lleva a lugares tan desconocidos como comunes. El aire, que huele tan distinto desde este trozo de madera, transporta voces que cambian, que se cuentan, que sonríen... Y en un vuelo mágico se pierden y dejan paso a las que vendrán.

Hoy, convertido en los sonidos de una vida entera, puedo saber que el ayer siempre estará ahí, marcando tanto desatino y todo lo demás. Hoy, sonando en el silencio, la música se vuelve palpable casi hasta rozar la piel. Hoy, sentado en la soledad de la compañía, empeñado en desterrar este no sonar que ensordece, puedo fundir presente y pasado, lo que existe y lo que no, y dejar que el tiempo sea tiempo, que la luz venga y vaya, que ilumine y me suma en la oscuridad. 

Y es que hoy, el sonido de las lágrimas cantadas por otros, el sonido de lo callado bajo la apariencia de la alegría, me demuestra que todo esta ahí, que el orden no desaparece, que todo será, es y ha sido, como debe ser siempre."

martes, 23 de junio de 2015

AL FINAL DEL TIEMPO

"El tiempo se olvida, al fin y al cabo lo hemos inventado nosotros. El tiempo, como un fluir extraño e impredecible, se pierde en un vórtice imposible de calcular. El tiempo, arena que se escapa en un agujero sin fondo, se olvida al final del tiempo mismo casi sin poderse evitar.


Perdidos, dos se buscan en mitad del silencio. Dos, como uno sólo que partido por la mitad se separa en el mismo ímpetu de reencontrarse. Así, cada vez más lejos, la mitad deja al uno, y el otro se convierte en ajena mitad.


La calma, tan necesaria como increíble, sumida en una bruma de la que algún día despertaremos, inunda cada poro de la piel cansada y resentida, esa piel que el sol quemó en un deseo ferviente de contacto. Esa calma... Esa calma tan aceitosa que el aire, empastado del recuerdo más involuntario, se convierte en un humo muy difícil de respirar. Pero se respira; se respira y se queda adentro, en cada fibra, en cada parte del ser único, y se disfruta como solamente se puede disfrutar aquello que te destruye. Esa calma... Ese silencio que lo invade todo e invita a pensar.


Y un segundo, ese segundo tan intenso, tan cambiante y de ojos abiertos, se prolonga una eternidad inmensa, oscura, silenciosa, en calma y ajena a todo. Una oscuridad que, abrazando todo aquello que destruye su tejido, se llena por el contrario de brillos tan intensos que es imposible dirigirles la mirada. Mirada... Una mirada cansada de la repetición de lo aparente, ávida de esa oscuridad que llena de reflejos la memoria, que fuerza a destruir para luego crear.


Se acaba todo y llega el silencio. Se acaba el momento y empieza la hora de volver a sentir que es momento de empezar."

sábado, 24 de enero de 2015

TODO EMPEZARÁ

"Tanto tiempo esperando, tantos segundos consumidos en el principio de una canción... Y los acordes vuelven a sonar. Nota a nota, me veo más en mi interior. Largos silencios de ausencias perfectamente definidas llevan al saber estar de una melodía única. Y, así, al rasgo de la vida, el ritmo se acelera y comienza la emoción. 

Noches de soledad ahogada en cerveza y ritmos perdidos en un mar que no es de dos, que es solamente uno y que brilla por la ausencia de quien debería ser el sol. Noches camufladas de euforia y sentimiento que se funden en lo oscuro del brillo de unos ojos, del espacio entre los dos.

Y, así, poco a poco y en silencio, la música vuelve a hacerse interior. Una melodía inconexa que, por sorpresa, me enlaza con todo lo anterior. Nadie es nada; nada es nada alrededor. Una muestra del pasado, un acercamiento entre los dos. Y es que, aunque no lo parezca, esto podría ser una llamada de auxilio, de alguien y de algún corazón. Esto, aunque no lo parezca, es un universo escondido y brillante que se extiende, de nuevo, entre los dos. Y esto, aunque ni yo lo quiera, es el principio de un recuerdo de lo que nunca fuiste tú, de lo que tampoco he sido yo. 

Ya está bien de servidumbre autoimpuesta, de fachada de indulgencia y comprensión. El mundo se llena de miradas indiscretas, indiferentes, y únicamente cargadas de una intención trasnochada y viciada, ausente del deseo más puro, del más secreto rincón.

Y, entre tanto, unas luces de una noche tan deseada como ficticia, como ficticia fuera aquella otra conversación de invierno en un lugar prohibido pero, al fin y al cabo, en un rincón. Y, entre tanto, unas flores de vivos colores que adornaron entonces cada oscuro espacio interior. Una ficción increíble, descrita y olvidada en unas hojas mal encuadernadas que quedarán perdidas en alguna habitación.

Pero todo pasa y las flores que se secan quedan guardadas, en un marco, colgadas de las paredes de una casa abandonada, dejada a la suerte del tiempo que quisiera venir. A la suerte del adiós...

Y, si "adiós" es por principio, al final únicamente seré yo. Y, si "adiós" es lo adecuado, dejarían de existir imágenes reflejadas en mil y un puntos de mi interior. Y, si es así lo que conviene, no existirás nunca más, ni en imagen, ni en recuerdo, ni tan siquiera en intención. 

De intenciones, precisamente, se nutrió la vida largo tiempo; de intenciones tan obligadas como por gusto, que dieron combustible a un mundo privado y desconocido del resto, de los demás. Pero el fuego se hizo el amo y todo ardió y quedó completamente calcinado. Así tenía que ser. El resto del mundo, de esa porción de belleza que escapaba a la simple vista de la imaginación, por real, quedaba inerte bajo el fuego de unos ojos nuevos, de una mirada aprendida, de la apariencia de un amor.

Pero no. Que rompa el odio y todo muera alrededor. Si no pude tener el objeto de mi deseo, de tantas noches de espera y desesperación... Que rompa el odio. Que rompa, que nada más he conseguido hacer con el corazón. Ni bosques de piedra, ni la fantasía de lo evocado en tantas noches de perseguir sueños.

Por ello, todo muere o se fosiliza en el recuerdo de aquello que se sintió, perdido en primera instancia y recuperado más tarde en una ilusión. Porque ilusión es, al fin y al cabo, aquello de por un casual rozar esos labios, de dejar la huella de un simple "qué se yo...". Ilusión, después de todo, cuando el mundo se funde y desaparece al ver esa silueta alrededor. Pero te olvidaré, no pasa nada. Olvido como recurso al no hacer caso, al sentirse ignorado a pesar de intentar lo posible, de no cejar en el empeño, de conseguir que abras los ojos a todo aquello tan oculto, tan extraño... a todo aquello que soy yo.

Aunque es cierto que estas luces que veo, reflejos de yo qué sé, no son más que ilusiones de otra posibilidad, de otro mundo tan sumamente distinto en el que, quizá, no haya hueco para que esté yo.

Y, al fin y al cabo, las cosas se terminan, como termina la paciencia. Los monstruos se agolpan en la entrada de la vida y, si bien quise y necesité dejarlos entrar y dictar cada segundo, ya no son bienvenidos y harían bien en quedarse afuera. Y, si afuera debe estar tu mirada, ahí quedará convertida en otro monstruo más, en ser extraño sin permiso que no  volverá a entrar.

Pienso incendiar campos, dejar tierra yerma alrededor para matar tanta mala hierba, que pobló rincones, incluso praderas, pero que siempre dificultó la comprensión. Arderán lugares escondidos y, con ellos, las musas del pasado. Voy a hacer quemar toda la historia para, como un fénix de humo y sangre, volver a todo como una nueva oportunidad, olvidando lo ocurrido, todo lo anterior. Si no entra, no entra; que muera. Que muera si no voy a ser yo.

Todo empezará de nuevo sin nadie, con el olvido, con la tristeza que da paso a una alegría posterior. Todo empezará, en un futuro, cuando haya enterrado este presente de esfuerzo inútil y obstinación. Todo empezará, y estoy seguro, cuando olvide que ni tú eres tú, ni yo soy yo."

domingo, 4 de enero de 2015

UN AÑO MÁS

Este último año de 2014 he tenido el blog algo descuidado; hay meses en que no he publicado absolutamente nada, pero no ha sido por falta de ganas, sino por falta de tiempo, a pesar de que he intentado encontrar el momento para escribir ciertas cosas, que aquí han quedado. En fotografía tampoco es que haya mucho, que digamos, pero si escribir es complicado sin tiempo (y normalmente necesito más o menos media hora para hacer un texto corto de los que acostumbro), ir a hacer fotos al campo o donde sea se convierte en algo que hay que planear muy bien.

La razón de toda esta falta de tiempo es la cantidad de cosas en que me he metido este año pasado, casi desde enero. Por una parte, no he dejado de traducir (espero que pronto pueda dejar en el blog enlaces a los libros ya acabados). Y esta actividad de cambiar palabritas me ha llevado a otro proyecto: participar en el rodaje y de un documental. Pronto será el estreno y promete ser algo bastante especial. La película trata sobre Joan Castejón, un gran pintor y escultor, a mi juicio, que también ha ilustrado uno de los libros que he traducido. Hacer cosas siempre nos lleva a hacer más cosas... Y se me olvidaba que también he publicado un par de artículos en una revista nueva, qué memoria.

Me pareció una gran coincidencia llegar a conocer a este artista precisamente en 2014. La razón, que a principios de año (en enero justamente) decidí que era hora de aprender a dibujar. Me apetecía. El caso es que un día me compré unos lápices de distintos calibres (¿se dirá así?) y empezar a probar sin más. Tengo que decir que siempre he sido un poco inútil para el dibujo o la pintura, un maestro del colegio se encargó bien de que me quedara claro en cierto momento... Y, bueno, probando y probando, y pensando en lo que quería conseguir y en cómo hacerlo desde mi falta de conocimientos, llegué a esto:



Esta cara fue apenas el tercer dibujo que hice, y el primero en el que estuve más de una hora dándole al lápiz; quince, fueron concretamente las horas que rondaron hasta que acabé. No es que sea perfecto, pero me sorprendió haber dibujado algo así, yo que siempre he estado "frustrado" porque mi imaginación tiene poco de visual, veo más conceptos que formas, por así decir.

Fue una gran satisfacción porque, si bien siempre me ha dado envidia (sana) la gente que dibuja bien, además recuperaba un recuerdo de cuando era un niño. Mi abuelo pintaba unos cuadros que siempre me han encantado, y ninguno de sus nietos heredamos esa habilidad. Yo le pedí que me enseñara a hacer tallas de madera, también preciosas las que hizo, desde mesas a juegos de ajedrez o rostros, pero la pintura se quedó pendiente. Después de unos veinte años, quizá más, he conseguido algo que quería desde pequeño, y además sin entender cómo, así, de repente...

Pero esto me ha llevado a pensar de una forma que no había hecho hasta ahora, y es en la manera de hacer las cosas y la capacidad que tiene el ser humano de aprender, en lo que hace falta y, en definitiva, en la actitud. Y es que creo, ahora, que aprender es actitud, y que todos somos prácticamente iguales cuando nacemos (con muchas excepciones, claro), y por ello disponemos de las mismas capacidades, groso modo. Entonces, lo que hace que una persona sea capaz de desarrollar unos conocimientos o de simplemente adquirirlos ya no es el hardware con el que viene, sino la forma de utilizarlo. Como he dicho, tengo una mente más conceptual que visual, por lo que tengo más facilidad para aprender conceptos que recordar formas, por ejemplo; me quedo con la historia de la película, no con la escenografía, la fotografía o la banda sonora. Así, una persona que entienda muy bien lo gráfico, verá más fácil aprender las cosas con dibujos, con esquemas y con la información bien estructurada, quizá. 

En resumen, cada uno tiene una mente y, mucho más importante, una forma de ver las cosas. Lo que hay que hacer (en cuanto a los maestros) es explicar los conocimientos de acuerdo a quien los vaya a recibir; en cuanto a uno mismo, hay que encontrar la forma en que más rápido y con más calidad se pueda aprender algo. Y esto, al fin y al cabo, pasa por la actitud que se tenga, por pensar que todos somos iguales y si alguien puede hacer algo, yo también; sólo hay que buscar la manera y no pensar antes de tiempo que no se puede hacer. El NO es una palabra muy peligrosa. Para subir una escalera hay que ir escalón a escalón, no se puede de un salto, todo es averiguar cómo se sube un escalón.

Con esta forma de pensar, intenté enseñar a dibujar a algunas niñas del cole donde trabajo (los niños pasaban del tema), y una de las que decía que no sabía dibujar, de repente dejó de decirlo e hizo esto, copiando otro dibujo mío:


Yo no toqué el dibujo, aunque claro que le dí consejos que yo creía adecuados. La niña, de diez años, acabó sintiéndose rara porque cuando le decían que dibujaba muy bien, le parecía que no era a ella, que no había dibujado nunca algo así. Cambió la actitud y, de no dibujar por pensar que no sabía, empezó a probar lápices, intentó hacer cosas con carboncillo, difuminos, colores... Cambió un "no" por un "me da igual y voy a probar".


En fin, solamente quería hacer un poco de balance sobre el 2014, ya que la actividad por aquí... Pero he estado haciendo cosas, y muchas. Y este año espero que la cosa vaya a más y que se materialicen otros proyectos que llevo detrás: que se editen las traducciones, hacer un videojuego, diseñar aplicaciones para móviles, grabar un disco y aprender a tocar la flauta travesera. Veremos lo que puedo acabar de ahí, que cuando me paro a pensar, poco no es.

Feliz año y que el 2015 sea especial, por el motivo que sea... Y gracias a quienes seguís pasando por aquí de vez en cuando después de siete años ya, que se dice pronto.
 

jueves, 27 de noviembre de 2014

DE AQUÉL BARRO...

"Hace más tiempo del que muchos podemos recordar, un manto negro de oscuridad y tormenta velaba sobre nuestras cabezas. Negros nubarrones descargaron con fiereza sus mortales truenos, haciendo restallar los tímpanos de media tierra, provocando una lluvia incesante y pesada, plomiza e hiriente desde lo más hondo. El suelo del campo, el pobre, se anegó de impotencia y resignación, abonado por todos aquellos que quisieron defender, cuanto menos, su propia existencia. Las malas hierbas comenzaron a crecer alimentadas por la tormenta y, al cabo de pocos años, sus negras raíces se escamparon y agarrotaron todo cuanto estuvo a su alcance. Así, la tierra empezaba a morir.

Pasó el tiempo y las raíces se infiltraron en todos los rincones, y de una manera tan ansiosa, tan ida, tan desmesurada, letal y violenta que los ojos de aquellos que sobrevivieron a la tormenta, se secaron por fin. Hojas negras, flores negras y lustrosas, engordadas con desolación, fueron las que poblaron entonces lo que alcanzaba la vista. Brillantes y oscuras, chupaban de aquél campo de moribundos sin labrar. Las malas hierbas habían conseguido dominarlo todo a su antojo, privando del sentido mismo de la vida a cuanto parasitaron. Y así, la tierra murió.

Los campos resecos se cubrían de los cadáveres inocentes de aquellos que sirvieron de sustento a la oscuridad, que la alimentaron con su sangre: muertos, inútiles y sin nada más que ofrecer. La muerte sólo había traído muerte; y no únicamente del contrario, sino que acabaría provocando la propia si el parásito terminaba definitivamente con su presa. Además, por las mismas razones y gracias a la aridez que reinó durante más de treinta años de sequía, el campo empezaba a defenderse con palos y piedras, a voz en cuello contra tanta soga ahogando su gargantas. Y a quien ya está muerto, no se le puede matar. Era hora de un cambio que asegurase la mínima supervivencia, una hibernación oculta que permitiese a la simiente de la mala hierba germinar de nuevo en el futuro, en un campo en que pudiesen volver a chupar de nuevos brotes verdes y fuertes, hasta hacerlos secar. Se hacía indispensable una transición de la fiereza descontrolada de medio siglo de infestación, y eso pasaba por dormir.

De esta forma, la oscuridad se secó y dejó que la vida regresase nuevamente a su lugar, libre. Los campos se cultivaron una vez más, y el dulzor de los frutos de esa época fue tal, que consiguió que consiguió adormecer el recuerdo de esas raíces negras que, si bien tallo y hojas habían muerto y desparecido tiempo atrás, continuaban enterradas, latentes y a la espera del momento de brotar otra vez. Con la confianza del olvido, con la tranquilidad de solamente tener en cuenta el presente, ese momento del resurgir llegó pronto. Volvieron las hojas negras que tapan el sol, de tan altas como son ahora. Regresaron los espinos y los pies descalzos, la squía de la tierra y la desesperación de la sed. Acabamos de nuevo bajo el yugo de un campo yermo que debemos arar sin sentido, sin decencia, tan solo para que las raíces negras de aquellos barros de la negra tormenta nos dejen hundidos ahoar en estos lodos a izquierda y derecha en esta farsa, en esta herencia endulzada y muerta de aquellos nubarrones negros contra un campo, ahora erial.




Si una vez se alzaron palos y piedras para defenderse de una noche opresiva que arruinó la tierra con descaro, ahora el tiempo ha cambiado, pero laas razones son las mismas. El suelo sigue regido y controlado por aquella oscuridad cruel que estrangula cada ápice de vida. Ahora, que las ramas podridas cubren el cielo, es ya momento de cortarlas una a una y que caigan, que igual que tantos años atrás hicieron los antepasados de esta tierra, tendremos que ser ahora nosotros quienes las podemos."  

jueves, 16 de octubre de 2014

EN RESUMEN

"Ya no puedo escribir. Te has convertido en música y te me escapas. No puedo seguir estirando las manos para intentar agarrarte con la tinta del bolígrafo; te vas. Te esfumas convertida en viento, te escapas en sonidos esquivos que escapan del más adentro.

Te vas, y no lo remedio. Desapareces convertida en el humo del recuerdo, de uno amargo y oscuro que se ha convertido en la memoria de lo eterno. Te vas, y me quedo aquí en la sombra de este árbol tan inmenso en que se convirtió la soledad.

Y el mundo, ese tan lleno de vida, de colores, de luces brillantes y de intentos... quedará aparte en un rincón guardado, mantenido sin más remedio. La noche se hace oscura y, después de todo, lo agradezco; el frescor del no saber, del esperar, del qué me importa y el qué merezco... Todo más allá, aquí perdido en un mundo sin salida ni entrada, en un pequeño espacio de un corazón guardado bien adentro.

Y te vas, es cierto. Y te vas sin remedio. Y te vas, y te escapas, y huyes y enloquezco.

La calma siempre vuelve, sin embargo, al lugar del que no hay regreso. Llega, se instala, inunda, afecta, contagia, desgarra, indaga y al final, ahoga: todo queda a su merced, muerto. Cada instante, cada sentimiento, queda seco e inerte a la espera de un nuevo despertar, de que surja otro momento. La calma, el instante en que todo se torna negro y el aire, aceite de tacto espeso, impregna cada brizna de pensamiento.

Te quiero. Te quiero y no te conozco. Te quiero y no puedo saber ni adonde ir ni de dónde vengo. Cada puerta, cerrada a cal y canto por voluntad propia o por deseo de algo ajeno, cada ventana desde la que no te veo. Y no existes, y no eres más que deseo; pero uno tan firme y tan disidente del dolor interno, que ni ventanas, ni paredes, ni muros de cemento podrán detener la mirada que alberga un amasijo de sentimientos que te buscan. Te quiero.

Pero el tiempo pasa y aparecen las canas del saber y del no querer volver a pasar de nuevo por caminos conocidos, por esos pateados senderos de espinos y de gloria pasajera, de dicha ruinosa y apestar a insatisfacción, de calles anchas y negras que nadie camina, sólo yo. Pasan los años y aquí la oscuridad crece como crece la seguridad de un futuro controlado, querido y cuidado al más mínimo detalle. Pasa el tiempo y se vienen los recuerdos de lo que no fue, de lo que no ha sido, de lo que no es ni será en ningún momento. Hora a hora, pasa el tiempo, y aquí queda todo mi interior al sol, expuesto en un derroche de las fuerzas que no tengo. 

Pero te vas, y eres viento. Te vas, movida por el aire, a pesar de que te quiero."

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lunes, 13 de octubre de 2014

EL CUADRO

(Sugerencia para escuchar mientras: Fragile, de God is an Astronaut)

"Cuando el cuadro empezó a dibujarse, una caricia discreta e invisible dio rienda suelta a los colores. Un hilo dorado se extendió en el fondo oscuro de un corazón deshidratado y, poco a poco, su luz iluminó una oscuridad densa e insondable, enterrada durante años. Con un ritmo lento y cadencioso, el hilo se enredó en una maraña de luz que circundó, al cabo de unos segundos, el intenso brillo miel de los dos soles que amanecían detrás. Como un óleo correoso, la luz comenzó a entremezclarse y brilló sin comparación, enmarcando el rostro de lo inesperado, de una noche de oscuridad deshecha, alejada de la norma. El cuadro, entre brillo y destello, quedaba lentamente dibujado; las horas corrían al ritmo palpitante de la pintura. Era precioso.

Los soles se abrieron en una sonrisa deslumbrante y la sombra, espectador del azar del destino, sonrió también al verlos como respuesta. Su imaginación nunca habría podido crear un momento mejor. Lágrima a lágrima, la alegría de la sombra se mezcló con la pintura luminosa y el cuadro, de dimensiones que traspasaban el entendimiento, si bien no el corazón, se hizo parte de ella.

Tantas noches pasaron en frío contacto de piel no correspondida, de ideas diferentes, que aquél amanecer de color miel calentó cada centímetro de la sombra. Tanto tiempo sin salir de una cárcel de cristal convertida en hogar, y una noche, de improviso, amanece en el lugar más inesperado, en el momento más extraño. Tanto tiempo y tantas noches, y ahora aquí al lado... amanece.

Sin embargo, la luz de soles inesperados es tan cálida como fugaz. Al final, y a pesar del brillo contenido con la dificultad de un sentimiento nuevo, los soles se ponen sin dejar de brillar. Su luz, amortiguada por un pasado reciente, tamizada por un algo indeciso, se oculta mas no se extingue, pues nunca se sabe qué resurgirá. Los soles se ponen en un mar de dudas, en una calma escandalosa que se agita con el soplido más leve del corazón de la sombra. Ese mar, tan plagado de tiburones hambrientos de equivocación, tan cubierto del aceite de la duda, ahoga el brillo auténtico de los soles de miel, que, más que ponerse, caen en un horizonte de confusión. Mares de dudas infinitas y no saber qué sentir se enfrentan a otros de ideas y a un sentimiento no entendido, demasiado reciente, e imposible de seguir. Aún así, las noches nunca duran para siempre; la oscuridad es devorada en el resurgir de una luz hambrienta que destella en el horizonte; no en el que traga la luz de lo auténtico, sino aquél en que despierta. 

Así, algún día los soles que dibujaron con su luz un cuadro precioso, volverán a amanecer. Lloverán ríos de pintura que cubrirá un lienzo nuevo y vacío. Llegará el día en que esos dos soles no tengan que volverse a poner, en que iluminarán el paisaje más perfecto que se pueda dibujar. Llegará, y miles de hilos dorados se rizarán entorno a una sonrisa involuntaria y descarada, reveladora. Llegarán los días y vendrán los besos, y las caricias, y el tan de cerca al mirar...

Llegará y se pintará de la nada un cuadro distinto, precioso, impredecible, auténtico... sea quien sea quien lo vaya a contemplar."

lunes, 22 de septiembre de 2014

MELODÍA NOCTURNA

(Es interesante leer este texto mientras se escucha Death Rays o Letters to the Metro)

"Sin saber lo que hacía, la sombra solitaria de la barra se convirtió en música. En un suspiro que se alargó vidas enteras, la forma, su silueta se evaporó en un mar de sonidos y flotó sobre la barra de aquél bar. En una vuelta, perdido en la sorpresa de su repentina falta de oscuridad, en esa transparencia inesperada, la ex-sombra escuchó una melodía distinta a la suya (pues ella, en su nuevo estado sonoro, no era más que una sucesión de notas interminable), y allí se acercó.

Un compás tras otro, la distancia se redujo y el destino del corto viaje, ni saliendo siquiera del bar, quedó a unos comprases de la melodía de la sombra. El problema, al parecer, era que allí donde había llegado no había sonido alguno; de repente aquella melodía atrayente no estaba y sólo quedaba delante una cara de la belleza más pura y radiante. Pero la sombra no entendía de imágenes, movido su mundo por sonidos. Desesperada, la melodía aumentó el compás en un frenesí de nervios crispados y ganas de conocer. Enardecido, aumentó el número de notas, las pulsaciones, y se negó a desistir de aquel rostro que le llamaba. Pero hubo otra melodía, aquella distinta que en un principio lo había arrastrado hasta ese lugar. ¿Dónde estaba? ¿Por qué ese silencio sin motivo? ¿Cuál era el objeto de su cambio de naturaleza, del abandono de las sombras acostumbradas si de repente desaparecía el inicio del deseo?

Los acordes de su nueva forma se tornaron duros, resonantes, menores, potentes, suspendidos, cadenciosos en una melodía intensa, distorsionada, pero llena de decisión y claridad de pensamiento. Aprovechó la nueva melodía para armarse de sentido y no cejó, giro tras giro entorno al rostro encontrado, nota a nota y un silencio tras otro, hasta que la nueva melodía que apareciese un momento antes sonó de nuevo en sus oídos. Al abrirse los labios del rostro luminoso, brotaron de nuevo las líneas y la melodía de unas frases increíbles. Allí, aquél que fuera una sombra se mezcló en la melodía de esos labios, en la suavidad de sus sonidos, en la ausencia de todo en la nada en que esa voz reinaba. Acompasadas las melodías de los dos, la antigua sombra conoció de los colores de una sintonía distinta en la que encajaba a la perfección. Y ahí, en medio de la sinfonía de un nuevo mundo en que se abrió una realidad alternativa, desconocida, todo se desvaneció.

La sombra abrió los ojos, sentado de nuevo en la barra del bar. La música seguía sonando ensordecedora, de alguna forma adecuada a la penumbra y a las luces de colores. Al fondo de la sala, entre la marea de miradas e intenciones, aquella cuyo rostro resonaría para siempre en la mirada de la sombra como una melodía incompleta, como una en la que faltaban los sonidos en que él mismo podría convertirse algún día."

sábado, 20 de septiembre de 2014

CONDICIONAL

"Ahora iría hasta la mesa donde estás y te besaría. Sería desde la espalda, encontrando un hueco furtivo que se abriese en tu pelo hasta tu mejilla. Evitaría la tentación del cuello, porque quizás las cosas más bonitas se hacen siempre esperar. Además, tendría que calcular cada gesto con cierta gracia de la que no acostumbro para esquivar con acierto ese cigarro que sostienes en alto. Caería la colilla, apartarías el brazo, y quedaría a la vista al fin el objeto de mi movimiento. Y allí, en un pómulo rosado que invitase a la imaginación más desbocada...

Te besaria, es cierto. Haría todo el recorrido interno, el viaje más oscuro y difícil, únicamente para llegar a la cara de esa espalda que me llama a gritos. Haría lo imposible y aún más, si eso fuese lo necesario para conseguir lo que siempre he sentido de forma inevitable. Si de llegar se tratase, llegaría hasta el fondo más escondido de tu propio corazón. Llegaría por la espalda hasta esa silla menos solitaria desde que estas tú, y el arrebato de la fijación en tu mejilla no abandonaría mi mente al pensar que...

Me acercaría. Me acercaría... Me acercaría si acercarme fuese lo necesario, lo suficiente, lo adecuado, lo que importa más que nada y, más que otra cosa que quedase más lejos de un beso inesperado, una caricia donde no llego yo."

sábado, 16 de agosto de 2014

AL CAER LA NOCHE

"Aquí la noche se hace pronto. Crece la oscuridad, viscosa, a dos metros de mi. Lejos, en cierto modo, pero presente, amenazante, atenta para abalanzarse al mínimo movimiento, ojos perdidos en locura y dientes afilados con recuerdos rotos. La negrura crece y toma cuerpo, un cuerpo informe y en despropósito que atenta contra lo racional.

El tiempo y el aire se detienen. La masa azabache, sin brillo alguno, sombra en su totalidad, repta y emite gemidos que parecieran carcajadas en una mente siniestra y hambrienta de cordura, ansiosa por masticar ese momento. El eco retumba en los oídos del mundo y el suelo tiembla. Todo tiembla, hasta el más hondo interior.

 La bestia, retorcida al punto de llegar a la rotura, inclina el alma y se apodera de todo: vista, oído, piel, corazón... Se ha infiltrado en cada poro como un germen que pasa desapercibido, minando el ser desde lo más profundo. Se abalanza el alma encima de un alma solitaria que una vez sintió una conexión, y absorbe todo lo posible hasta dejar un fruto seco, yermo, vacío e inútil. 

 Las bestias devoran, destrozan y arrasan a su paso con cada parpadeo; nublan los sonidos e inundan los desiertos, anegan ilusiones y destrozan montañas y, de entre todo ello quedan finalmente unas ruinas descuidadas. Las bestias arremeten, hieren y desangran, pero en esa corriente roja de pasado anquilosado fluye la negrura del pensamiento. En esas heridas profundas hasta el alma que vacían todo el mundo desde dentro, se surcan los huecos de un futuro imperfecto, amorfo y desordenado, pero brillante. Brillante hasta cicatrizar el corte más profundo; y cálido, cálido hasta rellenar los huecos más yermos y vacíos, hasta conseguir que se inunde todo del calor más luminoso y sincero."

lunes, 30 de junio de 2014

LUCES

Creo que desde las fotos de la tinta de hace unos meses, no había vuelto a coger la cámara. Pero habrá quien me haya visto recientemente haciendo fotos a farolas de noche por la calle. No sería la primera vez que me preguntan algo así como: "¿Qué frikada estás haciendo?" al verme tirado en el suelo o, como un par de noches esta semana pasada, mirando farolas.

Pues bien, esto es parte de esas frikadas:





martes, 13 de mayo de 2014

EL MAPA

"El ambiente de la noche, las luces, los reflejos, la música de fondo que pone banda sonora a una vida; las sombras en caras tan aprendidas, tan descubiertas en falta de interés; los segundos que repiten historias de antes de que salga el sol, los suspiros por una lejanía inquebrantable en medio de la multitud, la mañana de silencio donde debería haber vidas comunes, ahogada la ausencia de sonidos en tragos interminables de una copa que siempre se vuelve a rellenar... La noche, tan oscura y tan perdida como siempre, tan ajena a pesar de las visitas, obliga a sacar el mapa de un mundo extraño, esa guía de una vida en construcción, de cimientos inquietos, esa que ha de encarrilar los ojos callados de una imaginación preciosa que supera lo real.

Sentado en el vacío de la barra, en lo oscuro del borde de una jarra de cerveza, la confusión total se instala alrededor y los movimientos se antojan borrosos, indecisos y faltos de dirección. El cuerpo ni se inmuta y se zambulle otra vez jarra adentro. Con dificultad, aunque sin poder evitarlo, el mapa de una vida desconocida se ilumina. Líneas de luz del pasado encienden la habitación y todo desaparece: ni sonidos, ni colores, ni nadie alrededor. Al fin y al cabo, este es el mapa de uno y de nadie más. Una mirada ciega a lo real se abre y escruta el resplandor desde su nacimiento, como hilos de luz que confusos se enredan en una maraña fina, suave, indistinguible, de decisiones olvidadas. El hilo del no saber se enlaza al de lo deseado y así nace un tercero, más fuerte y resistente, inevitablemente más longevo: el de la desesperación. Y todo eso en un vistazo, pues las luces alcanzan toda la existencia, repasan nombres preciosos y resaltan momentos indispensables; bañan con su resplandor los recuerdos imborrables, los guardados a fuego en un mar de ideas vagabundas.

La vista no escapa a esta luz y la vida se contrae, aguanta la respiración y abre los ojos de par en par. El corazón se lanza a un vacío insondable y las manos revientan en actividad frenética y sin objetivo, sin control. La luz en ese punto... Aunque en el pasado, una luz brillante quema la memoria y la impregna de un color dorado. Sí, años atrás... y, ¡tantas veces! El tiempo no había dado aviso de aquel punto insistente, no existió advertencia que alejase a la consciencia de aquel lugar, de aquel momento, de aquel nombre. Unos ojos inmaduros e incautos dilataron sus pupilas hace una eternidad, antes que nadie y, ahora que no han podido cerrarse, ven el mapa impreso de una vida entera en la que, por muchos nodos, por cuantos altos tuviese en el camino, aún hoy ilumina un recuerdo con la luz de la certeza de que así será toda la vida.

Sin embargo, se acerca el verano y, con él, el momento de olvidar. Con tristeza, sin remedio, se habrán de borrar muchas de las líneas de luz que se extienden hoy en día por el mapa, y así nacerá un camino nuevo. Quedará la soledad de la belleza de un momento; quedará la sensación de haber tenido un nombre como un precioso recuerdo."

sábado, 18 de enero de 2014

REVOLVER

"Suenan los Beatles con Elanor Rigby y quizá no sea casualidad; puede que verte los ojos esta noche haya desatado una ráfaga de realidad inexistente, de posibilidades inertes. Así, como la joven Eleanor, veo la gente pasar y no entiendo ni qué hacen, ni qué quieren, ni a dónde van. Lo único que trasluce es la soledad de todos aquellos que deciden moverse hacia otro. Y así, encadenando canciones, el sonido dulce de la música me dice que solamente duermo. 

Entre sueño y sueño: esa realidad que nunca se concreta, que queda lejos y a la que miro desde la ventana. Quizá fuese mejor desde el tejado, donde puedo hacer una hoguera y sentir como un escritor japonés, fumándose la imaginación dentro de una canción de los Beatles.  Quizá sólo el olor del suicidio al fuego de todo un interior que únicamente asoma ante una persona... quizá solamente en Tokio, quizá nada más que un blues.

Y, de ahí, la suavidad de unas notas que me mueven de aquí para allá, pensando en la ilusión de alguien de frente, hablando, de la necesidad de nadie más a quien dirigir la mirada, sin esperar que otra cosa suceda. Pero ese dulzor se va y lo que nunca muere, madura, cambia y se mezcla en un olvido fabricado, tanto como los mundos que imagino para estar lejos, para no sentir como Eleanor, lejana, hundida, de ojos fijos en una fantasía de vida plena y banda sonora de película con final feliz.

Y ella dijo: "no entiendes lo que digo"; pero lo que ella no pudo comprender es lo que no llegué a decir, lo que sí  dije y todo lo que no diré por no repetirme, por sentir que la vida, el mundo, tiene que dar irremediablemente la vuelta.

Y dijo: "escríbeme más a menudo"; y allá que va la sangre y revienta las venas del entendimiento, del aguante y de la aceptación. Vaya, parece que aún así sale el Sol y hay que saludar. Pero esas notas no me suenan, se pelean y se ahogan en silencios de redonda y mueren en mi oído, en la memoria.

Así, poco a poco, palabra tras palabra, ya no sé si rimo por ti o por tu ausencia, o por nada en absoluto de lo que pueda ser consciente. Pero los Beatles siguen de fondo: "and you can't see me". Aunque, igualmente, seguiré, sea ya solamente por continuar la canción de piezas rotas y ganas de avanzar. "And your bird can sing", como si fuese el resumen atropellado de mi vida.

Acaban los minutos, empieza el día y me doy cuenta de que sólo yo me espero mañana. Llorará por nadie, pero la querrá y la creerá necesitar hasta morir —si bien en sus ojos no aparezca atisbo de interés—, a pesar de los años. El Sol saldrá, la mente al acecho, pero no verá el rastro de la luz tras tanta agua, aunque aquello fuese únicamente la sospecha del tiempo pasado.

Así, solo, se emprende el viaje en que la claridad abandona un cuerpo de mujer, que seguro olvidará, que no será el final feliz de una letra del grupo inglés. Y, así, aunque vista de repente, aunque cada día de vida grite su nombre, el cuerpo de mujer se alejará en un fundido al silencio, a ese silencio oscuro, indefinido y taimado que acompasa el final de la canción que, por aprendida, marca tanto el principio como el término de la vida. 

Y, así, envuelta el alma en su protección de goma, entra el sonido y no sale nada, concentrados los ojos en cerrarse y olvidar lo escuchado, lo aprendido. Olvidaré que en mi cabeza hay una terraza en la que nunca quemamos canciones, en la que nunca, ni al amparo solitario de los Beatles, nos besamos."

viernes, 11 de octubre de 2013

COLORES 2

Siguiendo el experimento "Colores", aquí dejo unas cuantas fotos más de otro día. Aquí ya hay más materiales y los resultados me han gustado mucho en algunos casos, ya que la mayoría de las fotos que saqué quedaron como fracaso. Eso sí, un fracaso a medias porque con una justa dosis de retoque no ha quedado la cosa tan mal...