jueves, 27 de mayo de 2010
PERDIENDO EL TIEMPO
donde esperan las mañanas...
allí espero tan quieto como el aire,
tan pegado al suelo
que bebe la hierba de mi sangre.
Tan quieto, tan ausente... que no soy nadie.
domingo, 16 de mayo de 2010
ES POSIBLE
Es posible, sin embargo, que la imaginación vuele, y que el tiempo se detenga entre los dos en un segundo, en un suspiro exhalado ante el recuerdo inacabado y nunca perdido de tu olor; que el mundo sea perfecto y que no haya ni nadie, ni nada ni nunca alrededor; que sólo el viento te mezca entre caricias y no importe ni el lugar, ni el momento, alejado el sentir del tiempo en el rincón más profundo de tu corazón.
Es posible que seas feliz y solamente quiero verlo.
martes, 27 de abril de 2010
NI SE ESCUCHAN
lunes, 19 de abril de 2010
LA NOCHE SE HIZO CORTA
En la noche, que se hizo infinita, encontré remedio al vacío y a la bruma de mis pensamientos, al correr invariable del tiempo que se me escapa. Los relojes, detenidos, nos observaban desde cualquier rincón murmurando si detenerse, esperando a ver qué hacía yo. Mi respuesta: sólo mirarte.
Me miras y hasta las palabras se me olvidan y, en este sueño, ni falta hacen: soy yo el que te pienso. Sin un sonido te digo todo lo que llevo dentro; todo lo que la luz del día ahuyenta acobardado y me hace olvidar por despropósito. No me oyes ni un "contigo", ni un "te quiero"... pero esta noche lo sabes todo, aquí metida en mi sueño. Qué importa que la noche se nos haga corta y que tan pronto se haga el día... Estabas conmigo en un sueño y no olvidaré aunque la mañana encuentre en mi almohada, como siempre, una mitad vacía.
viernes, 16 de abril de 2010
AMOR CALLEJERO
martes, 13 de abril de 2010
CAMPO DE GOLF
sábado, 10 de abril de 2010
ECOS DE CIUDAD
martes, 6 de abril de 2010
MICROPOEMA
Isla de cabellos recogidos y apresada;
Fiesta antigua de entrañas y de sangre,
España: tan llena de todos, tan llena de hambre.
Y ya está. Larguísimo, ¿eh?
domingo, 4 de abril de 2010
EL VERGEL
Era un vergel
lleno de flores de papel (*)
y en cada pétalo, tu nombre escrito.
Se agitó el viento
y cada flor
al resoplar el corazón.
Nos juntó a los dos en un sólo destino.
Hoy vuelve el sol
y vuelvo a ver:
el oasis ha empezado a arder
y, con él, mis sueños... y yo mismo.
(*) Si recuerda a Extremoduro, será porque el verso es casi igual... ;)
lunes, 15 de marzo de 2010
NUEVO PAISAJE
lunes, 8 de marzo de 2010
ILUSIONES
jueves, 25 de febrero de 2010
PARA POCA LUZ, NINGUNA
Penumbra.
La calma toma el mando tímida pero impaciente. El viento ya no corta, acaricia los restos de tu mirada y seca la lluvia acumulada en tu interior. La luz, aunque ya casi desaparecida, somete la voluntad de todo lo que toca y lo impregna de melancolía, de tristeza dulce y de recuerdos. Imagen tras imagen, cada una con sus propios sentimientos, tiñen todas las ideas de un tono más y más oscuro hasta que el brillo se bate en retirada. Llega la noche y los fantasmas van apareciendo a la llamada de tu olor. Esperaban prudentes el momento de atacar, de sorber de nuevo de tu mirada y emborracharte de malos pensamientos, de amargar el aire, de pudrir el viento, envenenar todo lo que llevas dentro y aún más.
El oído interrumpe y se descifran palabras que destrozan. La primera abre la herida y la segunda entra directa a ver qué esconde el corazón. Y tú sólo te defiendes con palos y piedras... tampoco quieres hacer más, pero en tí hay heirdas que no cierran fácilmente y sobre ellas sólo está dispuesto a escuchar el silencio, que te susurra, mientras tanto, que estarás solo hasta que mueras.
Para poca luz: ninguna; voy a olvidarme de ti."
martes, 16 de febrero de 2010
UNA NOCHE...
“No dejes de acariciarme”. Al oír esas palabras
Todo el caos que sentía se ordenó sin objeción y se concentró expectante en la luz que nacía en su interior. Los objetivos de su existencia se acurrucaban en la espalda de la chica. Alerta por ella, fija la atención en cada aliento que se escapaba de sus labios, la perfección se hizo momento. Si la plena consciencia acompañara a esas palabras, nada más importaría.
“Sigue hablándome, por favor; me gusta tu voz”. Si la otra hizo que el mundo dejase de tener importancia, ésta desató la luz de lo más profundo. La energía y el calor de esa inesperada alegría se reunieron en los ojos de él, mientras ella mantenía cerrados los suyos, intentando conservar sus pensamientos. Una lágrima imaginada.
Sin palabras que sobrase, sin que una sóla fuese necesaria, le dijo en mil caricias que no la abandonaría. Aunque no se lo pedía, él permanecería a su lado; si le necesitaba, estaría así toda la vida.
Mientras su deseo lloraba angustiada, las ganas mismas de él se transmitieron a sus manos e intentó que emitieran todo el calor del mundo y la brisa de mil playas de arena; el impulso del contacto más sincero se abrió y deseó cobijarla eternamente. Nada más tenía ya sentido y nadie, aparte de ella, podría existir: el mundo en sus gestos. Cerró los ojos de nuevo y empezó a vivir sólo para ella.
Una vez hubieron pasado los nervios y la preocupación, apareció claro el camino a casa. Lentamente, él saboreó cada paso que ella daba, grabando con hitos luminosos en la memoria el recorrido que empezaba a descubrir. Sin darse cuenta, su mano seguía hipnotizada en las curvas de la espalda de la chica, ya no por preocupación, sino por dejar de sentir esa necesidad. Ahora que le hablaba consciente, que toda su confusión se desvanecía en la noche, quizá no fuese necesario; lo deseaba.
Temiendo un eclipse injustificado,
Y no hubo más palabras.
miércoles, 10 de febrero de 2010
ANHELOS
Añoro tantas cosas que nunca me han sucedido que el tiempo pierde la noción de sí mismo y yo, con él, me pierdo en el rincón más escondido de mi propio corazón. Ya puede amanecer, que he bajado las persianas, no sea queme despierten quienes pueblan mis migrañas. Mañana será otro día; pero, si no lo es, si aparece nublado, gritaré con todo mi cuerpo hacia mis adentros; desgajaré las nubes y pintaré el sol de nuevo. Hasta que vengas...
Tánto añoro, que el presente deja de tener sentido y se desliza rápidamente hacia un pasado devorador e hiriente. O me mata, o lo exploto; recojo el poco aire que me rodea y todo aquello que añoro y lo abrazo hasta que se hunde en mí. Lo sufro, lo disfruto, lo hago indispensable para mí y, de ahí, absorbo la energía del momento. Dejo los ojos en blanco, la mente abierta y la añoranza se convierte en deseo: de tenerte, de mirarte, de saberte sin decirme nada y de escuchar el latido de tu corazón.
Anhelo tu parte en mi mundo y nuestro propio mundo aparte. Me engañen o no las ilusiones, me queda solamente esperar verte aparecer.
EL EXPLORADOR
Removí tierra y cielos para encontrar la luz que derrumbara la sombra de todos los castillos de mi interior. No encontré nada; empecé a torturarme. Cambio tras cambio, todo mi ser desaparecería por mi voluntad. Me comencé a desgarrar. Cuando por fin encuentro el brillo, la luz que lo difumina todo y que escampa millones de colores, las tornas nocambian. Si antes el mundo se consumía en la negrura, ahora se baña en deseos luminosos; si antes fui un suicida sentimental, ahora solamente soy un loco ansioso.
Removi tierra e infiernos para encontrar lo quemás me llegaría a degradar. No tardé en encontrarlo ardiendo, 4echando humo sin parar. Me arrojé entonces al fuego para que me consumiera y mezclara con el viento, pero se movió el aire y me enfrió la piel.
He aprovechado el apagón para remover, por fin, mis cimientos y averiguar por qué me he dado siempre miedo, por qué siempre me he odiado tanto en secreto. De momento, no saco nada en claro; sin embargo, durante la búsqueda encontré una prisión en la que yo mismo estaba encerrado. Abrí las puertas y, al salir, me acaricié y entré en mi propio cuerpo. Las miradas de los dos se unieron en la razón de uno sólo, que no se dirige hacia nadie porque nadie la busca.
Si esto es así realmente, que lo es, que no me busquen si no quieren compartir el aire. Desde ahora, seremos nosotros; seré únicamente yo.
miércoles, 3 de febrero de 2010
EL ALMA SINCERA
Rechazada por desvelar su misterio, por desgranar los pedazos de interior que con tanto celo otros guardan, se arroja al vacío propio y busca entre todas las miradas. Solamente, incomprensión. Se rebela la garganta y la mente la sigue en su alzada; las dos juntas, de la mano, se consuelan en un millón de sentimientos que sólo el viento escucha. Sólo noche y viento.
Estalla y remueve el miedo, sorteado sin problemas, hasta dar contra un muro de hormigón. Otra vez pierde las palabras y, sin ellas, ya no brilla el Sol. "¿Dónde están su calor, sus miradas y su pasión?" Recuerda que ya no brilla el Sol.
Pero si nadie quiere tener el valor, si nadie escucha o no comprende: ella ya no quiere Sol. Lo guarda, como tesoro, en la punta de su lengua a la espera interminable de alguien a quien repetirle: "No estás sola, no estás sola... yo soy tu Sol".
miércoles, 20 de enero de 2010
LA BESTIA, EL HOMBRE Y LA NIÑA
A duras penas, consiguió entrar en el edificio, removiendo el mar de cemento que le llegaba por los tobillos. La lluvia no cesaba y cada vez hacía más frío. El aire ya no le cortaba al ser respirado, pues no quedaba prácticamente nada que cortar: por dentro, el hombre empezaba a ser un amasijo oscuro de maldiciones y dolor. Atravesó la puerta de la entrada, cruzó la sala y atravesó el patio.
Al otro extremo del solar que albergaba la pista de baloncesto: ella. No la había vuelto a ver desde hacía ya mucho tiempo; apenas recordaba ya su olor. Se acercó lentamente, arrastrando el peso del mundo tras de sí, y se detuvo justo delante de la bestia. Igual que en las ocasiones anteriores, era enorme (“quizá, un poco menos…”, pensó él) y su silueta oscura, cambiante, amenazadora y salvaje le decía que no saldría vivo de allí. Desapareció la luz y quedaron ellos dos únicamente, perdidos en los sentimientos de él.
Hipnotizado por el halo de dolor que siempre acompañaba a aquél ser demente y carnicero, ya ni siquiera pudo temblar o intentar huir; cuando hacía su aparición, ya no había nada que intentar. Moriría otra vez.
Como en dos fotogramas contiguos, la pasividad del animal —si bien él dudaba de su condición— estalló en una dentellada atroz que desgarró todo su interior. La tromba que le golpeaba desde arriba se hizo más intensa. Esa malnacida sin nombre le había arrancado el corazón de cuajo y ahora solamente quedaba un hueco sangrante en el lugar que antes había ocupado. La expresión de su cara, del horror, había saltado a la indeferencia; desidia ante todo, ante la vida. El siguiente ataque, ahora que ya no tenía lo más preciado, aquel lugar en el que se escondía en sí mismo de todo lo exterior, lo sintió como unas punzadas tremendas en lo más hondo de sus pensamientos. Sin nada ya que perder, sólo le quedó llorar por todo y por nada; quizá porque le rodeaba el mundo y nadie se paraba a mirar cómo era devorado. No tenía corazón para sentirlo ni mente que lo pensara, pero una extraña convicción en su interior le gritaba a voces que debían morir. Todos.
Sus ojos se encontraban ya a la altura del suelo, bocarriba mirando ausentes todo lo que le rodeaba, esperando vacíos que la bestia se alejase de su pecho y dejase de comer de sus adentros. “¡¡Puto bicho!!”, pensó.
Como si esa queja hubiese despertado algo en él, algo que no comprendía, sus resignados ojos se volvieron locos y se pusieron a girar todo lo que les permitía su naturaleza. De un lugar vacío, a otro sitio sin nada; así, nada encontraron. La locura aumentó su dolor y el interior del hombre prendió fuego y derramó lava desde el lugar de su antiguo corazón. Cuando la bestia saltó, alejándose de las llamas, él aprovechó la poca energía que le quedaba guardada a salvo en un rincón desconocido y se puso en pie. Al hacerlo, sus ojos inyectados en sadismo se encontraron cons focos de luz inmensos. Cuando remitió el resplandor un poco, se dio cuenta de que dos ojos se escondían detrás. Era una niña, aquélla con la que tantas veces había hablado, de muy corta edad, y a la que tánto cariño le había cogido.
Cuando ella lo vio, no se percató de la bestia, ni de la oscuridad ni del sufrimiento que rodeaba al hombre. Corriendo, se acercó hasta él iluminando el camino con su mirada. Él la contemplaba de rodillas ya, por no poderse aguantar en pie. La niña llegó hgasta donde él se encontraba y siguió sonriendo. No veía nada de lo que ocurría alrededor del hombre, solamente lo veía a él tal cual era, fue y sería, sin distorsiones ni prejuicios, sin opiniones contagiadas: sólo él.
—¿Te quedas conmigo? — Dijo la niña.
—No puedo… —susurró él.
Sin más palabras, la niña se le abalanzó al cuello y, aún sin dejar su sonrisa, le acarició la mejilla con un beso. Impotente, incapaz de cualquier otro movimiento, él se echó a llorar con fuerza. Ella no lo vio, ya se iba; tampoco hacía ninguna falta, mejor así.
Las lágrimas de felicidad que derramaba ahora eran claras y brillantes. Las nubes se movían deprisa y algunos rayos del Sol se colaban entre ellas y daban a esas gotas de alegría el aspecto de pequeños diamantes. La bestia, al ver el espectáculo de brillos intensos que brotaba de los ojos de su presa, aterrada por creer morir entre ellos, se lanzó al viento y, en un rincón oscuro, desapareció.
El dolor y la negrura se disipaban por efecto del cariño sincero. La pequeña no había visto el dolor que lo rodeaba a él ni la oscuridad de éste ni había oído las voces que le increpaban: sólo lo veía a él, sin nada más. Recobrando las fuerzas que pudo, el hombre se puso en pie y, con la inocencia de la niña y la verdad de sus ojos en mente, se marchó sin decir nada a nadie, con mucho que pensar.
jueves, 14 de enero de 2010
miércoles, 13 de enero de 2010
ENTRE HOY Y MAÑANA
Apareció el Sol entonces y con un bostezo deslumbró a la Luna, que huyó presa del pánico a cualquier otro rincón del planeta. Los rayos de las estrellas traspasaron mis párpados y me dejé aturdir por la ceguera. Brillantes en la oscuridad, demonios de luz roja danzaban nerviosos, ansiosos a más no poder por hincarle el diente a mi locura. Entre gritos y un frenesí luminoso, las imágenes van volando y se transforman hasta detener sus dudas en tu figura. Así, hora tras hora, los recuerdos inexistentes, el añoro del anhelo y el dolor de no tenerte se me clavan y desembocan en hirientes sentimientos.
El color de la luz y, con él, el de los demonios danzantes, cambia y aumenta de temeperatura. La calidez del amarillo se reinventa a sí misma y, en un alarido de sopor, el color se torna rojo. Las horas se ralentizan. Mi cuerpo, anestesiado por el calor repentino, recoge las fuerzas que puede como un lagarto al sol. Se me acercan las arañas de tu recuerdo y las devoro al sonreír. De la necesidad de la mañana, a la calma del mediodía. Aturdido y relajado por el sabor del fracaso, sé que puedo empezar a enterrar esperanzas. Otra vez, me olvido del añoro y me quedo únicamente con el anhelo. No te tendré; todo está en su lugar.
La luz se apaga. Los colores que me dormían y me obligaban a aceptar se van oscureciendo. Hojas, piedras y animales esperan inconscientes la luz de mañana. El aire se enfría y el mundo comienza su meditación.
La noche, vestida de negro para esconder sus alas blancas, se acerca dulcemente a mis oídos. Con la voz de mil estrellas y la ilusión de todos mis sueños, me roza con suavidad y me empieza a convencer. Toda la paz de la tarde, tras el dolor de la mañana, se duermen en el frío de mi cama. Las sábanas lloran tu ausencia; el helor de sus lamentos me eriza la piel. Me dejo llevar por el suspiro de la noche y la dulzura me llena, me acoge en un abrazo eterno. Vuelve el anhelo a mi consciencia y —yo, completamente quieto— desplaza a cualquier otro pensamiento. A oscuras, devorado por la huida del Sol de mi ventana, escucho atento la voz que poco a poco me hiptoniza. Me habla de todo y de ti, de tu ausencia, de este hueco en mis entrañas. Hace frío para desplegar las alas. La Luna me dice..., pero yo sigo sin estar a tu lado.
"Tranquilo, mañana te cegará el sol".
* De Todos me dicen (Agila, 1996), de Extremoduro, sobre un poema de Ramón Romero Ruiz.



