inmensas en la noche de alquitrán,
entre silencios y rincones muertos
en el eco ausente de este mar
de cemento cálido y distante,
de luces, de bancos, de aceras y parques
en los que hay silencio y nada más.
Silencio de ciudad.
Las miradas de todos:
infectas del color de la ignorancia,
enferman del vacío eterno
en que se incuba el germen de la mala
virtud de no escuchar. Nadie habla.
Se propaga a rastras el silencio
de la ciudad artificial y oscura
que todo lo traga con su locura
de cemento y trozos de metal.
Silencio y ecos de ciduad.
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