domingo, 1 de agosto de 2010

MIRAR HACIA NADIE, HACIA ADENTRO

"Puede que pensar en ti tenga el mismo sentido que pensar en todos aquellos momentos que han pasado y, por suerte y por desgracia, han quedado atrás. Después de todo, ni tú existes ni yo quiero dejar de pensarte. Eso, unido a la ferviente ansiedad por conocer lo que no encuentro, hacen de un presente real y único el vago reflejo de la persona que una vez ocupó mi cuerpo. Si hoy amanece y entra luz por la ventana, es la luz de ayer tamizada por mis recuerdos; si se digna a venir mañana, me seguirá repitiendo que el hoy no es sólo ayer: es nada menos que el atisbo del mañana. 

Insiste la memoria, incapaz de relajarse y descoserse en los jirones que haga falta hasta convertirse en la bruma que debería ser. Por pasado no experimento y por futuro no recuerdo, así que solamente la presencia del aire de hoy me recuerda que existo y, además, que nada hay fuera de mí.

Te buscaba entre camas vacías y sábanas abandonadas, pero únicamente hasta hoy. Ha nacido una idea descuidada, falta de importancia y escondida ente las plumas viejas de mi almohada, que siempre me ha acompañado, sí, pero vestida de colores nuevos y de nuevas energías, sonriente aunque atemorizada ante la fuerza de mis sentimientos. Por razones que se me escapan (por escapar a la razón) el mundo se me abre en un brillo cegador y, por primera vez en mucho tiempo, veo mi reflejo pintado en tonos vivos sobre el espejo. Y, ¿ése soy yo? Reacciono y me convierto, cansado de lo que he vivido, para transformarme en el alma que nunca hubo muerto. Pero, ¿ése soy yo? ¿Quiero ser quien espera en el espejo?

Los deseos se cumplen o marchitan y contaminan el aire. Todos los míos quedaron secos hace tiempo. Hoy, sin embargo, aquí tumbado en tu ausencia, me doy perfecta cuenta de que ni murieron, ni tan siquiera quedaron viejos. Lo sentido queda adentro, calcinado si se quiere, o desgastado por aburrimiento hasta que una brizna de aire junta los resquicios de una verdad ignorada y empapada en un veneno sangriento que me impuse en algún momento. Y esa realidad que no entiendo es quien acabas de ser tú: nadie, pero a la vez el mundo por completo.

Los segundos que he dejado perdidos en el silencio de mi incapacidad para decidir desangran todos los que vinieron tras ellos, enfermos y enrarecidos hasta no dejarme entenderlos. Pero ahora los comprendo. Me gritan que te deje, que te olvide, que te entienda, que te mate, que te quiera, que desquicie mi razón y rebusque en mis adentros hasta que por fin aparezca la única razón de mis sentimientos. Que ni eres tú ni eres nadie, que sólo yo te invento. Y el pasado que no existe, el futuro que no llega... tanta lágrima que no ha valido la pena.

Ahora que soy el dueño de los mares incontrolados que acechan en lo más oscuro de las noches, el sol interrumpe. Haré que la oscuridad de las madrugadas sea eterna y me traiga, aunque sea perezosa entre sueños, la verdad que ni en ti, ni en nadie que conozca encuentro. 

Quizá la realidad de todo sea más simple que mirar hacia afuera, quizá sólo haya que mirar hacia adentro. "




viernes, 30 de julio de 2010

SILENCIO Y TIEMPO LIBRE

"Y, ¿si el secreto de la vida se escondiese en el silencio? Las luces se atenuarían, impregnando así el ambiente de calidez inspiradora , el aire se haría dulce y el tiempo, perfecto. El cuerpo responde y sintoniza con el mundo. Al poco: ni luz, ni aire ni tiempo. Silencio y sólo yo.

El oído se agudiza y la piel detecta movimiento; las ideas se acercan al galope en una cruel embestida de descontrol ciego. Oscuridad... y se acercan. El miedo paraliza el sentido pero la expectación se abre camino y, conforme crece, le cambia la cara: locura y ansias por empezar el combate. Los ojos se abren y ahí vienen desbocadas todas mis ideas contra mí. No avanzan solas, que tras ellas hay un enjambre de sentimientos. Voy a morir.

En el momento justo del impacto, recuerdos de filosofía: "de acero soy". Estallan millones de colores en el choque y vuelan los pensamientos silbando junto a mis oídos; otros atraviesan mi piel de metal y me abaten. No soporto las imágenes que brotan de esas ideas, se me escapan por rápidas y desaparecen fugaces en la oscuridad, donde duermen. De rodillas, espero el final. Levanto la cabeza lentamente y, sobre mí: los sentimientos.

Nada ocurre. No hay sonidos, ni aire, ni tiempo, ni nadie... ni luz. Ahora que estoy solo y tranquilo, hago memoria de conversaciones y decido encender una vela. Brillante no solamente la llama, sino también el dorado de la cera, el fulgor me rodea. Miro alrededor, hipnotizado por la suave luz y veo que, desde todas partes, se acercan ideas y emociones. Se arrastran o flotan en la nada, se acercan como si algo las llamase con un poder irresistible. Una a una, las miro al desfilar hacia mí, ignorarme y seguir su camino hacia el fuego. Los horrores más profundos y las ideas más corrosivas arden en el más riguroso silencio de despedida. Cuando todos los fantasmas y demonios se han convertido en humo, la vela ya está por apagarse. Idea a idea, ha compartido su vida con la mía y limpiado mi oscuridad. Todo a oscuras... pero hay silencio.

Sigo sin ver, ni oír, ni estar. ¿La llama se ha desvanecido y ha arrasado con su luz para que llegase esta oscuridad? Una imagen se ilumina a lo lejos, pero todo está ahora claro. Más allá otra; y otras muchas por todas partes. Éstas no se escapan, ni siquiera se mueven; esperan pacientes mi mirada. Me acerco a cada una y me invaden los sentimientos más perfectos y soy consciente de todo lo que ha sobrevivido a la llama depuradora, todo inmóvil en su lugar propio, ajeno al tiempo y al cambio, lo que siempre acompaña. Ya sólo me queda cerrar los ojos y contemplar el paisaje. Una a una, recorro todas las imágenes, me pierdo en todas las sensaciones y renazco de entre los restos.

Y, de entre todas las imágenes, una..."

jueves, 29 de julio de 2010

ANTES DE DORMIR

"Al final de la noche: sólo yo; y me pregunto qué me falta. Falta sueño, faltan ganas, falta humor y falta... al final de la noche: sólo tú; aunque nadie, por ahora, sepa de quién se trata, pero sólo faltas tú que ni eres nadie,  ni eres nada. 

Mi pensamiento da vueltas como loco, buscando una luz que indique el camino en la oscuridad eterna de esta noche. No duran los días sino años enteros y, en cada segundo, tu rostro se me aparece y huye cuando intento fijar mi vista en él. Si no es al final de la noche, será al final de la vida, pero en algún momento esa cara quedará iluminada en las tinieblas para indicarme la dirección.

Pero cuanto más lo pienso, más se pierde la guía y más me pierdo yo, dejado de la mano de nadie en un mundo extraño en que se dice lo que no se siente y los sentimientos se dejan a un lado por abatidos, por despropósitos o por simple vergüenza. Y, como era de esperar, al final de la noche... 

Siempre llega el final de la noche en que no se ha conseguido nada, en que no ha mirado nadie y nadie ha oído mis palabras. El silencio se adueña del tiempo y éste pierde su sentido, escondido en el recodo de un recuerdo o de una invención —ya quién sabe—, porque al fin y al cabo, yo sólo he vivido un momento que, por no ser, no era ni noche.

Al final de la noche: sólo yo. Y conmigo, el vacío de un sentimiento que no sale, que se enquista en cualquier parte de mi corazón y al que quisiera desterrar tan lejos de mí cómo fuese posible. El vacío... que, después de todo, me ha acompañado minuto sí, minuto también, en un recorrido en el que empecé, por empezar mal, dormido y sin saber. Ahora aprendo, pero no basta; el vacío consume y arde cuando lo pienso y, al final, deja vacía mi cama.

Al final de la noche espero no encontrarme ni con la duda, ni con tu imagen, ni con mi imaginación porque, como siempre, solamente debo quedar yo. 

Al final: noche."

martes, 27 de julio de 2010

LO OLVIDADO

"La realidad de lo que veo no aparece cuando miro. El destello de la nada descuadra la visión y el enjambre de verdades se hace insoportable. De verdades escondidas, de verdades a medias pero, al fin y al cabo, y para todos, de verdades eternas. Y yo que las pongo en duda... Quizá la culpa —invento falso y contaminante de siniestro calado— sea mía y no me quiera dar cuenta. Yo intento que mi mundo muera, se renueve y purifique, porque está enfermo de esas verdades tan luminosas que esconden un universo de oscuridad tras ellas. Entraron en estampida, los ojos idos de furia, a destrozar un mundo vacío de carne pero lleno de almas y lo sometieron; y no sólo el mío, sino del planeta entero. 

Sólo palabras que suenan a viejo, a olvidado, a ridículo... Pero son mis palabras y de ellas no me arranca nadie. Estoy harto de sacrificarlas en pro de un mundo normal, por la percepción de alguien.

La realidad de lo que veo se esconde cuando miro. Cada segundo que vuela estoy más seguro de que la verdad, la absoluta, la única, la desconocida, no aparecerá ante los ojos de nadie por mucho que se la mire. No se entiende que el mundo quepa en una semilla de mostaza. Quien lo crea, se encontrará solo e ignorado, perdido del mundo pero, por un breve momento, en el centro de todo.  Seguirá ignorado y solo, aunque esto ya le sea indiferente. Aún así, la sabiduría de siglos le acompañará cuando quede ciego y sordo, cuando su piel no sienta caricia alguna y los olores hayan perdido su personalidad.


Y así quisiera verme en el mundo: indiferente por conocer una verdad superior que no comprendo, orgulloso de todo y feliz por el intento. Pero mi vista y me pasado me obligan y no consigo evitar la influencia de lo aprendido. Que quiero ser... me encierro. Que quiero hablar... me ignoro. Que quiero... Nada. Y el mundo se me abalanza por no saber olvidar un pasado cautivador y siniestro. Todos los recuerdos oscuros, los sentimientos inciertos, atrapados, enrarecidos... ¡todo el aire! 

Al viento. 
Si pudiera, pero no puedo (de momento)."

jueves, 27 de mayo de 2010

PERDIENDO EL TIEMPO

Donde pasan los días,
donde esperan las mañanas...
allí espero tan quieto como el aire,
tan pegado al suelo
que
bebe la hierba de mi sangre.
Tan quieto, tan ausente... que no soy nadie.

domingo, 16 de mayo de 2010

ES POSIBLE

Es posible que tú y yo no nos encontremos nunca, que nunca compartamos el mismo destino, pero sí siempre la misma dirección. Es posible que no haya dos iguales, que uno y otro seamos distintos, pero uno sólo en sentimiento y razón. Es posible que le cuente a nadie lo que nunca sucedió, imagen del pasado perdido que, extrañado, envidiado y asumido, vuelve esta noche a la realidad y después a la imaginación. Es posible que duermas conmigo aunque en la cama sólo esté yo.

Es posible, sin embargo, que la imaginación vuele, y que el tiempo se detenga entre los dos en un segundo, en un suspiro exhalado ante el recuerdo inacabado y nunca perdido de tu olor; que el mundo sea perfecto y que no haya ni nadie, ni nada ni nunca alrededor; que sólo el viento te mezca entre caricias y no importe ni el lugar, ni el momento, alejado el sentir del tiempo en el rincón más profundo de tu corazón.

Es posible que seas feliz y solamente quiero verlo.

martes, 27 de abril de 2010

NI SE ESCUCHAN


Por no entender,
muere el mundo. Yo reviento
y me sumo al aire, me convierto;
me alzo entre los montes de este invierno
y fundo en sus cimas la nieve: ¡Al desierto!

Porque no se escucha, la rabia se me abalanza.
Ciego la emprendo a golpes y dentelladas
porque nadie entiende una palabra
de los miles de corazones que se abren el alma
al gritar la tierra. Se dibuja el miedo
en los rostros que miran al cielo al contemplar
que las horas se arrastran hacia este infierno
de máquinas, de fuego, de hambre, guerra y soledad.

Aunque me canso: nada basta;
acabo por no respirar
para no dejar entrar el humo muerto
que contamina el aire de la ciudad.

Palabras que se confunden con locuras...
Palabras que nadie entiende,
palabras que ni se escuchan.

lunes, 19 de abril de 2010

LA NOCHE SE HIZO CORTA

Anoche soñé contigo por primera vez. Sin tener la mínima intención, sin siquiera haberlo pensado, tus ojos aparecieron a mi lado brillantes, llenos, mirando desde el otro lado de la almohada a centímetros de mí. En la habitación a oscuras, sólo tu luz.

En la noche, que se hizo infinita, encontré remedio al vacío y a la bruma de mis pensamientos, al correr invariable del tiempo que se me escapa. Los relojes, detenidos, nos observaban desde cualquier rincón murmurando si detenerse, esperando a ver qué hacía yo. Mi respuesta: sólo mirarte.

Me miras y hasta las palabras se me olvidan y, en este sueño, ni falta hacen: soy yo el que te pienso. Sin un sonido te digo todo lo que llevo dentro; todo lo que la luz del día ahuyenta acobardado y me hace olvidar por despropósito. No me oyes ni un "contigo", ni un "te quiero"... pero esta noche lo sabes todo, aquí metida en mi sueño. Qué importa que la noche se nos haga corta y que tan pronto se haga el día... Estabas conmigo en un sueño y no olvidaré aunque la mañana encuentre en mi almohada, como siempre, una mitad vacía.

viernes, 16 de abril de 2010

AMOR CALLEJERO

Caminábamos los dos,
cada uno a un lado de la Rambla;
entre tánto asfalto, tánta gente,
se dieron por cruzar nuestras miradas.
Se dijeron: "tú y yo, juntos para siempre"
y no hubo Rambla, no hubo gente y no hubo nada.

El amor crece en la calle
acurrucado en las aceras.

Florecimos entre cubos de basura,
escondidos de la lluvia en un portal
entre besos y promesas infinitas;
escapamos juntos de esta vida
(condena de asfalto, frío, hambre y soledad)
por dejarnos un segundo a la locura.
La noche entre cartones no es tan fría... si tu estás.

El amor crece en la calle
y en la calle morirá.

martes, 13 de abril de 2010

CAMPO DE GOLF

Llevo unos días experimentando un poco con el blanco y negro en unas fotografías que saqué en el Sabinar. Esta, concretamente, es del futuro campo de golf que van a "perpetrar" allí, enmedio del campo y la nada, cargándose una buena extensión de tierra. Cada vez me siento más lejano de la civilización, pero viendo cómo se comporta, casi me parece normal.

No suelo hacer fotos de naturaleza en blanco y negro porque me trasmite sensaciones mucho más tristes u oscuras de lo que me inspira la naturaleza, pero esto de aquí arriba es producto del hombre y, además, uno que no me gusta nada. No hay derecho a destrozar una zona en la que viven tantas especies animales y vegetales (me paso el tiempo muerto allí haciendo fotos). Este tipo de cosas me recuerdan al tópico (o no) sobre la prepotencia de la personalidad estadounidense, que no es sino una extensión de la propia del ser humano. Que hay un ecosistema muy vivo... pues hacemos el campo de golf, que atrae más dinero. No entiendo de dónde nos sale el derecho a hacerlo.

Nos lo cargamos todo.

Qué cabreos me entran con estas cosas... Me voy al Sabinar a ver si puedo fotografiar un abejaruco, que es precioso y de momento sólo los he visto por allí. ¡Qué suerte tendrán en el campo de golf, con tánto animal bonito! Ufff...

sábado, 10 de abril de 2010

ECOS DE CIUDAD

Las calles se extienden
inmensas en la noche de alquitrán,
entre silencios y rincones muertos
en el eco ausente de este mar
de cemento cálido y distante,
de luces, de bancos, de aceras y parques
en los que hay silencio y nada más.

Silencio de ciudad.

Las miradas de todos:
infectas del color de la ignorancia,
enferman del vacío eterno
en que se incuba el germen de la mala
virtud de no escuchar. Nadie habla.
Se propaga a rastras el silencio
de la ciudad artificial y oscura
que todo lo traga con su locura
de cemento y trozos de metal.

Silencio y ecos de ciduad.

martes, 6 de abril de 2010

MICROPOEMA

Hoy, durante una partida de Party a la que me he unido a mitad, he visto una hojita de papel en que sólo había tres palabras: "Isla", "Fiesta" y "España", una debajo de la otra. Será por estar leyendo últimamente a Miguel Hernández, pero se me ha ocurrido esto, así que he completado las "oraciones empezadas":

Isla de cabellos recogidos y apresada;

Fiesta antigua de entrañas y de sangre,
España: tan llena de todos, tan llena de hambre.


Y ya está. Larguísimo, ¿eh?

domingo, 4 de abril de 2010

EL VERGEL

¿Era un desierto?
Era un vergel
lleno de flores de papel (*)
y en cada pétalo, tu nombre escrito.

Se agitó el viento
y cada flor
al resoplar el corazón.
Nos juntó a los dos en un sólo destino.

Hoy vuelve el sol
y vuelvo a ver:
el oasis ha empezado a arder
y, con él, mis sueños... y yo mismo.


(*) Si recuerda a Extremoduro, será porque el verso es casi igual... ;)

lunes, 15 de marzo de 2010

NUEVO PAISAJE

"He conocido la ilusión de cerca, sentado en una roca junto al mar. Ante mi vista, la inmensidad del agua y su reflejo, el cielo. En el frío más profundo nace el movimiento y así el cambio rompe bajo mis pues, reventando en mil destellos luminosos. La vida pasa despacio o deprisa, cosa que no importa ahora que encuentro la intimidad.

En un intento de poner nombre al momento, de encarnar todas las sensaciones en una sola frase, mi mente se congela y se detienen los pensamientos, ahogados en el sonido hipnótico del rugir del viento. Crecen las olas del mar que llevo dentro. Estalla un trueno; se avecina la tormenta. Y, ahora, al girarme veo una luz que ha venido de fuera. Su brillo, tan azul como el cielo y tan pardo como la tierra, invade mis pupilas y la vida se me queda a oscuras. Todo es ella y nada más. No hay parpadeo que pueda evitarla. Mi cabeza ya ni gira porque, aunque quisiera —que no quiero—, en ella encuentro más respuestas: que si me quiere, que yo quién soy, que qué importa... Sólo esa luz. Consigo cerrar los ojos y veo el mundo por dentro. Todo queda a oscuras.

Ahora no hay luces, ni viento, ni mar, ni nadie. Sentado en una nube de polvo, me doy cuenta de que me costumbré a escapar de la realidad y, a veces, cuesta trabajo encontrar el camino de vuelta; aunque no he dejado de andar.

Aparece entonces surcando mi cielo una sensación que deja tras de sí una estela dorada de millones de reflejos que se evaporan. Amanece y la oscuridad se rinde al resplandor de dos soles gemelos: uno brilla ardiente y dorado; el otro duerme, hecho de hielo, reflejando la luz de su gemelo. Ante mí, bajo tanta luz inesperada, se ven ahora los bosques de mi interior. Hiere mi vista el paisaje desolado y devuelto al polvo, confundido con la tierra. Tanta guerra... tanta nada... Por respuesta, hasta el momento, las lágrimas hubiesen intentado devolver la vida al mundo en un inevitable fracaso. Los ríos barrerían los restos y dejarían crecer algo nuevo.

Hoy, sin embargo, dejando romper las olas a dos metros de mí, he conocido la intimidad, lo tranquilo y otra forma dulce de locura.

Cierro los ojos del pensamiento y dejo que los recuerdos esenciales, ésos que no son simples imágenes, sonidos o aromas, me llenen. Busco la luz de tierra y cielo; al encontrarla, sé que estoy donde debo. Abro los ojos por fuera y, al girar la cabeza, los de dentro se iluminan de golpe con la luz que me llega tan directa: tranquilidad, intimidad e ilusión recorren los caminos interiores que marca la luz. A su paso, los bosques reviven, aumentan y llenan los valles; se mueven las montañas y se abren mares y ríos y... luz.

Sigo por dentro el recorrido y, al llegar al que parece su destino, me sorprendo de lo que ocurre. Entre dos de las montañas más altas, las que más sombras arrojan a su alrededor y duermen el mundo, se han parado los tres destellos en lo alto, girando cada una alrededor de las otras en una especie de cortejo. Aumentan el brillo, la velocidad a la que se mueven y el nerviosismo. En una fracción de segundo, las tres se juntan en un solo punto y estallan. Una nube de fuego incendia el aire y asola las laderas de las montañas. Todo ha muerto ahí.

Al alejarse el humo y enfriarse el lugar, sin embargo, puedo ver el resultado de tanta violencia. Las gigantes de piedra han quedado arrasadas, limpias de los restos de los que no se podían deshacer, y el fuego ha hecho brotar nueva vida que lo cubre todo. Entre las dos, se extiende ahora un claro inmenso en el que se ven miles de puntos titilantes. Al acercarme, veo que lo que antes era desolación ha quedado convertido en un campo de color dorado, formado por todos esos puntos de luz que no son otra cosa que velas encendidas. No corre el viento, ni hay más luz que la que emiten las pequeñas llamas. Se respira un profundo silencio.

Sin poder apartar la vista de esta imagen, mi cabeza sólo se ocupa en comprender, en averiguar el porqué de este nuevo y precioso paisaje. Me fijo, sin querer, en una vela que hay junto a mis pies. Me pierdo en la llama que, desesperada, intenta llegar a la cera; ésta, por el mismo deseo de encontrarse con la llama, se deshace en deseos y nunca se tocan. Todo, en el silencio más íntimo. Una nueva vela nace, otra la seguirá.

Atrapado por este lugar de intimidad, tan lleno de paz e ilusiones, mi mente se relaja y vuelvo a la realidad hoy que, con las olas rompiendo a dos metros de mí, he conocido la intimidad y otra forma dulce de locura."

lunes, 8 de marzo de 2010

ILUSIONES

"Desde el pasillo, la estrecha franja de luz que asomaba por la rendija de la puerta abierta indicaba la única dirección que él quería seguir. Abrió lo justo para poder entrar y, con pasos muy medidos y cautelosos, cerró la puerta tras de sí. El frío se había quedado en el pasillo, deseando entrar sin poder, y el aire cálido y algo viciado le confirmó dónde se encontraba: su habitación de siempre.

Movimientos silenciosos. Casi deslizándose sobre la moqueta, su cuerpo le obligó a avanzar. No había terminado aún de mover la pierna cuando sus ojos se hicieron a la penumbra; le asaltó la imagen de un sujetador en el suelo. Caído, tirado con despreocupación, iluminaba en su mente nubes de pensamientos, de imágenes y de recuerdos. Como un resumen del sentido de su vida, como si todo lo importante del mundo hubiese quedado concentrado en un sólo punto, esa prenda albergaba todas sus sonrisas.

El corazón, como siempre le ocurría, se desesperaba en un latir impaciente al verse —con el cuerpo— inmóvil, quieto, sin avanzar hacia su destino. Poco a poco, las imágenes de sus ilusiones se fueron disipando para permitirle recuperar el movimiento. Con ritmo pausado, siguió acortando la distancia hasta la cama, inhalando cada segundo, cada brillo de la luz.

A su derecha, cerca de los pies de la cama colgaba en parte un vestido blanco dejado sobre el colchón. Sin acercarse un milímetro a él, pudo aún así notar la fragancia del perfume que llevaba ella esa noche: tan dulce que invitaba al contacto de la piel. Siempre era el mismo olor, que lo transportaba a una realidad propia, que lo colocaba en su lugar, el del destino. Puso la mano sobre el vestido y su piel respondió al instante.

Cargado de la euforia que nunca dejaba de sentir en momentos como ése, se deshizo en ilusiones y deseos y dirigió entonces la vista hacia el lado opuesto de la cama, ansioso por ver allí la figura de mujer que quería recorrer y aprender de memoria, tumbada, dormida, esperándole. El movimiento, que debía durar una fracción de segundo se alargó y se convirtió en eternidad desquiciante. Un par de lágrimas brillantes asomaron; el ansia por lo deseado se desataba.

Al llegar la mirada a su destino, las lágrimas perdieron todo su brillo, se apagaron y secaron casi antes de nacer. De cualquier manera, el mar se estaba agitando; va a llegar la marea... No había nadie. En su cama no quedaba nada de aquellas arrugas con forma de mujer ni de perfume en la almohada. Si alguien hubo, allí no estaba.

Arrollado por la realidad, se giró en busca del vestido blanco, queriendo aferrarse a él como prueba de su propio ser pero, al mirarlo, desapareció lentamente. Cuando se dirigió hacia el sujetador, también éste se desvaneció. Todas las ilusiones desaparecían y él se preguntó entonces el origen de todos sus sentimientos. Fuesen o no reales sus ilusiones, él conservaba siempre los mismo sentimientos.

Algún día la conocería..."

jueves, 25 de febrero de 2010

PARA POCA LUZ, NINGUNA

"Las lágrimas tienen el peso de las decisiones y, ahora que se deslizan por la piel de tu cara, brillan con la tristeza de los errores. El tiempo se acelera, hierve el interior y revientan todas las presas; la vida se consume, no se oye ninguna voz y lo demás no cuenta, ni para tí ni para nadie. Sopla el viento y se congela todo lo pensado; muere lo que no ha existido aún a dentelladas, devorado en lo más hondo de la oscuridad que te arroja desde dentro ese agujero. Que tú sabes que para siempre, que te dices que mañana...; pero su presencia, día a día, de una a otra hora, te consume y te violenta y te maldice, sonriendo desde la locura.

Penumbra.

La calma toma el mando tímida pero impaciente. El viento ya no corta, acaricia los restos de tu mirada y seca la lluvia acumulada en tu interior. La luz, aunque ya casi desaparecida, somete la voluntad de todo lo que toca y lo impregna de melancolía, de tristeza dulce y de recuerdos. Imagen tras imagen, cada una con sus propios sentimientos, tiñen todas las ideas de un tono más y más oscuro hasta que el brillo se bate en retirada. Llega la noche y los fantasmas van apareciendo a la llamada de tu olor. Esperaban prudentes el momento de atacar, de sorber de nuevo de tu mirada y emborracharte de malos pensamientos, de amargar el aire, de pudrir el viento, envenenar todo lo que llevas dentro y aún más.

El oído interrumpe y se descifran palabras que destrozan. La primera abre la herida y la segunda entra directa a ver qué esconde el corazón. Y tú sólo te defiendes con palos y piedras... tampoco quieres hacer más, pero en tí hay heirdas que no cierran fácilmente y sobre ellas sólo está dispuesto a escuchar el silencio, que te susurra, mientras tanto, que estarás solo hasta que mueras.

Para poca luz: ninguna; voy a olvidarme de ti."

martes, 16 de febrero de 2010

UNA NOCHE...

“No dejes de acariciarme”. Al oír esas palabras la Luna, que no dejaba de curiosear la escena de los dos, se escondió tras un mar de nubes que pasaban y dejó que el tiempo se detuviese en los ojos de él. Durante un momento eterno, su mano no dejó de subir y bajar por la espalda de ella y los nervios se dispararon.

Todo el caos que sentía se ordenó sin objeción y se concentró expectante en la luz que nacía en su interior. Los objetivos de su existencia se acurrucaban en la espalda de la chica. Alerta por ella, fija la atención en cada aliento que se escapaba de sus labios, la perfección se hizo momento. Si la plena consciencia acompañara a esas palabras, nada más importaría.

“Sigue hablándome, por favor; me gusta tu voz”. Si la otra hizo que el mundo dejase de tener importancia, ésta desató la luz de lo más profundo. La energía y el calor de esa inesperada alegría se reunieron en los ojos de él, mientras ella mantenía cerrados los suyos, intentando conservar sus pensamientos. Una lágrima imaginada.

Sin palabras que sobrase, sin que una sóla fuese necesaria, le dijo en mil caricias que no la abandonaría. Aunque no se lo pedía, él permanecería a su lado; si le necesitaba, estaría así toda la vida.

Mientras su deseo lloraba angustiada, las ganas mismas de él se transmitieron a sus manos e intentó que emitieran todo el calor del mundo y la brisa de mil playas de arena; el impulso del contacto más sincero se abrió y deseó cobijarla eternamente. Nada más tenía ya sentido y nadie, aparte de ella, podría existir: el mundo en sus gestos. Cerró los ojos de nuevo y empezó a vivir sólo para ella.

Una vez hubieron pasado los nervios y la preocupación, apareció claro el camino a casa. Lentamente, él saboreó cada paso que ella daba, grabando con hitos luminosos en la memoria el recorrido que empezaba a descubrir. Sin darse cuenta, su mano seguía hipnotizada en las curvas de la espalda de la chica, ya no por preocupación, sino por dejar de sentir esa necesidad. Ahora que le hablaba consciente, que toda su confusión se desvanecía en la noche, quizá no fuese necesario; lo deseaba.

La Luna volvió de su escondite y se los encontró paseando por la calle, ajenos a su presencia. Pensó en fisgar en la conversación, pero cuando se acercó, la perplejidad asomó a su cara ante la luz que emitía la pareja. Más de cerca, ya con recelo, vio que toda esa luz brotaba de los ojos del hombre.

Temiendo un eclipse injustificado, la Luna dejó que el resplandor los acompañara a su destino. No sabía si los volvería a encontrar juntos, pero decidió esperar para poder aprender a brillar con la intensidad de aquellos ojos.

Y no hubo más palabras.

miércoles, 10 de febrero de 2010

ANHELOS

Añoro las palabras que todavía no has escrito; añoro todos los momentos que no he pasado en viloesperando a ver quién de los dos caza el primer suspiro. Añoro la cerveza en tusmanos y el sabor de tu mirada; añoro no ser quien nunca he sido y quien nunca dirá nada, que primero es lo importante. Este es, entonces, mi sitio.

Añoro tantas cosas que nunca me han sucedido que el tiempo pierde la noción de sí mismo y yo, con él, me pierdo en el rincón más escondido de mi propio corazón. Ya puede amanecer, que he bajado las persianas, no sea queme despierten quienes pueblan mis migrañas. Mañana será otro día; pero, si no lo es, si aparece nublado, gritaré con todo mi cuerpo hacia mis adentros; desgajaré las nubes y pintaré el sol de nuevo. Hasta que vengas...

Tánto añoro, que el presente deja de tener sentido y se desliza rápidamente hacia un pasado devorador e hiriente. O me mata, o lo exploto; recojo el poco aire que me rodea y todo aquello que añoro y lo abrazo hasta que se hunde en mí. Lo sufro, lo disfruto, lo hago indispensable para mí y, de ahí, absorbo la energía del momento. Dejo los ojos en blanco, la mente abierta y la añoranza se convierte en deseo: de tenerte, de mirarte, de saberte sin decirme nada y de escuchar el latido de tu corazón.

Anhelo tu parte en mi mundo y nuestro propio mundo aparte. Me engañen o no las ilusiones, me queda solamente esperar verte aparecer.

EL EXPLORADOR

Cuando todo lo que alcanzaba mi vista era oscuro, lacerante y me transportaba directo a la desesperanza, cualquier palabra que oía se convertía en un ataque a mis sentimientos. Por el ánimo del mundo, nada podia ser como yo lo veía, pues de otra forma moriríamos todos fundidos en negro metal.

Removí tierra y cielos para encontrar la luz que derrumbara la sombra de todos los castillos de mi interior. No encontré nada; empecé a torturarme. Cambio tras cambio, todo mi ser desaparecería por mi voluntad. Me comencé a desgarrar. Cuando por fin encuentro el brillo, la luz que lo difumina todo y que escampa millones de colores, las tornas nocambian. Si antes el mundo se consumía en la negrura, ahora se baña en deseos luminosos; si antes fui un suicida sentimental, ahora solamente soy un loco ansioso.

Removi tierra e infiernos para encontrar lo quemás me llegaría a degradar. No tardé en encontrarlo ardiendo, 4echando humo sin parar. Me arrojé entonces al fuego para que me consumiera y mezclara con el viento, pero se movió el aire y me enfrió la piel.

He aprovechado el apagón para remover, por fin, mis cimientos y averiguar por qué me he dado siempre miedo, por qué siempre me he odiado tanto en secreto. De momento, no saco nada en claro; sin embargo, durante la búsqueda encontré una prisión en la que yo mismo estaba encerrado. Abrí las puertas y, al salir, me acaricié y entré en mi propio cuerpo. Las miradas de los dos se unieron en la razón de uno sólo, que no se dirige hacia nadie porque nadie la busca.

Si esto es así realmente, que lo es, que no me busquen si no quieren compartir el aire.
Desde ahora, seremos nosotros; seré únicamente yo.

miércoles, 3 de febrero de 2010

EL ALMA SINCERA

El alma impaciente no comprende el ritmo de la vida; pierde el compás de las notas, el no sentir de los demás y escucha atenta palabras no pronunciadas todavía. Triste y apagada, la incomprensión se le acerca y le susurra al oído: "¡Estás sola!". Loca y desbocada, comienza a emerger de lo oscuro su deseo. Lágrimas vibrantes. Ideas enterradas se le vuelven a los ojos y desquician sus entrañas. El alma, perdida, cae de rodillas al suelo y hunde en su soledad la cara. Nadie entiende...

Rechazada por desvelar su misterio, por desgranar los pedazos de interior que con tanto celo otros guardan, se arroja al vacío propio y busca entre todas las miradas. Solamente, incomprensión. Se rebela la garganta y la mente la sigue en su alzada; las dos juntas, de la mano, se consuelan en un millón de sentimientos que sólo el viento escucha. Sólo noche y viento.

De sus lágrimas: ira y rabia. De sus palabras, la rotura de la magia de lo oculto y precioso, de lo que más anhela. Habla claro y rompe el aire, se congelan las palabras. Pero ella no cree romper nada, que no cree en artificios, pues el corazón demanda y no puede hacer caso omiso. Necesidades, penas, amor y alma se funden en un grito eterno que revela, más que brama. No llega la voz a su destino y vuelve a guardar silencio en las llamas de su falta de dirección.

Estalla y remueve el miedo, sorteado sin problemas, hasta dar contra un muro de hormigón. Otra vez pierde las palabras y, sin ellas, ya no brilla el Sol. "¿Dónde están su calor, sus miradas y su pasión?" Recuerda que ya no brilla el Sol.

Pero si nadie quiere tener el valor, si nadie escucha o no comprende: ella ya no quiere Sol. Lo guarda, como tesoro, en la punta de su lengua a la espera interminable de alguien a quien repetirle: "No estás sola, no estás sola... yo soy tu Sol".