domingo, 29 de abril de 2012
martes, 17 de abril de 2012
FOTOS: PLAYA DE CAMPELLO
Una de las cosas buenas que tiene trabajar cerca de la playa es que, con llegar un rato antes, me da tiempo a hacer unas fotos interesantes. Y más cuando nada más llegar me encuentro un cormorán parado en una roca; no lo tenía, así que para la colección de fotos.
martes, 13 de marzo de 2012
A TRAVÉS DEL CRISTAL
"Lentamente, el silencio va emergiendo del suelo como un gas incandescente y asfixiante; me rodea y yo solamente puedo contemplar la escena contagiado de una mezcla de miedo, de tristeza y de ansiedad. Flota el vapor en el aire con una desidia agresiva que me mira de reojo, con recelo, como esperando que me mueva para morder. Me roza alguna partícula de este silencio acostumbrado —si bien hacía tiempo que vivía olvidado— y mi piel se derrite al contacto. Como un suspiro, se escurre bajo mi carne dejando atrás un surco ardiente que sólo yo veo.
Poco a poco, como arremeten las enfermedades más crueles para que no se note cambio alguno, aprovechando así la sorpresa, el gas que rodea mi cuerpo al completo se solidifica. Se une en bloques muy densos que hierven y se espesan más y más. Antes de poder darme cuenta, me vuelvo a encontrar en mi pequeña cárcel de cristal; de un cristal hecho de silencio, de palabras no escuchadas y de soledad. Ahora, como ya ocurriera otras veces, nadie será nadie ni habrá nada más que el sonido rebotando en esta jaula invisible, menos para mí, para todos los demás.
Por el momento, esperaré a que todos me olviden, o a olvidarme yo del mundo, no lo sé. Quizá lo recuerde todo en esta cárcel de cristal"
domingo, 29 de enero de 2012
lunes, 23 de enero de 2012
NO OLVIDAR
"No olvidar por evitar que el mundo vuelva a caer perdido. No olvidar por no saber, por no atinar a enterrar tantos roces ni dejarlos siquiera apartados para que no duelan más. No olvidar por no perderte, por tener algún recuerdo de frases inolvidables que fueron, durante un instante, parte de mi vida. No olvidar por no dejarte, por sentir algo tan vivo en esta oscuridad de corazones muertos, solitarios, que, aunque sea por un sólo momento, encienda esa luz cálida llorada por todos los rincones. No olvidar por no saber ya ni si siento, si padezco o es ya la costumbre de mi letargo.
No olvidarte, en cualquier caso, aunque queme la distancia y duela tanto la ausencia de tu cuerpo en el vacío de mis brazos."
sábado, 21 de enero de 2012
LA LUZ DE LA ESTUPIDEZ
Ahora que las máquinas ya son prácticamente inteligentes, a un pequeño grupo de personas les da por no pensar. De un plumazo, borran de su vista el color de la sangre derramada, los miles de destellos de las lágrimas de todos aquellos que, con la garganta seca, la piel mojada por la lluvia y el estómago vacío, sucumben a los caprichos de esta piara de dementes que infligen con odio un dolor que no reconocen.
Con desmesurada desidia, con la luz de la estupidez asomando a sus pupilas —pozos hondos, vacíos, repletos de la mentira más profunda, del ignorarlo todo— extienden la mano y recogen los frutos podridos de sus actos. La mano se esconde y se culpa al de al lado, se le hunde y se le humilla y se le llena la boca de barro; que muera, que muera, que el mismo color no importa cuando se habla de locura.
Intentos prehistóricos teñidos de una maldad soez, del color de la estrategia más burda, fracasan cuando salen a la luz, al mundo de la realidad compartida por toda esta mayoría de la que no pueden formar nunca parte. Como una enfermedad que pudre y descompone el organismo, extienden sus negros tentáculos y abarcan hasta lo más privado, desgarrando la felicidad que no les corresponde, que ni les alcanza porque no la pueden comprender. Miradas que no ven un más allá que les demuestre su incapacidad para ser humanos. Intentos, por otra parte, que quedan destruidos bajo el sol de la verdad, de la única y auténtica, no de la surgida de esa fábrica de mentiras y engaños.
Aquí hay cada vez más gente que despierta del sueño de burdeles televisados, de entretenimiento para inconscientes y faltos de crítica, esa extraña capacidad de plantearse que no todo es lo que parece, que puede que detrás de cada mano tendida haya un puñal escondido. Ahora que somos desconfiados, intentad lo que os apetezca, que lo veré desde mi sillón; miles de voces anónimas, millones quizá en algún tiempo, desagarrarán vuestros oídos y os harán sangrar todo lo que habéis provocado. Hoy, a oscuras, empezáis a ver que no sois tanto, que en realidad sois muy, muy pocos.
domingo, 8 de enero de 2012
EL LAGO DESQUICIADO
"Una infinidad de lágrimas llovieron sobre el lago y dejaron sus aguas heladas en un cristal deslumbrante. Perdiendo el rojo en su caída, impregnó esta miríada de recuerdos el aire de una ligereza extraña, triste y cálida; triste por un dolor que no desaparece, por decepción, pero cálida por la felicidad de no olvidar que, al fin y al cabo, es tan sólo lluvia ya.
La superficie del agua, como un espejo, reflejaba una y otra vez la imagen que cada gota le imprimía. El hielo, al instante, llenó de una escarcha cortante cada cara, cada gesto, cada palabra recordada. Se escampó e invadió la orilla, pintando de blanco y de muerte todo lo que alcanzó hasta enterrar el último resquicio de cualquier recuerdo.
Se hizo un silencio congelado, latente.
Salió el sol y rompió el mundo. Las aguas y el cristal reventaron e hirvieron, fundiendo así dolor y recuerdos, quemando la salud de su entierro. Volaron las gotas convertidas en rojas llamas, no de sangre como cayeran antes de la helada, sino de fuego hiriente que se metió hasta el alma. El mundo se sumió en nervios y el lago, llorando de impotencia ante el dolor, abrasó la vida alrededor hasta el último recoveco. Lágrimas de ausencia, encendidas de rabia por la locura y la desazón de no entender nada.
Y de vuelta en un segundo de ese mundo tan acostumbrado, de creer en el olvido hasta ver despuntar el sol y darme cuenta de que yo no lo he olvidado."
CLOT DE GALVANY (II)
Hace ya mucho tiempo que no publico ninguna fotografía; y en realidad es porque hace ya bastante que no voy a hacer fotos en serio, pero aquí tengo algunas del viernes en el "Clot de Galvany". Cuando se va la luz, aún pueden salir unas fotos interesantes... A mí me gustan especialmente las de las palmeras, aunque tomar fotos del cielo siempre es muy, muy interesante.
jueves, 29 de diciembre de 2011
AHORA
"Más tarde o más temprano, todo acaba. Los momentos inesperados y eternos se reducen ante la mirada del adiós, como cantaba la canción, y descienden lentamente del vuelo de imaginación que los mantenía vivos. Poco a poco llegan al suelo y allí arraigan en deseos fervientes que crecen sin razón, con ojos ciegos y el corazón lleno, esperando solamente acariciar el recuerdo de una felicidad efímera, pero tan satisfactoria... Poco a poco se convierten en las imágenes más preciadas de la memoria, tan cálidas, tan amargas, tan dulces, tan lejanas, tan de todo que no sé vivir sin ellas, vivir sin más.
Y, ahora que el sueño se llena de la luz del día siguiente, que se diluye y se desliza piel abajo hasta huir por completo de mí, ahora que no hablo con nadie por las noches, que nadie me despierta al alba, ahora que el aire ya no es aire, que el sol no me ilumina y que el agua no me calma la sed, ahora que busco tantas miradas... Ahora resulta que el ahora, por el momento, no significa nada."
sábado, 12 de noviembre de 2011
POR DECIR
"Las palabras encerradas vuelan perdidas por un mundo interior caótico y desordenado. Ciegas, tropiezan con sangre y con músculo y anidan entre piel y carne, arraigando en lo más hondo. Desesperadas, se encienden en llamas y enloquecen de rabia por no poder salir; lloran, gritan, se revuelen y hieren y destrozan la cordura, el equilibrio, e inundan el paisaje en un mar de llanto y de silencio, de ausencia y soledad.
Las palabras que se encierran, si nacen sinceras, se marchitan en el vientre y no llegan a ver la luz, dejando de ser en la más absoluta tristeza; tristeza por no existir realmente, tristeza por su importancia. Pero, en su muerte, no se van solas, que dejan plagado el recuerdo de negras manchas de heridas fatales. Inertes pero en el recuerdo, sus cuerpos despiden el calor de mil sentimientos.
Las palabras, aunque no las diga, se quedan grabadas en la piel, en la voz, en la mirada y verás, en su momento, que todo, absolutamente todo lo que necesitas está tan lejos, pero siempre tan cerca, tan en silencio aunque no quiera, esperando solamente una palabra."
martes, 8 de noviembre de 2011
CAMBIÓ EL VIENTO
Ha cambiado el viento y llega a mí
cargado de fuego, hambre y sequedad
que cuartea lentamente mis palabras,
que me impide ver dos palmos más allá de
la piel, incinerada, que se pierde ennegrecida
en el vacío que acaba de quedar.
Desprovistos de cubierta o de alguna protección,
mi interior se desparrama en sentimientos
que se pierden con el viento incesante
y me dejan vacío por dentro... tan vacío
que se me olvidan por completo los instantes
en que no he sido nadie más que yo.
Pero, aunque todo sean ahora ruinas abrasadas y
tan ausentes y en el más absoluto silencio,
yo renaceré de esas cenizas muertas
para volver a ser quien siempre he sido,
para convertirme en lo que debo ser,
para ser mejor que nadie más que yo mismo.
cargado de fuego, hambre y sequedad
que cuartea lentamente mis palabras,
que me impide ver dos palmos más allá de
la piel, incinerada, que se pierde ennegrecida
en el vacío que acaba de quedar.
Desprovistos de cubierta o de alguna protección,
mi interior se desparrama en sentimientos
que se pierden con el viento incesante
y me dejan vacío por dentro... tan vacío
que se me olvidan por completo los instantes
en que no he sido nadie más que yo.
Pero, aunque todo sean ahora ruinas abrasadas y
tan ausentes y en el más absoluto silencio,
yo renaceré de esas cenizas muertas
para volver a ser quien siempre he sido,
para convertirme en lo que debo ser,
para ser mejor que nadie más que yo mismo.
viernes, 28 de octubre de 2011
HOJAS
Pasa el verano con horas lentas,
cadenciosas, cálidas, alegres y relajadas;
pero pasa.
Dejamos en el tiempo lo vivido,
guardado en un lugar importante, sagrado,
pero escondido.
Llega el otoño con su luz huidiza
y con sus hojas que añoran el recuerdo
de la vida perdida.
Cerramos los ojos y nos concentramos
en dejar lo ocurrido en su propio lugar:
el pasado.
Pero en el fondo, en lo más profundo,
el verano sucederá de nuevo al otoño, inacabable,
y el momento olvidado, dado por perdido,
seguirá brillanzo con luz propia por ser ese momento, ese instante,
que fue solamente tuyo... y fue solamente mío.
cadenciosas, cálidas, alegres y relajadas;
pero pasa.
Dejamos en el tiempo lo vivido,
guardado en un lugar importante, sagrado,
pero escondido.
Llega el otoño con su luz huidiza
y con sus hojas que añoran el recuerdo
de la vida perdida.
Cerramos los ojos y nos concentramos
en dejar lo ocurrido en su propio lugar:
el pasado.
Pero en el fondo, en lo más profundo,
el verano sucederá de nuevo al otoño, inacabable,
y el momento olvidado, dado por perdido,
seguirá brillanzo con luz propia por ser ese momento, ese instante,
que fue solamente tuyo... y fue solamente mío.
jueves, 22 de septiembre de 2011
UN MAR EN CALMA
—¿Sabes quién soy?
Un muro de blancura densa, impenetrable y ruidosa se alzaba entre la pregunta —perdida en interferencias— y los ojos fijos en algún punto del aire, cuya mirada atravesaba todo aquello con que se encontraba. En el silencio de un mar de ideas y pensamientos tan movido en otros tiempos, el aire cesó en su empuje y ya sólo quedaba como resultado un mar casi helado, un mar en completa calma. Una ola de las pocas que aún vivían arrastró una breve afirmación como respuesta: un "sí" tan por decirlo, que escondía no entender nada.
Sí.
Y los ojos, distraídos, parecieron buscar respuesta, arrastrando las ya diminutas pupilas de una mota de polvo a otra. Al no encontrar la relación, la memoria se colapsa y los ojos se detienen sumidos en otro tiempo. Navegar en un mar tan parado, tan de aceite correoso y de espesura infinita... Ni un soplo que se mueva. Y en esta mota, ¿qué dice?
Sí, claro, eres Clara.
—No, mamá, yo no soy Clara.
La negación, como un torrente agresivo y seco, agita hasta el último rincón de la memoria. Los ojos, despavoridos, afectados de una confusión repentina, huyen a lo loco a otro momento, a otra mota de polvo. Repasando toda la vida, la poca que no ha sido borrada por esa mancha implacable, no es posible encontrar nada. La oscuridad se escampa en el cielo que cubre ese mar tan en calma y, sin luces, sin el fuego que alumbraba lo que un día nos hizo felices, las lágrimas brotan despacio de unos ojos que no ven nada. Una tristeza tan espesa como el mar se pega a la piel y resbala sin saber siquiera quién es quién.
—No —repite la voz—... no soy Clara.
Y más lágrimas de la otra parte por echar tanto de menos a quién todavía no se ha ido. Tantas respuestas sin pregunta, tantas preguntas contra un muro... Justo enfrente, los ojos siguen perdidos sin reconocer a quien no es Clara.
De repente, tras un fugaz parpadeo, el añil oscurecido que hacía un tiempo teñía los ojos, marrones en otro momento, se diluye y desaparece. Las pupilas, como vueltas de un largo sueño, se dilatan a la luz de las ideas, de una chispa casual e inesperada. Sonríen como lo solían hacer antes, despiertas y centradas, alegres de seguir reconociendo.
La luz, por un instante, se hace dueña del mar inerte, desgarra la negrura y calienta cada pensamiento, que se elevan fugaces en el aire, mecidos por una agradable brisa; ¡Por fin, algo de viento! Poco a poco llegan las olas, cansadas de tanto olvido, y se posan en una orilla.
No, hija, no eres Clara.
Poco a poco, la blancura vuelve a empañar la mirada.
miércoles, 27 de julio de 2011
PARA NUNCA ACABAR
"Tumbado en la costumbre de la soledad, giro la cabeza y, a la izquierda: un deseo. Surgido del destello de una casualidad, el tiempo, tan largo, tan distante, se acorta y se acelera; consigue la brevedad de lo más intenso y en un fugaz segundo, recuerdos encerrados bajo las llaves más queridas afloran como nuevos, como auténticas fotografías con los colores más intensos. Y ese olor... ese breve incienso de la imaginación que se concreta en un suspiro, que alcanza el alma de lo tan querido tan en secreto. No hay miradas suficientes para tantas sonrisas.
Entre roces que no significan nada, pero que quieren decir lo que se piensa, lo que se dijo, lo que se esperaba, el aire empieza a desaparecer, que no hace falta. Separados por un siglo de esperanza y sueños, de olvidos que siempre vuelven cuando menos me lo espero, se acercan lentamente dos momentos de la misma vida extraña que se revela en caprichosos encuentros, en cruces de casualidad y deseo. La oscuridad nace en secreto y suavemente lo envuelve todo, sumido por un instante en un agradable silencio.
La imposibilidad que no moría se desvanece deslumbrada por la sorpresa de lo nuevo, aunque conocido. Lágrimas que no salen para no molestar a la vista, pero no lágrimas pesadas y tristes, sino lágrimas de alegría. El corazón, acompañando, acorta el tiempo entre sus latidos; los ojos, tan concentrados, sonríen para sus adentros y adiós a tanta noche oscura para ver llegar el día que acompaña estos tres momentos: el primero, el excitante y el auténtico. Como un suspiro que empezó la cosa; como un suspiro se esfuma, pero como un suspiro lento, como si no supiera del tiempo que se agota y siempre comenzara un minuto nuevo... para nunca acabar."
sábado, 2 de julio de 2011
RAICES NEGRAS
Las raíces negras de la sociedad podrida se extienden a sus anchas e inundan el terreno, ahogando sin remedio toda vida ajena. Infeliz, la semilla de la esencia se deshidrata ante un sol que no calienta, que abrasa la piel y enciende el interior en llamas de una rabia impotente difícil de esquivar. El aire, ahogado por estas raíces sin fruto, se seca y arde. Y el musgo, negruzco y retorcido, que no para de crecer... Edificios enterrados en olvido reciente luchan por no desaparecer del recuerdo de algunos, que añorando otros tiempos llenos de vida, llenos de gente, recelan de los nuevos cambios, del fuego del asfalto y del olor a soledad. Y éstos, pobres víctimas de una sociedad de raíces negras y podridas, sucumben al peso de la nada, de la ausencia, del no tener con quién hablar por el ritmo de una vida demasiado rápida, demasiado extraña, demasiado larga, si se ha de mirar.
—Hola, ¿te importa si fumo?
—No, no, para nada.
Con un gesto de indiferencia, un hombre canoso, con una barriga importante y un cansancio con el que no podía más, se sentó en el banco, junto a mi. Sacó el cigarrillo, el motivo de la pregunta, y lo encendió tan rápido que al guardar el mechero ya faltaban tres caladas. Fumar, por fumar, o por no saber qué hacer. Al fin y al cabo, la calle es la calle, y hay tanta gente como personas con las que no puedes hablar.
—Tengo un dolor de pies que no lo soporto ya... todo el día llevo dando vueltas por ahí —el cigarrillo volvió a menguar—. Tú no sabrás de una pensión por aquí, ¿verdad?
—Sí, aquí hay una a la vuelta de la esquina...
—No, pero ahí es donde vivo y me cobran casi mil euros al mes, y no puedo permitirme eso.
El hombre, que aparentaba tener no menos de setenta años, llevaba una pequeña carpeta transparente en la mano, del tipo de las utilizadas, en muchas ocasiones, para ir en busca de trabajo. Parecía de fuera, aunque por el acento era imposible de concretar; quizá de algún lugar cercano. Salía del bar que teníamos a nuestras espaldas y su forma de hablar daba ciertas pistas de qué podría haber bebido durante la cena. Palabras borrosas y dudas que, poco a poco, se fueron disipando, en contra de lo esperado.
—Las pensiones están ya prácticamente desaparecidas.
—Está difícil encontrar un sitio donde estar —contestó—. Yo he estado en muchos sitios, nunca me he parado en ninguno a estar mucho tiempo. Me he movido de aquí para allá... Aunque estudié en su momento; tengo dos carreras —el cigarro llegaba al límite con el filtro, pero seguía firme entre los dedos del hombre mientras hablaba con la mirada fija en los adoquines del pedazo de suelo que tenía delante—. Estuve en muchas residencias cuando era joven, y en colegios mayores. Viví una temporada en Galicia, que me encanta; concretamente, en Arousa, y aquello es increíble. Luego también estuve en Zaragoza y en Cádiz y en Madrid. Y tántos sitios...
Entre pausa y pausa, los gestos del hombre se hacían más patentes, más sentidos, más cargados de infelicidad. Y la mirada, cada vez, más abajo, salvo breves vistazos para explicarme algún detalle de una vida que bien podría considerarse un viaje por España.
—Y, ahora, con setenta y cinco años, me encuentro sólo y sin ningún sitio a dónde ir. Tenía un piso que malvendí. Me dijeron que no lo vendiera por menos de tres y lo vendí por dos —acompañó la frase levantando ligeramente los hombros y cambiando el gesto de la cara—. Y he estado con una rumana, con moros, con turcos, con gentes de todos lados. Pero yo soy mayor ya y no me fío, que me han robado y ha habido cosas y no me fío ya... Yo prefiero una pensión, donde haya gente viviendo y siempre esté uno u otro, que no me de miedo porque si me caigo en la ducha, grito, y luego le invito a unas cervezas o a cenar. A mi me da miedo ya, porque soy mayor y estoy solo. Y no sé a dónde ir.
El cigarrillo había terminado, pero el hombre seguía sentado, manteniendo una conversación que, con la confianza de tener simplemente alguien escuchando, parecía descargar días de cansancio, de malestar, de ausencia de algo importante y de alivio. Sentado al lado, la realidad pareció cambiar. Sumidos en un mundo en que se desprecia todo lo que de verdad es importante en pro de un invento nefasto que ha degradado el mundo, la ignorancia y la estupidez, el descaro y las malas intenciones reinaban en una sociedad que ahogaba hasta no poder respirar.
—Fui a una residencia que había monjas —siguió—, y un día me vino una monja así, de uno ochenta y cinco y me dice: "Las medicinas que has traído son una mierda", y yo es la primera vez que oía a una monja decir esa palabra. Yo le dije que eran las que me había dado el médico de cabecera, pero me dijo otra vez que eran una mierda y que mi ropa interior también era una mierda. Y eran calzoncillos nuevos, que había comprado en el mercadillo de mi pueblo y los había lavado, porque la gente los manosea, y los había tendido en una cuerda. Y decía que eran una mierda."Mira, te echo. Te doy un mes y no hace falta ni que me pagues." Y me tuve que ir de allí, aunque me habían desparecido tres maletas y les había dado cajas de libros para la biblioteca. Y de eso hace veinte días, que he estado viviendo ahí —y señaló en dirección al hostal de la esquina, en el que se quedaba.
—Mira —continuó tras pensar un momento—, yo hoy me he levantado y he salido y he desayunado solo. He comido solo y he cenado ahora solo. Y ahora me voy a un pasillo a dormir ahí al fondo... solo.
En ese momento, algo cambió en el aire que me rodeaba, que se hizo muchísimo más denso y asfixiante. Así, también cambió el tono de voz del hombre que, con una indiferencia total hacia lo que decía, impregnaba a sus palabras de un cariz tétrico, oscuro y desesperado. Aceptaba la solución porque no veía otra forma de salir. No podía hacer nada, nada en absoluto aparecía ante sus ojos.
—Yo creo que tendría que suicidarme...
—No hombre...
—...pero ahí me han dado un piso muy bajito y no puedo hacerlo.
Y este chiste macabro, de una realidad asombrosa, consumió lo que quedaba de conversación con la colilla del cigarro que aterrizo en los adoquines. Había acabado el tiempo de la charla, tan breve como intensa, y era hora de ir a dormir. Quizá dormir por no pensar, quizá dormir por hacer algo, como fumar. Con un breve "adiós", desapareció en dirección al hostal. Yo, mudo y perplejo, no supe si levantarme del banco o quedarme allí; tantas ideas me venían al mismo tiempo, todas gritando injusticias, valores perdidos, suciedad y deshumanización, acabaron silenciadas por el estupor.
Las raíces negras de la sociedad han estrangulado y estrangulan, y así continuarán destrozando todo intento de ser, de simple ser. La tierra, empobrecida por tanto aprovechar y tan poco devolver, enfermará y arrasará con todo lo que encuentre. A su paso, mucho me temo, solamente encontrará almas negras y podridas, restos de seres extraños, inhumanos, desprovistos de todo sentimiento salvo uno, aquel que le obligue a querer más y más. Tragará esta negrura tanta mierda que ya no es algo de temer, sino casi de anhelar, porque hay tanta gente que no puede llamarse de otra forma, tanto imbécil que no merece ni vivir por no dejar de matar, bien escondido de cualquier ojo, no le vayan a acusar. En una sociedad de raíces negras, algo diferente parece muchas veces demasiado soñar.
sábado, 4 de junio de 2011
EL MURO
La mirada se alza imponente y un muro detiene su camino
justo cuando el aire se enrarece.
Como soles danzando en la locura de una vida antigua,
los recuerdos abren los ojos y emergen
de una memoria sin rumbo, de un letargo estancado,
del fondo más oscuro de todo lo que ya fue olvidado.
Descontrol y sentidos ciegos derrumban la resistencia;
se suceden entonces los pasos que alejan la mirada del muro,
hacen que el tiempo corra más despacio y,
poco a poco, se aleja la imagen de lo que pudo ser, y sólo pudo.
justo cuando el aire se enrarece.
Como soles danzando en la locura de una vida antigua,
los recuerdos abren los ojos y emergen
de una memoria sin rumbo, de un letargo estancado,
del fondo más oscuro de todo lo que ya fue olvidado.
Descontrol y sentidos ciegos derrumban la resistencia;
se suceden entonces los pasos que alejan la mirada del muro,
hacen que el tiempo corra más despacio y,
poco a poco, se aleja la imagen de lo que pudo ser, y sólo pudo.
domingo, 22 de mayo de 2011
SÍMBOLOS
"La vida se rige por patrones curiosos. Los acontecimientos se suceden inexorablemente sometidos al capricho de un tiempo que, amnésico perdido, olvida los orígenes de un todo que ha quedado diulído en una espesura densa e inerte. Del origen, solamente quedan leves consecuencias. Las costumbres, el conocimiento, las esperanzas, los sentimientos, todo cambia en un suspiro y bajo aquellas arenas del tiempo queda lo ya aprendido, enterrado en el desprecio de lo atrasado.
Sin embargo, siempre queda la memoria colectiva que sí recuerda lo que ya sabía, que espera por descubrir lo que ya conoce, esa memoria que muestra la rectitud del camino, con todas sus curvas inevitables. Queda para quien busca un conocimiento escondido, de todo lo que fue y dejó de existir para casi todos, perdido en leyendas y conservado en cuentos.
Siempre quedan miradas de alto rango, que recuerdan que lo que se ve no es nada si no se sabe lo qué se mira. Siempre queda la costumbre bordada en el alma de quienes, por mucho cerebro, no abandonan la senda marcada en lo más profundo, en cada recodo, en cada mirada, regida por algo extraño que no se comprende y que apenas se trata.
sábado, 21 de mayo de 2011
MERIENDA DIMINUTA
No poca gente sabe que las hormigas, enter otras habilidades, suelen dedicarse a pastorear pulgones. Estos bichitos expulsan un líquido que les encanta a las hormigas y estas los cuidan y los mantienen a salvo en sus plantas. Hasta ahora pensaba simplemente que era un caso de cooperación, de dos que pueden favorecerse mutuamente.
Sin embargo, viendo comportarse al pulgón que sale en esta fotografía (el bichito amarillo que el otro tiene entre sus patas), me doy cuenta de que, además de lo de cooperar, es que el pulgón es tonto. Apareció lentamente por detrás de este otro bicho más grande —que ahora no recuerdo cómo me han dicho que se llama— y se dedicó a pasear por detrás de él, dándole tienpo de girar la cabeza, verlo y cogerlo para comérselo entero; no sobró nada absolutamente.Tengo una secuencia de fotos de eso, pero no todas se ven bien, así que pongo esta aquí.
domingo, 15 de mayo de 2011
domingo, 8 de mayo de 2011
(...)
"Me voy a callar todo lo que te quiero decir esta noche, tanto por seguir siendo yo como por negarte el placer de las palabras vacías acostumbradas. Aunque, si algo he podido rescatar y sentir como propio, es que de mi boca nunca sale algo carente de sentido y de, además, otro significado. Perdido, ausente o encerrado, acaba finalmente mezclado en el humo, volando inerte en el aire que no respiras y muriendo ignorado. Y para flores, ya existen aquellos que no sienten ni muestran, que callan o defraudan, aquellos que llegan alto en la vida hasta que todo queda derrumbado una buena mañana; flores yermas que despojan de virtud a las cosas más sagradas.
Y yo —que por no estar, ni te respiro— dejo pasar el incienso del deseo que, con mis intentos, se deshace en el aire, inundándome por completo el pecho."
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